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  • Núm. 11 (2018)

    Esta edición dedicada a ser guiño a la discusión de conceptualizaciones semánticas que atestiguan ideas en el devenir histórico. Este despliegue de lecturas que el lenguaje y la palabra cimientan en un campo simbólico de prácticas, representaciones y discursos, definen un perfil de saberes que aquí se quieren proponer.

    Por ello, hemos querido dar cabida a lo que Andrea Guinta comprende como un espacio de expresión de subjetividad disidente respecto de los lugares habitualmente normalizados (2018:13), definiéndonos un campo de interés que motiva las investigaciones que las mujeres proponen como una toma de posición en sus procesos intelectuales y creativos. Más que ser concluyente en ello, sentimos que las Artes Visuales y la academia tienen una deuda en esta reflexión y visibilidad. Por ello, nos interesa ser participes y críticos en los transformaciones que se activan desde la discusión ciudadana.

    En este sentido, la historia juega un rol significativo a la hora de recordarnos que hay maneras de decir, argumentar y confrontar las construcciones culturales que desde las subjetividades expone sentimientos y conflictos de este espacio femenino. Procesos y trayectorias que otras, antes que nosotras, ya anduvieron. Hacer un proceso lúcido, reflexivo y siempre situado, pasa por no olvidar.

  • Núm. 10 (2017)

    Enfrentar un proyecto editorial con diez números a su haber implica una lectura crítica de sus edi- ciones anteriores en miras de pensar las posibles proyecciones fundadas en las bases de sus políticas editoriales. Este ejercicio consciente, nos permite acceder y comprender los énfasis que se han levantando en estos siete años de trabajo 2010_2017, donde los sentidos y las coyunturas que encierra toda publicación, se van afinando a través de sus equipos de trabajo, sus ediciones y por tanto sus editoriales. Es así como el Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Concepción, al apoyar financieramente la revista, asume como parte de su proyecto educativo-cultural, colaborar con el conocimiento y socialización de la investigación y producción artística nacional e internacional. Conscientes de la competencia desigual con otras publicaciones académicas que nos tensionan frente a los sistemas de acreditación y cualificación que reditúan fondos para su continuidad y calidad, nos interesa desmarcar este modelo exponiendo un sello crítico respecto de sus consecuencias frente a la investigación artística.

  • Alicia Villarreal, La enseñanza de la geografía, 2009-2010, Santiago, Chile.

    Núm. 9 (2016)

    Alzaprima como revista de investigación y divulgación le- vanta sus artículos e indagaciones “alzaprimas” desde las diversas y complejas territorialidades que configuran las artes, la teoría crítica y el patrimonio.

    No obstante ello, este número ha querido asumir ex profe- samente el tema de la educación en tanto asunto público, cuya urgencia, nacional y global, compromete también la reflexión teórica, la educación por el arte e incluso la pro- ducción artística misma.

    Y es que la crisis de la educación en Chile visibilizada des- de el estudiantado y los movimientos ciudadanos, ha exi- gido una discusión que aspira a ser asumida por el mayor espectro social posible. Si bien asuntos como la calidad, gratuidad y lucro son adjetivaciones que sintomatizan los nodos más evidentes de esta crisis, creemos que el tema de fondo es la producción de un nuevo paradigma en que la equidad social y plural se traduzca en el ejercicio de de- rechos y deberes singulares.

    En este contexto las universidades se esfuerzan para le- vantar un tipo de investigación que intente dar respuesta a dichos emplazamientos (y desplazamientos), cosa que, a su vez, les obliga a revisar sus roles y en consecuencia complejizar el sentido de sus enseñanzas y organización institucional. Complejizar, entonces, refiere a la expan- sión del tejido social y en nuestro caso artístico-cultural.

    Un aspecto interesante de este proceso radica en el recono- cimiento de aquellas prácticas artísticas que ocurren fuera de su espacio formal tradicional, lo que significa pensar en un campo académico expansivo y en prácticas artísticas coherentes con ello; esto es ingresar a un paradigma en que la vetusta y maniquea dicotomía: “dentro-fuera de los territorios” se ve complejizada por un territorio permea- ble e infinitamente estallado por focos autopoiéticos, en que lo existencial interior es, al mismo tiempo, lo social exterior, y viceversa.

    Y allí está el reto universitario: ingresar, incluso adelantar en un “tempo” antropológico distinto, en que la historia del pasado no revista (sólo) nostálgicas vueltas atrás, sino su actualización en un presente cuya textura y fluidez per- mita todos los actos y pliegues temporales posibles.

  • Carlos Silva, fotografía Sin título, 2015.

    Núm. 8 (2015)

    Pensar un cuerpo editorial académico que desde las Artes Visuales se vincule con discusiones pertinentes y contem- poráneas, nos hace asumir el compromiso de atender no solo a resultados sino, además, a las tensiones que se pue- den presentar durante la creación artística o de reflexión teórica. Tal atención nos obliga a tener en cuenta aquellos lugares en que se trata de legitimar e institucionalizar la circulación del arte, dado que es en esas regiones inter- medias donde se hace posible el estudio crítico sobre el enfrentamiento, roce o negociación de categorías y para- digmas distintos, y que además hoy dialogan con la idea de consumo, mercado, mercancía, producción, etc.

    Es mediante esta disquisición que podemos detectar cómo una eventual riqueza semántica o logro conceptual, que ha sido legitimado en razón de un trabajo institucio- nal, se trasladada al campo de ciertas prácticas funcionales al sistema, relacionadas por ejemplo con la publicidad y su consecuente mercantilización; apropiaciones que si bien pueden ser legítimas y ciertas en bien de renovar el lenguaje referido a lo artístico-visual, también pueden ser utilizadas para reducir, torcer o anular una de las funciones principales del arte, cual es, la resignificación del mundo.

    Porque resignificar, y por tanto crear, conlleva el precep- to de resistencia y fuga de aquellos paradigmas y mode- los ya estratificados por costumbre o por conveniencias de distinto origen. Es por ello que lo artístico cuenta con estrategias y procedimientos como la retórica o la ironía, las cuales poseen la facultad de sobreexponer, exagerar o burlar algún poder que por naturalizado u ocultado se desea desenmascarar. Sin perjuicio que el ejercicio sea individual y subjetivo, también se despliegan metodologías que priorizan un tipo de trabajo más colaborativo y parti- cipativo; esto teniendo en cuenta que nunca lo individual en arte puede ser entendido sin su pluralidad, y que, a su vez, lo plural de la colectividad se nutre de la subjetividad.

    En este campo de representaciones, la tecnología aplicada a lo visual ha sido un aspecto importante a considerar en estos devenires y avatares. Aun cuando, muchas veces jue- ga un rol utilitario y servil, oscureciendo así el aporte que pueden generar los nuevos medios en la amplificación del lenguaje visual y sus posibilidades discursivas, es una herramienta que ha acogido demandas discursivas y estéticas fortaleciendo un campo superlativo de posibilidades.

  • Rodrigo Arteaga, Sobre estrellas y raíces, 2014. Galería AFA, Santiago, Chile. Fotografía: Bruno Giliberto.

    Núm. 7 (2015)

    “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”. Los Prisioneros

    Plantear un proyecto editorial que se enmarque y proyec- te como lugar geopolítico, reactiva y hace vigente la discu- sión sobre el significado que tiene legitimar las prácticas del arte y marcos teóricos distantes de los centros de pro- ducción artísticos, en una cartografía “mundializante” que tensa el empoderamiento estético y cultural del “Sur”.

    La disyuntiva ahí generada no pretende zanjar tal debate con una respuesta unívoca o definitiva, sino comprender este Sur en tanto lugar otro para la producción de sentido del arte. Producir sentido significará entonces, que éste se despliega en un entre-medio, un espacio territorial que fluye entre lugar y tiempo y en donde la pregunta y la res- puesta del arte dialogan como un ejercicio tautológico de memoria sin comienzo ni fin, donde la trama del debate deviene fieltro de múltiples conexiones.

    Es pues, justo allí, en el reconocimiento del intersticio como lugar de intercambio relacional humano, en donde la tautología deja de ser redundante y sobreviene la producción y el ejercicio artístico específico desde el borde Sur. Así, lo “multicultural” deja de ser una palabra amansatoria en lo transversal, y acontece como espacio de creación reflexiva en su particularidad.

    Este ha sido el criterio de selección para la nueva edición de Alzaprima, son artículos que se ofrecen como panorama dialógico, geopolítico y estético desde el cual pensar nuestra mirada.

  • Francisco Bruna, Nada más queda. 2012.

    Núm. 6 (2014)

    En “El artista como etnógrafo” (1996), Hal Foster hace hincapié en el giro que ha dado el arte contemporáneo, ámbito en donde se observan proyectos que buscan ex- tender la institucionalidad artística hacia el trabajo con y desde la comunidad, dando paso a la reflexión teórica de la cultura  y consecuentemente del arte.

    En este contexto, Alzaprima va sumando ediciones y aumenta en ella el número de textos dedicados a investiga- ciones en que las fronteras y conexiones de la discusión se hacen cada vez más complejas y diversas. De este modo, nos definimos en un campo de estudio  el de las Artes Visuales que pareciera haber extraviado sus límites específicos, propiciando un “hacer” interdisciplinario que apuesta por un sistema de procesos relacionales. Dicha multiplicidad disciplinaria nos permite, a la vez, marcar re- ferencias específicas respecto a cómo se investiga y cómo esos saberes se legitiman en la experiencia de producción de obra y sus respectivos marcos discursivos.

    Por lo anterior, más que zanjar límites o fronteras entre los diversos campos, o imponer determinadas definiciones, este número quiere destacar la vigencia del debate que surge desde la comprensión del contexto del arte. Así, lo investigativo sugiere una forma de experiencia que consis- te en un sistema operativo de anexiones y cortes, proceso en que distintos saberes,historia, antropología, estudios decoloniales, sociología e incluso desde otras disciplinas del arte como la literatura y el sonido se articulan para generar condiciones que favorecen y vitalizan la aparición de nuevos territorios artísticos-culturales.

    Es precisamente esta condición la que enfatiza este cuer- po editorial, pues cada uno de los artículos publicados va generando, a su vez, zonas de inflexión referencial, cruces teóricos y, por cierto, estéticos.

  • Proyecto ADN, Máximo Corvalán Pincheira. Museo de la Memoria, 2012. Fotografia: Jorge Brantmayer.

    Núm. 5 (2013)

    Este quinto número de Alzaprima aspira a seguir mante- niendo su idea inaugural en torno al desarrollo de la investigación en las Artes Visuales, visibilizando y expan- diendo de manera sería y comprometida los procesos de escudriñamiento con méritos para su difusión hacia centros especializados de nivel nacional e internacional. Aspiramos a que los artículos publicados sean un aporte a la indagación en torno a las prácticas artísticas para la producción de saberes enraizados en el acontecer regional y en la ciudad que nos determina.

    En este contexto, la ciudad de Concepción y su entor- no regional, se erigen sometidos a tensiones naturales y sociales de gran envergadura; en tanto nuestro devenir se ancla en una cosmogonía fundacional atenta a los de- signios de su tectónica y a la confrontación de culturas, imprime un sino trágico que dificulta la conservación de la memoria y del patrimonio local. Así, la fragilidad del territorio y de la convivencia social pareciera determinarnos a una especie de constante y triste signo de olvido, omisión, o depresión colectiva, en torno al natural impulso de toda ciudad por cuidar y destacar su historia.

    El reciente y tristemente espectacular incendio del Mer- cado Central de Concepción, en mayo del 2013, no hace más que reforzar esta idea al develar de entre los escombros el notable hito de una arquitectura moder- na que siempre le caracterizó y, que pocas veces vimos producto de la invisibilización que le imprimió el tráfa- go comercial determinado por un interminable conflic- to de intereses económicos. Removidos los escombros y cenizas se develó, en medio del barrio histórico, una plataforma en precarias condiciones pero rica en cuanto fuente y soporte de nuestro patrimonio vivo. Un espacio de convivencia que el uso, como muestra de vida, fue cu- briéndolo de capas, vitalizando sus espacios pero a la vez llenándolo de ruidos y conflictos hasta convertirlo de al- guna forma y, para un segmento importante de la pobla- ción, en un no lugar.1 Entonces ¿Cómo recuperar? ¿Qué reconstruir? ¿Cómo evitar que vuelva a construirse un otro nuevo no lugar de convivencia social? ¿Cómo ree- dificar tomando debida cuenta de que la propia dinámi- ca de este proceso de recuperación irá agregando capas culturales que funcionarán como fieltro transformador de este espacio-trama del patrimonio? ¿Qué se recupera cuando un incendio, o un terremoto, se lleva la vida y la historia de un lugar? ¿Cómo se puede evitar que el fuego de la desidia no olvide qué hemos ido siendo?

    Hace dos años el Magister de Arte y Patrimonio del De- partamento de Artes Plásticas de nuestra Universidad viene desarrollando reflexiones en torno al patrimonio local con énfasis en su condición de cultura viva y en cruces con el arte como un exponencial sustantivo del campo de estudio. A nivel regional y nacional, Concep- ción despierta a una discusión que propone en tomarle el pulso a nuestro patrimonio como eje de identidad y desarrollo local. Rasgar el muro social del espacio urba- no nos permitirá traducir las adiciones y sustracciones que han ido conformando el material de carga simbólica de la ciudad y vitalizar las relaciones e interacciones hu- manas en sus distintos contextos. Si bien es cierto que el arte posee esta esencia relacional en su gesto primario, hoy en día vemos intenciones reveladoras en sus prác- ticas y discursos que afirman y tensan ese espacio de lenguaje desde la perspectiva de los objetivos estéticos, culturales y políticos que se ponen en juego y relacionan. Así el artista se presenta como un puente vital que per- mite transformar el contexto desde un mundo sensible y conceptual mediante visualidades y funciones de las épocas y contextos que le corresponden.

  • Exposición LIMBO, Leonardo Portus. Noviembre 2011

    Núm. 4 (2012)

    La perspectiva que se expande en cuarenta años de enseñanza del arte nos permite realizar un ejercicio de reflexión, a saber cual es la función y necesidad de una escuela de artes en la sociedad contemporánea, en nuestra región, en nuestra ciudad.

    En primer lugar arremete el concepto de lo contempo- ráneo como paradigma necesario para validar un discurso actual y actualizado, tendencia de facto que permite comprobar si aquello que se sostiene corresponde a la “vanguardia” en el sentido original de su definición, es decir al ultimo impulso investigativo que se visualiza en la enseñanza y en la aplicación de estos conocimientos a ejercicios aplicados.

    El devenir de toda escuela de arte se soporta por un lado en la tradición de las disciplinas (su fuente histórica) y por otro lado en su despliegue de análisis semióticos (su razón estética), pero además subyace un sistema orgáni- co que escapa a la clasificación cualitativa y cuantitativa de la institución, a decir entonces una substancia que opera como un bajo continuo, subconsciente colectivo que aporta lo fundamental para construir una identidad. En este caso, tendencia o modo de ser de las artes visua- les en Concepción, lo que sin vanidad comprendemos al ser la única escuela de artes visuales a nivel superior du- rante estos 40 años. Esta sinergia desplegada rizomati- camente en un crecimiento permanente es el soportado por tantas generaciones de estudiantes que han pasado por aquí, para también sembrar más allá.

    Porque a diferencia de otras formas de conocimiento el arte en términos generales pareciera aún exigir lo empí- rico como una base mínima para hacer de ese conoci- miento que, presentado desde lo teórico no da abasto para cubrir la necesidad de la experiencia, o mejor dicho, del deseo de la experiencia.

  • Félix Lazo s/t, 2009.

    Núm. 3 (2011)

    Presentamos este tercer número de ALZAPRIMA ple- no de discursos que observan nuestra contemporanei- dad como un territorio flanqueado de vacíos y dudas que determinan preguntas complejas frente a una trama que cada vez se invisibiliza más.

    Así el discurso sobre el arte prolifera más rápido aun que el arte mismo, como anticipación de un cuerpo que no siempre arriba a fundirse con su discurso, entonces la discursividad opera como cuerpo de obra, el verbo antecede a la imagen; entonces clínicas, encuentros, pasantías y seminarios sustituyen el tradicional espacio expositivo de la galería, el museo, y lo que cuelga y se ilumina para ser destacado es el discurso, la idea, muchas veces desnuda de visualidad.

    Esta disociación entre cuerpo e idea sería una de las con- secuencias de lo “trans” (lo que esta más allá) transesté- tica, transexual, transeconómico enunciada por Baudri- llard hace ya 20 años atrás en su libro “La transparencia delmal”.