Núm. 6 (2014)

Francisco Bruna, Nada más queda. 2012.

En “El artista como etnógrafo” (1996), Hal Foster hace hincapié en el giro que ha dado el arte contemporáneo, ámbito en donde se observan proyectos que buscan ex- tender la institucionalidad artística hacia el trabajo con y desde la comunidad, dando paso a la reflexión teórica de la cultura  y consecuentemente del arte.

En este contexto, Alzaprima va sumando ediciones y aumenta en ella el número de textos dedicados a investiga- ciones en que las fronteras y conexiones de la discusión se hacen cada vez más complejas y diversas. De este modo, nos definimos en un campo de estudio  el de las Artes Visuales que pareciera haber extraviado sus límites específicos, propiciando un “hacer” interdisciplinario que apuesta por un sistema de procesos relacionales. Dicha multiplicidad disciplinaria nos permite, a la vez, marcar re- ferencias específicas respecto a cómo se investiga y cómo esos saberes se legitiman en la experiencia de producción de obra y sus respectivos marcos discursivos.

Por lo anterior, más que zanjar límites o fronteras entre los diversos campos, o imponer determinadas definiciones, este número quiere destacar la vigencia del debate que surge desde la comprensión del contexto del arte. Así, lo investigativo sugiere una forma de experiencia que consis- te en un sistema operativo de anexiones y cortes, proceso en que distintos saberes,historia, antropología, estudios decoloniales, sociología e incluso desde otras disciplinas del arte como la literatura y el sonido se articulan para generar condiciones que favorecen y vitalizan la aparición de nuevos territorios artísticos-culturales.

Es precisamente esta condición la que enfatiza este cuer- po editorial, pues cada uno de los artículos publicados va generando, a su vez, zonas de inflexión referencial, cruces teóricos y, por cierto, estéticos.

Publicado: 2020-09-07