Núm. 12 (2019)

Aproximarnos a cómo los signos representan la realidad implica conocer sus modos de ingreso a la superficie espa- cio-temporal donde han sido inscritas y reconocer las hue- llas que testimonian su devenir. Así podemos comprender que las formas se manifiestan como rastros no extintos de un pasado donde, a la vez que prefiguran posibles futuros en latencia, albergan contenidos simbólicos de su tiempo.

De este modo, sobrepasando sus propias épocas, el ejercicio de lectura de procesos históricos conecta con imágenes de aquella inmediatez y con los modelos tanto sociales como subjetivos en los que alguna vez surgieron y que ahora se incrustan en el presente produciendo sig- nificados.

Se trata por tanto de un presente no restringido en su eventual extinción, sino de una intrincación de aconteci- mientos en continua expansión hacia otros sentidos que, simultáneamente, corroboran sus propios devenires.

Es por eso que las producciones artísticas de las que po- demos resignificar sus símbolos trascienden a la relación puntual entre tiempo e imagen, permitiéndonos valorar las experiencias subjetivas y colectivas que persisten en cuanto síntomas de otros contextos.

Así, creemos aportar a la mirada meramente historicista, repensando el patrimonio que se torna producción y manifestación de otros y nuevos sentidos, mediatizados por procesos de intervención comunitaria, pedagógica y de subjetividad artística.

Solo debemos mirar cuáles fueron los acontecimientos que determinaron las referencias de este presente y qué tanto estamos construyendo el futuro que aspiramos.

Publicado: 2021-03-09