ARTE POÉTICO: CON LA FORMA IRREGULAR DEL PUERTO
Abstract
Recuerdo a mi papá mandándome a cobrar a la feria de fruta de los sábados en la Avenida Argentina y haber visto, en medio de las antigüedades, una delgada selección de crónicas de Joaquín Edwards Bello. Casi intuitivamente me desviaba para ir mirando lo que lucía la calle; podía elegir otro camino, pero tomaba ese. En el puerto, lo sabrán por las noticias y redes sociales, las vitrinas están de más, porque la calle es cubierta por paños que ofrecen lo que necesites, aunque no sepas cuánto lo necesitas. Ya para entonces leía la parte del final de los diarios, que todos los días era comprado en la casa, y luego acogía fruta en cajones, esperaba los suplementos, devoraba cómics y revistas deportivas chilenas y argentinas; también había adquirido la introspección de la literatura caminando con mi abuelo por la vía férrea. Mucho tiempo después sabría que Edwards Bello es el escritor más importante de Valparaíso y que inventaría la nostalgia inherente a nuestra decadencia, escribiendo novelas, pero sobre todo crónicas publicadas en diarios. A la hora de almuerzo todavía escucho el cuerno del heladero que él estampó en el primer texto de esa publicación que encontré en 1998. Esa selección la hizo Ennio Moltedo, a su vez poeta y ejemplo ético.
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