Vol. 40 Núm. 402 (1963)

EDUARDO  BARRIOS.  Como en prolongado  atardecer de vida fue estinguiéndose lentamente. Si los achaques físicos pudieron retenerlo a medio vivir y apenas circular por el recinto de su propia casa, su conciencia surgía de súbito su palabra irrumpe tras prolongado silencio.  Como reanimado por secreta vitalidad, la conversación fluye de sus labios con detalles mínimos, perfecta la coordinación de las ideas y cabales las frases.  De pronto se ensimisa nuevamente para entrar en ese mundo misterioso de profundad quietud, entornados los ojos como dispuesto a dormirse para siempre.  De cuando en cuando se reanima para exclamar: !Ay, qué dolor de cabeza!

Publicado: 1963-12-31

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