Edições anteriores

  • Rodrigo Bruna, Pulvis et Umbra VI, 2016.

    n. 14 (2021)

    ARTÍCULOS

    Cuerpo, objeto y agencia en la videoacción NAKO. Estudios sobre la materia 1, de Samuel Ibarra (2020)

    Carolina Benavente Morales, Mauricio Bravo Carreño | Chile

    Poéticas negativas. Análisis estético del uso del blanco y el vacío en la protesta y la contraprotesta social en Chile
    Constanza Hermosilla Hurra | Chile

    Reformulaciones estéticas a partir de la experiencia cotidiana. Confinamiento y sensibilidad

    Roberto González Encina | Chile

    Emergencia, ruptura y espacio común. Museos y artes visuales ante la crisis política y sanitaria en la Región Metropolitana
    Carla Ayala Valdés | Chile

    CREACIÓN
    Objets removed for study

    Rafael Guendelman Hales | Reino Unido

    Estrategias para no morir
    Juan Simonovich Aybar, Martin Sensi Bozo, Eliana Quilla Mayorga Juchani | Argentina

    Pulvis et umbra: Las exequias de una instalación Rodrigo Bruna Chávez| Chile

    Afectos y efectos corporales Valentina Inostroza Bravo| Chile

  • Colectivo Los Carpinteros, Sala de Juntas de Bogotá, 2017. Archivo del colectivo.

    n. 13 (2020)

    En estos tiempos extraños, donde una pandemia se deja caer sobre nuestras habitabilidades, se ha debatido bastante respecto de la importancia que ha asumido el arte en este espacio de introspección y confinamiento. Aquello que siempre ha estado allí, el arte, pareciera que adquiere visibilidad y sentido desde una mirada mediática donde la pintura, el cine, la literatura o la música parecieran calmar la ansiedad pandémica y conectarnos con un ser profundo y emotivo que desdibuja modelos de vidas rentables y transables. 

    Estas lecturas contrastan con la débil estructura institucional que sostiene la precariedad laboral de los artistas, que por una parte entiende al arte como un medio necesario para humanizar esta nueva realidad descentrada, mientras, por la otra se enfrenta el abandono arrogante y sistemático de escenas artísticas que reclaman su derecho a existir dignamente. De este modo, y como parte de los coletazos que deja este aparente apetito por las practicas artísticas, nos devuelve la imagen de un publico con amplias condiciones de acceso, que solo evidencia aun más el contraste desigual de las condiciones laborales.

     

  • Camilo Ortega Prieto

    n. 12 (2019)

    Aproximarnos a cómo los signos representan la realidad implica conocer sus modos de ingreso a la superficie espacio-temporal donde han sido inscritas y reconocer las huellas que testimonian su devenir. Así podemos comprender que las formas se manifiestan como rastros no extintos de un pasado donde, a la vez que prefiguran posibles futuros en latencia, albergan contenidos simbólicos de su tiempo.

    De este modo, sobrepasando sus propias épocas, el ejercicio de lectura de procesos históricos conecta con imágenes de aquella inmediatez y con los modelos tanto sociales como subjetivos en los que alguna vez surgieron y que ahora se incrustan en el presente produciendo significados.

    Se trata por tanto de un presente no restringido en su eventual extinción, sino de una intrincación de acontecimientos en continua expansión hacia otros sentidos que, simultáneamente, corroboran sus propios devenires.

    Es por eso que las producciones artísticas de las que podemos resignificar sus símbolos trascienden a la relación puntual entre tiempo e imagen, permitiéndonos valorar las experiencias subjetivas y colectivas que persisten en cuanto síntomas de otros contextos.

    Así, creemos aportar a la mirada meramente historicista, repensando el patrimonio que se torna producción y manifestación de otros y nuevos sentidos, mediatizados por procesos de intervención comunitaria, pedagógica y de subjetividad artística.

    Solo debemos mirar cuáles fueron los acontecimientos que determinaron las referencias de este presente y qué tanto estamos construyendo el futuro que aspiramos.

  • n. 11 (2018)

    Esta edición dedicada a ser guiño a la discusión de conceptualizaciones semánticas que atestiguan ideas en el devenir histórico. Este despliegue de lecturas que el lenguaje y la palabra cimientan en un campo simbólico de prácticas, representaciones y discursos, definen un perfil de saberes que aquí se quieren proponer.

    Por ello, hemos querido dar cabida a lo que Andrea Guinta comprende como un espacio de expresión de subjetividad disidente respecto de los lugares habitualmente normalizados (2018:13), definiéndonos un campo de interés que motiva las investigaciones que las mujeres proponen como una toma de posición en sus procesos intelectuales y creativos. Más que ser concluyente en ello, sentimos que las Artes Visuales y la academia tienen una deuda en esta reflexión y visibilidad. Por ello, nos interesa ser participes y críticos en los transformaciones que se activan desde la discusión ciudadana.

    En este sentido, la historia juega un rol significativo a la hora de recordarnos que hay maneras de decir, argumentar y confrontar las construcciones culturales que desde las subjetividades expone sentimientos y conflictos de este espacio femenino. Procesos y trayectorias que otras, antes que nosotras, ya anduvieron. Hacer un proceso lúcido, reflexivo y siempre situado, pasa por no olvidar.

  • n. 10 (2017)

    Enfrentar un proyecto editorial con diez números a su haber implica una lectura crítica de sus edi- ciones anteriores en miras de pensar las posibles proyecciones fundadas en las bases de sus políticas editoriales. Este ejercicio consciente, nos permite acceder y comprender los énfasis que se han levantando en estos siete años de trabajo 2010 - 2017, donde los sentidos y las coyunturas que encierra toda publicación, se van afinando a través de sus equipos de trabajo, sus ediciones y por tanto sus editoriales. Es así como el Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Concepción, al apoyar financieramente la revista, asume como parte de su proyecto educativo-cultural, colaborar con el conocimiento y socialización de la investigación y producción artística nacional e internacional. Conscientes de la competencia desigual con otras publicaciones académicas que nos tensionan frente a los sistemas de acreditación y cualificación que reditúan fondos para su continuidad y calidad, nos interesa desmarcar este modelo exponiendo un sello crítico respecto de sus consecuencias frente a la investigación artística.

  • Alicia Villarreal, La enseñanza de la geografía, 2009-2010, Santiago, Chile.

    n. 9 (2016)

    Alzaprima como revista de investigación y divulgación levanta sus artículos e indagaciones “alzaprimas” desde las diversas y complejas territorialidades que configuran las artes, la teoría crítica y el patrimonio.

    No obstante ello, este número ha querido asumir ex profesamente el tema de la educación en tanto asunto público, cuya urgencia, nacional y global, compromete también la reflexión teórica, la educación por el arte e incluso la producción artística misma.

    Y es que la crisis de la educación en Chile visibilizada desde el estudiantado y los movimientos ciudadanos, ha exigido una discusión que aspira a ser asumida por el mayor espectro social posible. Si bien asuntos como la calidad, gratuidad y lucro son adjetivaciones que sintomatizan los nodos más evidentes de esta crisis, creemos que el tema de fondo es la producción de un nuevo paradigma en que la equidad social y plural se traduzca en el ejercicio de derechos y deberes singulares.

    En este contexto las universidades se esfuerzan para levantar un tipo de investigación que intente dar respuesta a dichos emplazamientos (y desplazamientos), cosa que, a su vez, les obliga a revisar sus roles y en consecuencia complejizar el sentido de sus enseñanzas y organización institucional. Complejizar, entonces, refiere a la expansión del tejido social y en nuestro caso artístico-cultural.

    Un aspecto interesante de este proceso radica en el reconocimiento de aquellas prácticas artísticas que ocurren fuera de su espacio formal tradicional, lo que significa pensar en un campo académico expansivo y en prácticas artísticas coherentes con ello; esto es ingresar a un paradigma en que la vetusta y maniquea dicotomía: “dentro-fuera de los territorios” se ve complejizada por un territorio permeable e infinitamente estallado por focos autopoiéticos, en que lo existencial interior es, al mismo tiempo, lo social exterior, y viceversa.

    Y allí está el reto universitario: ingresar, incluso adelantar en un “tempo” antropológico distinto, en que la historia del pasado no revista (sólo) nostálgicas vueltas atrás, sino su actualización en un presente cuya textura y fluidez permita todos los actos y pliegues temporales posibles.

  • Carlos Silva, fotografía Sin título, 2015.

    n. 8 (2015)

    Pensar un cuerpo editorial académico que desde las Artes Visuales se vincule con discusiones pertinentes y contemporáneas, nos hace asumir el compromiso de atender no solo a resultados sino, además, a las tensiones que se pueden presentar durante la creación artística o de reflexión teórica. Tal atención nos obliga a tener en cuenta aquellos lugares en que se trata de legitimar e institucionalizar la circulación del arte, dado que es en esas regiones inter- medias donde se hace posible el estudio crítico sobre el enfrentamiento, roce o negociación de categorías y para- digmas distintos, y que además hoy dialogan con la idea de consumo, mercado, mercancía, producción, etc.

    Es mediante esta disquisición que podemos detectar cómo una eventual riqueza semántica o logro conceptual, que ha sido legitimado en razón de un trabajo institucional, se trasladada al campo de ciertas prácticas funcionales al sistema, relacionadas por ejemplo con la publicidad y su consecuente mercantilización; apropiaciones que si bien pueden ser legítimas y ciertas en bien de renovar el lenguaje referido a lo artístico-visual, también pueden ser utilizadas para reducir, torcer o anular una de las funciones principales del arte, cual es, la resignificación del mundo.

    Porque resignificar, y por tanto crear, conlleva el precepto de resistencia y fuga de aquellos paradigmas y modelos ya estratificados por costumbre o por conveniencias de distinto origen. Es por ello que lo artístico cuenta con estrategias y procedimientos como la retórica o la ironía, las cuales poseen la facultad de sobreexponer, exagerar o burlar algún poder que por naturalizado u ocultado se desea desenmascarar. Sin perjuicio que el ejercicio sea individual y subjetivo, también se despliegan metodologías que priorizan un tipo de trabajo más colaborativo y participativo; esto teniendo en cuenta que nunca lo individual en arte puede ser entendido sin su pluralidad, y que, a su vez, lo plural de la colectividad se nutre de la subjetividad.

    En este campo de representaciones, la tecnología aplicada a lo visual ha sido un aspecto importante a considerar en estos devenires y avatares. Aun cuando, muchas veces jue- ga un rol utilitario y servil, oscureciendo así el aporte que pueden generar los nuevos medios en la amplificación del lenguaje visual y sus posibilidades discursivas, es una herramienta que ha acogido demandas discursivas y estéticas fortaleciendo un campo superlativo de posibilidades.

  • Rodrigo Arteaga, Sobre estrellas y raíces, 2014. Galería AFA, Santiago, Chile. Fotografía: Bruno Giliberto.

    n. 7 (2015)

    “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”. Los Prisioneros

    Plantear un proyecto editorial que se enmarque y proyecte como lugar geopolítico, reactiva y hace vigente la discusión sobre el significado que tiene legitimar las prácticas del arte y marcos teóricos distantes de los centros de producción artísticos, en una cartografía “mundializante” que tensa el empoderamiento estético y cultural del “Sur”.

    La disyuntiva ahí generada no pretende zanjar tal debate con una respuesta unívoca o definitiva, sino comprender este Sur en tanto lugar otro para la producción de sentido del arte. Producir sentido significará entonces, que éste se despliega en un entre-medio, un espacio territorial que fluye entre lugar y tiempo y en donde la pregunta y la respuesta del arte dialogan como un ejercicio tautológico de memoria sin comienzo ni fin, donde la trama del debate deviene fieltro de múltiples conexiones.

    Es pues, justo allí, en el reconocimiento del intersticio como lugar de intercambio relacional humano, en donde la tautología deja de ser redundante y sobreviene la producción y el ejercicio artístico específico desde el borde Sur. Así, lo “multicultural” deja de ser una palabra amansatoria en lo transversal, y acontece como espacio de creación reflexiva en su particularidad.

    Este ha sido el criterio de selección para la nueva edición de Alzaprima, son artículos que se ofrecen como panorama dialógico, geopolítico y estético desde el cual pensar nuestra mirada.

  • Francisco Bruna, Nada más queda. 2012.

    n. 6 (2014)

    En “El artista como etnógrafo” (1996), Hal Foster hace hincapié en el giro que ha dado el arte contemporáneo, ámbito en donde se observan proyectos que buscan extender la institucionalidad artística hacia el trabajo con y desde la comunidad, dando paso a la reflexión teórica de la cultura  y consecuentemente del arte.

    En este contexto, Alzaprima va sumando ediciones y aumenta en ella el número de textos dedicados a investigaciones en que las fronteras y conexiones de la discusión se hacen cada vez más complejas y diversas. De este modo, nos definimos en un campo de estudio  el de las Artes Visuales que pareciera haber extraviado sus límites específicos, propiciando un “hacer” interdisciplinario que apuesta por un sistema de procesos relacionales. Dicha multiplicidad disciplinaria nos permite, a la vez, marcar referencias específicas respecto a cómo se investiga y cómo esos saberes se legitiman en la experiencia de producción de obra y sus respectivos marcos discursivos.

    Por lo anterior, más que zanjar límites o fronteras entre los diversos campos, o imponer determinadas definiciones, este número quiere destacar la vigencia del debate que surge desde la comprensión del contexto del arte. Así, lo investigativo sugiere una forma de experiencia que consiste en un sistema operativo de anexiones y cortes, proceso en que distintos saberes,historia, antropología, estudios decoloniales, sociología e incluso desde otras disciplinas del arte como la literatura y el sonido se articulan para generar condiciones que favorecen y vitalizan la aparición de nuevos territorios artísticos-culturales.

    Es precisamente esta condición la que enfatiza este cuer- po editorial, pues cada uno de los artículos publicados va generando, a su vez, zonas de inflexión referencial, cruces teóricos y, por cierto, estéticos.

  • Proyecto ADN, Máximo Corvalán Pincheira. Museo de la Memoria, 2012. Fotografia: Jorge Brantmayer.

    n. 5 (2013)

    Este quinto número de Alzaprima aspira a seguir mante- niendo su idea inaugural en torno al desarrollo de la investigación en las Artes Visuales, visibilizando y expandiendo de manera sería y comprometida los procesos de escudriñamiento con méritos para su difusión hacia centros especializados de nivel nacional e internacional. Aspiramos a que los artículos publicados sean un aporte a la indagación en torno a las prácticas artísticas para la producción de saberes enraizados en el acontecer regional y en la ciudad que nos determina.

    En este contexto, la ciudad de Concepción y su entorno regional, se erigen sometidos a tensiones naturales y sociales de gran envergadura; en tanto nuestro devenir se ancla en una cosmogonía fundacional atenta a los designios de su tectónica y a la confrontación de culturas, imprime un sino trágico que dificulta la conservación de la memoria y del patrimonio local. Así, la fragilidad del territorio y de la convivencia social pareciera determinarnos a una especie de constante y triste signo de olvido, omisión, o depresión colectiva, en torno al natural impulso de toda ciudad por cuidar y destacar su historia.

    El reciente y tristemente espectacular incendio del Mercado Central de Concepción, en mayo del 2013, no hace más que reforzar esta idea al develar de entre los escombros el notable hito de una arquitectura moderna que siempre le caracterizó y, que pocas veces vimos producto de la invisibilización que le imprimió el tráfago comercial determinado por un interminable conflicto de intereses económicos. Removidos los escombros y cenizas se develó, en medio del barrio histórico, una plataforma en precarias condiciones pero rica en cuanto fuente y soporte de nuestro patrimonio vivo. Un espacio de convivencia que el uso, como muestra de vida, fue cubriéndolo de capas, vitalizando sus espacios pero a la vez llenándolo de ruidos y conflictos hasta convertirlo de alguna forma y, para un segmento importante de la población, en un no lugar. Entonces ¿Cómo recuperar? ¿Qué reconstruir? ¿Cómo evitar que vuelva a construirse un otro nuevo no lugar de convivencia social? ¿Cómo reedificar tomando debida cuenta de que la propia dinámica de este proceso de recuperación irá agregando capas culturales que funcionarán como fieltro transformador de este espacio-trama del patrimonio? ¿Qué se recupera cuando un incendio, o un terremoto, se lleva la vida y la historia de un lugar? ¿Cómo se puede evitar que el fuego de la desidia no olvide qué hemos ido siendo?

    Hace dos años el Magister de Arte y Patrimonio del De- partamento de Artes Plásticas de nuestra Universidad viene desarrollando reflexiones en torno al patrimonio local con énfasis en su condición de cultura viva y en cruces con el arte como un exponencial sustantivo del campo de estudio. A nivel regional y nacional, Concepción despierta a una discusión que propone en tomarle el pulso a nuestro patrimonio como eje de identidad y desarrollo local. Rasgar el muro social del espacio urbano nos permitirá traducir las adiciones y sustracciones que han ido conformando el material de carga simbólica de la ciudad y vitalizar las relaciones e interacciones humanas en sus distintos contextos. Si bien es cierto que el arte posee esta esencia relacional en su gesto primario, hoy en día vemos intenciones reveladoras en sus prácticas y discursos que afirman y tensan ese espacio de lenguaje desde la perspectiva de los objetivos estéticos, culturales y políticos que se ponen en juego y relacionan. Así el artista se presenta como un puente vital que permite transformar el contexto desde un mundo sensible y conceptual mediante visualidades y funciones de las épocas y contextos que le corresponden.

  • Exposición LIMBO, Leonardo Portus. Noviembre 2011

    n. 4 (2012)

    La perspectiva que se expande en cuarenta años de enseñanza del arte nos permite realizar un ejercicio de reflexión, a saber cual es la función y necesidad de una escuela de artes en la sociedad contemporánea, en nuestra región, en nuestra ciudad.

    En primer lugar arremete el concepto de lo contemporáneo como paradigma necesario para validar un discurso actual y actualizado, tendencia de facto que permite comprobar si aquello que se sostiene corresponde a la “vanguardia” en el sentido original de su definición, es decir al ultimo impulso investigativo que se visualiza en la enseñanza y en la aplicación de estos conocimientos a ejercicios aplicados.

    El devenir de toda escuela de arte se soporta por un lado en la tradición de las disciplinas (su fuente histórica) y por otro lado en su despliegue de análisis semióticos (su razón estética), pero además subyace un sistema orgáni- co que escapa a la clasificación cualitativa y cuantitativa de la institución, a decir entonces una substancia que opera como un bajo continuo, subconsciente colectivo que aporta lo fundamental para construir una identidad. En este caso, tendencia o modo de ser de las artes visuales en Concepción, lo que sin vanidad comprendemos al ser la única escuela de artes visuales a nivel superior du- rante estos 40 años. Esta sinergia desplegada rizomaticamente en un crecimiento permanente es el soportado por tantas generaciones de estudiantes que han pasado por aquí, para también sembrar más allá.

    Porque a diferencia de otras formas de conocimiento el arte en términos generales pareciera aún exigir lo empírico como una base mínima para hacer de ese conocimiento que, presentado desde lo teórico no da abasto para cubrir la necesidad de la experiencia, o mejor dicho, del deseo de la experiencia.

  • Félix Lazo s/t, 2009.

    n. 3 (2011)

    Presentamos este tercer número de ALZAPRIMA pleno de discursos que observan nuestra contemporaneidad como un territorio flanqueado de vacíos y dudas que determinan preguntas complejas frente a una trama que cada vez se invisibiliza más.

    Así el discurso sobre el arte prolifera más rápido aun que el arte mismo, como anticipación de un cuerpo que no siempre arriba a fundirse con su discurso, entonces la discursividad opera como cuerpo de obra, el verbo antecede a la imagen; entonces clínicas, encuentros, pasantías y seminarios sustituyen el tradicional espacio expositivo de la galería, el museo, y lo que cuelga y se ilumina para ser destacado es el discurso, la idea, muchas veces desnuda de visualidad.

    Esta disociación entre cuerpo e idea sería una de las consecuencias de lo “trans” (lo que esta más allá) transestética, transexual, transeconómico enunciada por Baudrillard hace ya 20 años atrás en su libro “La transparencia delmal”.

  • Jorge Pasmiño Yáñez | Serie espacios íntimos I-II-III-IV | Técnica: Fotografía digital, impresión de inyección de 12 tintas pigmentadas sobre papel fotográfico montado sobre trovicel de 3mm. |Dimensiones: 80 x 53 cm. | Año de elaboración: 2010 | Lugar: documentación visual en borde costero de la VIII región del Bío Bío, Chile.

    n. 2 (2011)

    Decir una gran palabra, hablarla, darle entonación, acento y timbre considera aquel tramo invisible que articulamos inconcientemente, aquella microdistancia, aquel “entre” que dibuja un pequeño segundo, todos los días, todo el tiempo

    Ipso facto la naturaleza se manifiesta, y todos los constructos de sentido se desmoronan, se agrietan, se deshacen las certezas y la obscura neblina se abre paso entre los escombros de nuestro poder.

    La palabra pierde exactitud y se reinaugura un nuevo sentido, en la cicatriz que dibuja nueva coordenada y construye un mapa distinto.

    El lenguaje lisiado, no da abasto, desborda entonces en el ciudadano, la conmoción, y todo cobra realidad objetual en el presente inmediato.

    La pregunta por el arte no tiene cabida, la emergencia y la urgencia lo acaparan todo, el sustento de lo básico, el alimento, no hay perspectiva.

    En este horizonte editamos el ver, para construir la mirada sobre un paisaje ajeno, que tratamos de incorporar con el empeño de una rutina repetitiva que en su insistencia quiere reconstruir de manera imaginaria la ciudad, como una metáfora que nos de segura solvencia para contener a nuestros hijos, a nuestros padres.

    La solidaridad y la paranoia completan un círculo que encierra y delinea el horizonte de contingencia que aun esta marcado en las capas visibles, como también en las profundas y ocultas.