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Recepción : 08/02/2026 | Aprobación : 01/06/2026 | DOI: 10.29393/UR22-2CCGC30002

Del centro cívico al mall: la transformación de las subjetividades del área metro-politana de Concepción

From the civic center to the mall: the transformation of subjectivities in the Concepción metropolitan area

1. Gabriel Figueroa Montero, 2. Paula Tesche, 3. Loreto Chandía Jara.

1. Universidad de Chile, Santiago, Chile. https://orcid.org/0009-0002-9063-6944

2. Universidad Andrés Bello, Santiago, Chile. http://orcid.org/0000-0002-5653-4429

3. Universidad de Chile, Santiago, Chile. https://orcid.org/0009-0009-4914-7971


RESUMEN: Este artículo analiza cómo la modernización neoliberal implementada durante la dictadura chilena (1973–1990) reconfiguró las subjetividades urbanas en el Área Metropolitana de Concepción. Sostiene que el paso de una ciudad industrial a una metrópolis policéntrica consolidó una hegemonía territorial que reorganiza infraestructuras, normas y modos de sentir, interiorizándose como una gramática afectiva de miedo, aceleración y consumo. Se utilizó un diseño cualitativo-interpretativo, con enfoque socio hermenéutico del discurso, basado en seis entrevistas en profundidad y un grupo focal. Los hallazgos evidencian un desplazamiento espacial y subjetivo desde el centro histórico hacia nodos comerciales extra céntricos, donde el Mall del Trébol funciona como nueva centralidad que concentra seguridad y servicios y reordena los recorridos cotidianos. Este giro modifica las coordenadas temporales y espaciales del habitar. La represión y la desindustrialización erosionaron la sociabilidad y aceleraron el consumismo, traduciéndose en nuevos esquemas de percepción y prácticas urbanas en posdictadura y en el paisaje metropolitano.

Palabras clave: hegemonía territorial; emociones sociales; neo-liberalismo urbano; metrópolis policéntrica; subjetividades

ABSTRACT:  This article analyzes how neoliberal modernization implemented during the Chilean dictatorship (1973–1990) reconfigured urban subjectivities in the Concepción Metropolitan Area. It argues that the transition from an industrial city to a polycentric metropolis consolidated a territorial hegemony that reorganized infrastructures, norms, and ways of feeling, internalizing itself as an affective grammar of fear, acceleration, and consumption. A qualitative-interpretive design was used, with a socio-hermeneutic approach to discourse, based on six in-depth interviews and a focus group. The findings show a spatial and subjective shift from the historic center to extracentric commercial nodes, where the Mall del Trébol functions as a new centrality that concentrates security and services and reorganizes daily routes. This shift modifies the temporal and spatial coordinates of living. Repression and deindustrialization eroded sociability and accelerated consumerism, translating into new patterns of perception and urban practices in the post-dictatorship era and in the metropolitan landscape.

Keywords: territorial hegemony; social emotions; urban neoliberalism; polycentric metropolis; subjectivities


CITACIÓN: Figueroa Montero, G., Tesche, T., & Chandía Jara, L. (2026). Del centro cívico al mall: la transformación de las subjetividades del área metropolitana de Concepción. URBE. Arquitectura, Ciudad y Territorio, (22), 25-40. doi:10.29393/UR22-2CCGC30002

La investigación analiza cómo la modernización neoliberal reconfiguró las subjetividades urbanas en el Área Metropolitana de Concepción (AMC), que transita desde una ciudad industrial organizada en torno a la fábrica, el barrio y el centro cívico, hacia una metrópolis policéntrica y motorizada. En este nuevo paisaje urbano, el mall, o centro comercial, emerge como una centralidad subjetiva: un espacio que concentra servicios, articula el transporte público y organiza la vialidad, funcionando como refugio cotidiano para el llamado ciudadano mercader (Canales, 2022). De este modo, desplaza progresivamente al centro cívico tradicional como eje articulador de la vida urbana.

Los estudios registran cómo las trayectorias sociodemográficas y urbanas transitan desde la industrialización hacia el extractivismo y la metropolización, acompañadas de desindustrialización y tercia-rización del empleo (Aliste, Contreras & Sandoval, 2012; Napadensky-Pastene, 2016). Investigaciones sobre morfología urbana y patrones de ocupación muestran la consolidación de una estructura policéntrica (Salinas-Varela & Pérez Bustamante, 2014) que concentra el capital humano en enclaves específicos, debilita la integración territorial y agudiza las tensiones socioespaciales (Correa-Parra et al., 2023).

Este artículo sostiene que dicha transformación no es solo funcional ni morfológica, ya que expresa la consolidación de una hegemonía territorial o el proceso mediante el cual ciertas lógicas urbanas se naturalizan y se imponen sobre otras, reordenando infraestructuras, normativas y sensibilidades. El resultado es la interiorización de una gramática afectiva compuesta por tres ejes: miedo, aceleración y consumo, que da forma a nuevas maneras de habitar la ciudad: el centro cívico cede protagonismo mientras el mall se afirma como nuevo centro subjetivo.

El estudio adopta un diseño cualitativo-interpretativo. A partir del análisis del habla, se reconstruye esta mutación atendiendo a las huellas lingüísticas de la experiencia urbana.

Caso de estudio: Población, empleo y morfología urbana del amc

El AMC es una conurbación costera ubicada junto al río Biobío en el valle del Andalién. Está conformada por un sistema policéntrico con un eje central en Concepción, Talcahuano, Hualpén y San Pedro de la Paz. Presenta ramales hacia Coronel y Lota, por la costa hacia el sur. Penco y Tomé hacia el norte. Chiguayante y Hualqui, por la ribera norte del río (Figura 1). Además, cuenta con tres nodos portuarios: el puerto de San Vicente–Talcahuano, puerto Lirquén y el puerto de Coronel, junto a una red universitaria y de salud. Los principales clústeres productivos de la zona son la industria forestal- maderera y la industria pesquera.

El desarrollo histórico del AMC se ha articulado en torno a distintos ciclos productivos: tejido fabril en herrajes, curtiembres y forrajeras (Rojas Miño, 1995); luego, predominó un patrón exportador con Tomé como puerto triguero y Lota con la explotación carbonífera; y a inicios del siglo XX emergieron polos fabriles en Tomé (textil) y Penco (vidrio, refinería de azúcar y loza).

A mediados del siglo XX la zona se consolidó como principal polo industrial del país, concentrando una quinta parte del total nacional en capital fijo industrial (Rojas Miño, 1995). Centros educativos, estructura vial-portuaria y experiencia previa fueron claves (Monsálvez & Pagola, 2022) para el desarrollo. El auge se afirmó con la inauguración de Compañía de Acero del Pacífico (CAP) y la expansión de la Empresa Nacional de Electricidad, S.A (ENDESA), parte del fomento estatal que activó un cordón metalmecánico en Talcahuano y encauzó la trayectoria regional del carbón al acero (Rojas Miño, 1995; Hernández Gurruchaga, 1983).

Entre 1950 y 1970, el AMC consolidó una doble centralidad: Talcahuano centro industrial y Concepción centro cívico (Aliste, Contreras, & Sandoval, 2012; Napadensky-Pastene, 2016). La industrialización fomentó el sindicalismo y la vida política, que alojó sedes como la Central Única de Trabajadores (CUT). La reconstrucción tras el terremoto robusteció la vida pública, incentivando el tránsito peatonal y la concentración de servicios. Mientras, en Talcahuano se consolidó un cordón industrial político-productivo que elevó población y actividad económica. De esta manera, a inicios de los setenta, el eje Concepción–Talcahuano articulaba vida pública e industria.

El golpe de Estado en 1973 reorientó abruptamente esa trayectoria: privatizaciones, liberalización y apertura a la inversión extranjera aceleraron la desindustrialización y la descapitalización, en especial del sector metalmecánico. Con el auge extractivo, se expandió la tercerización de empleos simples (Ruiz & Boccardo, 2020). Entre 1968 y 2019 se consolidó un patrón primario-exportador que desplaza el metalmecánico y acompaña el auge forestal (Figura 2). La producción se desplaza a provincias cercanas y la logística se concentra en los puertos del AMC—Coronel y Lirquén como nodos centrales— (Instituto Forestal, 2022). La dictadura reconfiguró la red productiva y el tejido cívico que la sostenía. La represión afectó al núcleo de la sociabilidad laboral y estudiantil: más del 70% de las víctimas pertenecía a estos grupos. Se desmanteló el tejido sindical y se debilitó la organización de izquierda (Tesche, Chandía & Figueroa, 2024; Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, 2005). Además, el funcionamiento político urbano se vio disminuido, suprimiendo conexiones colectivas e instalando lógicas individuales de supervivencia (Canales, 2022). La región fue la segunda más reprimida del país en masividad y gravedad de violaciones a los derechos humanos, deteriorando progresivamente la calidad de vida y el habitar (Pérez & Fuentes, 2019).

En la década de 1980 se implementaron siete modernizaciones neoliberales —pensiones, salud, trabajo, educación, agricultura, administración y justicia— que modificaron la distribución de la riqueza. En el AMC, ello se tradujo en desafección política y en un giro tendencial hacia la derecha, superior al promedio nacional, visible en distintos procesos electorales (elección presidencial de 2021, plebiscito de 2022 y elección de consejeros en 2023) y en la captura municipal de Concepción, San Pedro de la Paz y Lota (CNN Chile, 2021; Biblioteca del Congreso Nacional de Chile [BCN], 2022; Televisión Universidad de Concepción [TVU], 2022; Diario Concepción, 2023, 2024a, 2024b).

En clave demográfica y laboral, la trayectoria del AMC es consistente con esta reestructuración. La desarticulación del complejo industrial histórico redistribuyó población desde enclaves fabriles hacia comunas de urbanización reciente, con expansiones sostenidas en San Pedro de la Paz, Chiguayante y Hualpén. Talcahuano se estanca y Lota disminuye; Concepción mantiene un crecimiento moderado mientras consolida funciones directivas y de servicios (Figura 3).

Entre el 2000 y 2020, Concepción expandió su base de empleo. Las localidades de San Pedro de la Paz y Hualpén incrementaron su dotación ocupacional, mientras que Chiguayante y Penco mostraron trayectorias ascendentes. En contraste, Talcahuano no recuperó sus niveles previos. Coronel y Lota exhibieron desempeños irregulares con retrocesos al final del período (Figura 4). El resultado es un patrón metropolitano menos industrial-compacto y más policéntrico-residencial, donde priman la terciarización y la suburbanización motorizada. Este reordenamiento diluye la proximidad histórica entre fábrica, barrio y sociabilidad, desplazando la cotidianeidad hacia patrones de hogar–servicios que fragmentan el tejido colectivo.

La reestructuración neoliberal del espacio urbano cambia la cen-tralidad, la movilidad y el cotidiano del AMC. El territorio devino en una metrópolis policéntrica: población y empleo migraron a comunas residenciales y la centralidad se reorganizó en torno a nodos de consumo y accesos motorizados.

MARCO TEÓRICO

La hegemonía es una forma de organizar la economía, la cultura y la moral en la vida social. La clase dominante ejerce su poder mediante la coacción —el uso legítimo de la fuerza—, pero también a través de medios de comunicación, cultura y educación. Gramsci (2001) define hegemonía como sinónimo de ideología: no solo una doctrina, sino una forma de ver el mundo que se manifiesta en lo social, la educación cotidiana y el sentido común (Sevilla, 2014; Albarez, 2016). Esto se sostiene en relaciones históricas de poder, donde élites e intelectuales construyen visiones de mundo (Sevilla, 2014; Albarez, 2016; Puentes & Suárez, 2015). La hegemonía se restablece como respuesta a crisis y cambios en el equilibrio, redefiniendo lo posible (Sevilla, 2014; Puentes & Suarez, 2015).

En su dimensión espacial, esta perspectiva sigue un modelo de con-trol territorial. La estructura social y urbana es un reflejo del plan del grupo dominante a través de reglas, estructuras y prácticas que moldean los usos, jerarquías y flujos. El territorio es producto de relaciones de poder, por medio de técnicas, saberes e instituciones. De este modo, las formas hegemónicas articulan capacidad de decisión y recursos con justificación en valores y estilos de vida, naturalizando la dominación (Albarez, 2016; Sevilla, 2014).

La subjetividad emerge en interacción con otros y en un momento histórico-cultural, lo social surge en el yo, a través de creencias sociales y vivencias personales (Pérez & Araos, 2024). Se crea en recorridos y lugares ordinarios, ritmos de vida y modos de encuentro y cuidado que generan territorios particulares (Lindón, 2006; Barrera, 2023). Así, discurso y acciones reflejan la sociedad que los produce: la manera de hablar y de usar el espacio demuestran aceptación, negociación o resistencia al orden establecido (Santander, 2011). El neoliberalismo no solo alude a políticas económicas, sino a una racionalidad que establece la competencia como principio de vida social (Laval & Dardot, 2013), creando una privatización de lo cotidiano que erosiona los soportes colectivos y transforma las relaciones, el tiempo y los vínculos de pertenencia (Canales, 2022). Geográficamente surge en modalidades de acceso y consumo, mutaciones del Estado y regulaciones a favor de ciertos usos de suelo, inversiones y zonificaciones.

Desde esta perspectiva, el AMC es un sistema urbano surcado por una hegemonía territorial en la que planos materiales (infraestructuras y centralidades), institucionales (leyes y políticas) y simbólico-subjetivos (narrativas y valores) se articulan para consolidar y ampliar un determinado orden socioespacial. El tránsito del centro cívico a nuevas centralidades es una reorganización de infraestructuras, leyes y tecnologías que redefine las proximidades, temporalidades y prácticas espaciales, transformando así la experiencia de habitar a largo plazo.

METODOLOGÍA

Se adopta un diseño cualitativo–interpretativo con enfoque socio-hermenéutico del discurso, indagando en la configuración de sentidos y prácticas de habitar a partir del habla situada y su anclaje histórico-urbano.

El universo del estudio comprende a los habitantes, hombres y mujeres, mayores de 18 años. Se utilizó un muestreo no probabilístico intencional, que representa cualitativamente distintos grupos so-ciales y asegura que cumplan con las características de interés (Hernández & Carpio, 2019). La selección de participantes maximizó la diversidad etaria, con el fin de incorporar la dimensión temporal de las transformaciones del territorio, así como la diversidad de género y ocupacional, para abordar los cambios socioproductivos del AMC y las distintas trayectorias residenciales, con el fin de comprender los roles y significados de los territorios de la metrópolis (Patton, 2002).

El cierre muestral de 12 participantes respondió a la saturación teórica y a la potencia informativa de los casos (Charmaz, 2006). Se realizaron seis entrevistas en profundidad y un grupo focal compuesto por seis participantes. El grupo focal y cuatro entrevistas en profundidad se desarrollaron en una única sesión, mientras que dos entrevistas requirieron dos encuentros. Las sesiones se registraron en audio con consentimiento informado y se transcribieron literalmente.

La pauta de entrevistas y el grupo focal se estructuraron en torno a las dimensiones de las transformaciones temporales, socioproductivas y territoriales. La flexibilidad de la estrategia metodológica permitió identificar dimensiones emergentes, atendiendo a los sentidos cons-truidos por los participantes.

Para el análisis de datos se realizó un análisis del habla, examinando aspectos de la comunicación oral, como el lenguaje, entonación, pausas, etc. El supuesto es doble: el significado es discursivo y relacional, no solo lingüístico (Canales, 2014; Santander, 2011), y el saber cualitativo se coproduce en la interacción investigador–participantes (Denzin & Lincoln, 2018). Se reconstruyen trayectorias biográficas y sentidos intersubjetivos que emergen en la conversación colectiva (Gubrium & Holstein, 2009).

Se aplicaron criterios de credibilidad, transferibilidad, dependencia y confirmación, junto con reflexiones del equipo y transparencia del proceso, en línea con estándares de buenas prácticas y reporte cualitativo (Tong et al., 2007).

RESULTADOS

El habitar del AMC cambió drásticamente con las modernizaciones neoliberales implementadas en dictadura. Los relatos analizados muestran diferencias marcadas entre quienes vivieron la ciudad industrial y quienes nacieron en la ciudad neoliberal, pero también hay un piso común: el AMC actual se describe como un espacio atemorizante, de funcionamiento rápido y poco articulado espacial y socialmente. Los hallazgos se exponen siguiendo la secuencia histórica que emerge de los relatos: ciudad industrial, ruptura dictatorial y ciudad neoliberal.

La Ciudad Industrial: Novedad, Pertenencia y Movilización

Los relatos describen el AMC industrial como un espacio que prometía nuevos horizontes más allá de la hacienda y la exportación primaria. El movimiento social articulado en el cordón industrial, con pertenencia territorial, sostenía una ciudad más cohesionada. El AMC era novedoso, atractivo, con una industria que resultaba llamativa.

Conocí Concepción en los 60, a los 16 años. Venía a pasear y comprar con mis compañeros de trabajo. (…) Para nosotros era una novedad Concepción, a eso veníamos. (…) Ver la industria es la novedad, era como ir al extranjero (José, 81 años).

Concentraciones en ese tiempo estaba una fracción de Huachipato, también ya está la empresa Fibrocopper, eso era como los que mandaban todo el movimiento. Así que ellos decían que hay una concentración en Concepción y había que ir todos a la concentración, el cordón industrial (Ricardo, 78 años).

En estos relatos, la ciudad aparece como destino y como espacio de pertenencia colectiva. El cordón industrial no es solo un dato productivo: opera como soporte de subjetividades organizadas y de un sentido común urbano que vincula trabajo, política y territorio.

La Ruptura Dictatorial: Miedo, Repliegue y Funcionalización del Espacio

Durante la dictadura, la ciudad se vuelve hostil en los relatos. Subjetividades sostenidas en un tejido social vigoroso son reemplazadas por miedo y desconfianza: el espacio público se despolitiza y la solidaridad se repliega.

En la población donde vivíamos en Hualpén, ya después ni nos saludamos siquiera, porque no sabíamos qué podía pasar que alguien podía decir, porque había una vendetta que cualquiera podría decir, ese que vive allá es socialista, ese que vive acá es comunista, entonces venían los milicos y los detenían sin haber mayor información (Ricardo, 78 años). A partir de este quiebre, el AMC pasa a experimentarse como espacio funcional —para trabajar y subsistir— más que como lugar habitable, de visita o pertenencia. El centro cívico se reduce a servicios, especialmente financieros.

Con la dictadura toda la gente estaba asustada, era poco lo que se podía hablar. En términos económicos todo mal, costaba encontrar trabajo. (…) Después de la dictadura venía a Concepción solo a cobrar el salario (José, 81 años).

El miedo aparece como reorganización del modo de habitar. La represión política y la crisis económica producen, conjuntamente, una subjetividad que se repliega: el espacio público pierde sus funciones de encuentro y deliberación, y queda reducido a su dimensión instrumental.

La Reestructuración Productiva: del Visitar al Pasar

En desmedro del sector metalmecánico, la industria forestal creció con fuerza. Desde 1980, la concentración empresarial y la expansión fuera del AMC (Arauco, Nueva Aldea) modificaron la movilidad laboral: el eje Concepción–Talcahuano perdió preponderancia y se volvió un espacio de tránsito hacia comunas articuladas hacia la producción forestal.

En los 80, (…) yo pasaba mucho por Concepción porque empecé a trabajar con [maestranza forestal], entonces íbamos a Arauco a trabajar (José, 81 años).

El lenguaje expresa esta mutación con precisión. Del visitar en los 60, al ir por necesidad en los 70, y al pasar para trabajar desde los 80. El giro primario-exportador reorienta obras públicas hacia conectividad entre Arauco y puertos madereros (Lirquén y Coronel), mientras Talcahuano pierde progresivamente su motor económico. Además, la liberalización del suelo y las erradicaciones forzadas densifican y saturan el espacio urbano, consolidando una ciudad motorizada donde el encuentro en el espacio público no es prioridad.

El problema actual es que la gente se queda encerrada en sus poblaciones. Hay cuellos de botella en todos lados (José, 81 años).

Lo que yo iba a decir es que, ojalá, Concepción bajara un cambio y nos diéramos el tiempo de saber dónde estoy y con quién estoy. Para mí eso sería importante, dar esos tiempos, que no siga en este proceso de aceleración y nos convirtamos en un Santiago (Mariana, 25 años).

Los relatos articulan transformaciones materiales —reorientación productiva, obras públicas, liberalización del suelo— con cambios subjetivos como la sensación de encierro, la aceleración y la distancia entre vecinos. La modernización neoliberal y la violencia política mercantilizan la vida desde las subjetividades:

Eso es lo que hizo el golpe de Estado, eso le hizo la dictadura. Reprimir a un pueblo y convertirlo en lo que hoy día está pasando, que es muy violento, muy doloroso y hoy día nadie critica. (…) Es estructural de lo que pasó en Chile pal 73, donde todos los derechos fueron confiscados y hay un cambio donde un grupo se adueña de este país y se cierran las empresas más importantes. (…) Pienso que la Concertación también tuvo un aporte en los años 90 de profundizar el modelo (Soledad, 75 años).

El Mall Como Nueva Centralidad Subjetiva

En este escenario, el individualismo se vuelve protagonista en las relaciones sociales y la otredad aparece como riesgosa. El centro cívico pierde atractivo y se vive como inseguro; frente a lo cual el mall aparece como espacio de seguridad, socialización y consumo.

A mí, por ejemplo, el centro yo no voy nunca, porque una me da como pánico, me da miedo un poco porque me asalten o cosas así. Siento que es incómodo andar en la calle. En cambio, acá el mall es como que tú llegas, menos delincuencia, más tranquilo (Mariana, 25 años).

Entonces, al fin y al cabo, uno dice: ¿para qué voy a ir al centro, si no voy a encontrar lo que necesito? Mejor me voy al mall, o me voy al mall porque es más seguro. (…) El Mall del Trébol en específico, no sé si fue como a propósito o las cosas se fueron dando así, pero tiene literalmente alrededor del mall tiene todo (Manuel, 40 años).

Los relatos muestran cómo el consumo articula la cotidianeidad y las relaciones se piensan desde lógicas de mercado. La deuda está presente en el día a día: se vive para pagar y se paga para seguir viviendo; el tiempo apremia y el territorio se habita entre extraños.

Mis tiempos van, quizás, en desmedro de los de ellos, porque yo no puedo regalarle lo que me sobra de tiempo a ellos. Si yo voy a participar, tiene que ser una participación de calidad. No una participación por estar (Jorge, 40 años).

Yo creo que en general es por el ritmo de vida que hay ahora. (…) La vida es muy (…) el ritmo de vida es muy diferente y ya no queda tiempo. De verdad, como que no queda tiempo para tener una vida social (Juan, 23 años).

Cuando el ritmo asfixia y la deuda organiza la existencia, la inmediatez del consumo aparece como alivio. El mall se vuelve su arquitectura: concentra, estandariza y optimiza la secuencia de compras y trámites. A su vez, gestiona el tiempo escaso como activo, limitando el encuentro.

Sí, es que tiene todo a la mano, tiene todo (…) por el estilo de vida que tenemos todos en general ahora necesitamos la inmediatez. Y el mall te da la inmediatez en todo tipo de cosas. (…) Lo que vas a hacer al centro en 4 horas en el mall te demoras 2. Entonces te da esa inmediatez. (…) También tienes la accesibilidad del tema de las micros. Todas las micros llegan al mall (Mariana, 25 años).

El mall opera como respuesta arquitectónica a una vida acelerada y endeudada. Siguiendo a Canales (2022) "El consumo satisface el exceso, como gusto y con gasto, y cobra en exceso como deuda" (p. 79). Esta lógica encuentra en el mall un soporte físico que ofrece tranquilidad, satisfacción y sensación de control, reduciendo el encuentro propio del espacio público.

El desplazamiento de la centralidad hacia el Mall del Trébol sincroniza tiempos de consumo y ofrece seguridad en un paisaje de temor. Generacionalmente, quienes conocieron la ciudad industrial evocan tejido social denso y una ciudad de destino, mientras quienes se formaron bajo el neoliberalismo la viven como lugar de paso. Territorial y simbólicamente, el cambio es decisivo: del eje cívico, la vida pública y la trama peatonal como soporte del encuentro, a un nudo comercial que atrae flujos y valor bajo lógicas hedonistas, transformando temporalidades urbanas y subjetividades (Tesche, Chandía & Figueroa, 2024).

DISCUSIÓN

Los hallazgos muestran que la transformación del AMC consolidó una hegemonía territorial —material, institucional y simbólica— que produce nuevas subjetividades urbanas. En clave gramsciana, la dominación opera menos por coacción que por naturalización: los habitantes incorporan como propias las lógicas de un habitar privatizado.

Tres mecanismos sostienen esta hegemonía. Primero, la represión del tejido sindical y estudiantil erosionó la confianza pública y los repertorios colectivos, generando subjetividades que evitan el conflicto. Segundo, la desindustrialización y la relocalización productiva extendieron los desplazamientos e intensificaron la aceleración cotidiana. Tercero, el consumo a crédito ordena el deseo en clave de urgencia: es alivio transitorio, pero también deuda y autoexigencia. Miedo, aceleración y consumo son así el correlato subjetivo de un régimen urbano-económico específico.

El mall opera en este contexto como centralidad subjetiva. No es el tercer lugar de Oldenburg (1999), un espacio de encuentro y deliberación, sino su versión privatizada y securitizada, donde la circulación reemplaza a la participación (Caldeira, 2000; Low, 2003). Los relatos lo describen simultáneamente como refugio y como espacio de control.

La perspectiva intergeneracional añade una tensión relevante: la nostalgia industrial no idealiza ese pasado, pero contrasta con una vida presente marcada por la precariedad y el endeudamiento. Esa distancia entre el pasado recordado y el presente habitado es un dato sobre cómo se experimenta subjetivamente la transformación urbana neoliberal.

CONCLUSIONES

Este artículo examinó cómo la modernización neoliberal reconfiguró las subjetividades urbanas en el AMC. El paso de ciudad industrial a metrópolis policéntrica y terciarizada afianzó una hegemonía territorial que reordenó infraestructuras, normas y sensibilidades, interiorizada como miedo, aceleración y consumo. El Mall del Trébol, como centralidad subjetiva, sustituye al centro cívico al concentrar servicios, hacer del habitar una experiencia más segura y trasladar el encuentro y la deliberación hacia lógicas de circulación y transacción.

Si la hegemonía se estabiliza en afectos y rutinas, disputarla requiere intervenciones para reponer lo público. En términos de política pública, ello implica avanzar hacia estrategias que articulen movilidad, cuidados y cohesión del espacio público, recuperar el eje cívico y el espacio peatonal mediante la promoción de espacios seguros no privatizados. Ello supone políticas que reduzcan tiempos de conmutación, densifiquen con mixtura social y promuevan contra-centralidades barriales y culturales capaces de reanudar vínculos (Rivera-Vargas et al., 2018).

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