DOI: 10.29393/UR21-1MODJ20001
1. Dayra Milena Vargas Ardila, 2 Jeffer Buitrago Betancourt.
1. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. https://orcid.org/0009-0000-7991-3897.
2.Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. https://orcid.org/0000-0002-7247-7073
RESUMEN: La revitalización del enclave industrial Siderúrgica de Medellín S.A. (SIMESA), en Medellín, Colombia, constituye un caso paradigmático de los retos de la renovación urbana en territorios con memoria obrera. Este artículo indaga en esta transformación a partir de un enfoque simbólico-discursivo, que articula métodos cuantitativos y cualitativos. El componente cartográfico y normativo evidencia la transición de un suelo industrial hacia una centralidad residencial y comercial, acompañada por procesos de valorización y cambios en la estratificación socioeconómica. Paralelamente, el análisis de entrevistas con actores institucionales, técnicos y comunitarios revela la persistencia de memorias obreras, las tensiones sobre el valor patrimonial y los distanciamientos frente a la planificación. Los hallazgos confirman que el caso SIMESA trasciende lo urbanístico y se constituye en un paisaje cultural en disputa, donde confluyen intereses públicos, privados y comunitarios. Se concluye con la necesidad de crear políticas urbanas que reconozcan la memoria fabril y promuevan espacio público legítimo e inclusivo.
Palabras clave: memoria obrera; paisaje industrial; renovación urbana; sentido de lugar; valorización urbana
ABSTRACT: The revitalization of the SIMESA industrial enclave in Medellín exemplifies the challenges of urban renewal in territories shaped by workers’ memory. This article examines the transformation of SIMESA through a symbolic-discursive approach that combines quantitative and qualitative methods. Cartographic and regulatory analysis reveals the transition from an industrial land use to a mixed residential and commercial centrality, accompanied by processes of land valorization and shifts in socioeconomic stratification. In parallel, interviews with institutional, technical, and community actors highlight the persistence of workers’ memories, tensions around heritage value, and the distancing of local communities from planning decisions. Findings confirm that SIMESA cannot be understood solely as an urban project but rather as a cultural landscape in dispute, where public, private, and community interests intersect. The article concludes on the need for urban policies that acknowledge industrial memory while promoting inclusive and socially legitimate public space.
Keywords: industrial landscape; place attachment; urban renewal; urban valorization; workers’ memory
En América Latina, la transformación de antiguos enclaves industriales se ha consolidado como un fenómeno central en los procesos de renovación urbana. Estas intervenciones trascienden la recuperación física de los suelos fabriles en desuso y abren espacios de disputa en torno a la memoria obrera, el patrimonio industrial y la valorización del suelo. En este contexto, los enclaves industriales no se entienden únicamente como vestigios materiales de un ciclo productivo, sino como paisajes cargados de significados colectivos, donde confluyen memorias del trabajo, identidades barriales y narrativas sobre el desarrollo urbano contemporáneo.
Este artículo analiza el proceso de transformación del antiguo enclave industrial Siderúrgica de Medellín S.A. (SIMESA), ubicado en la ciudad de Medellín, Colombia, dentro del instrumento de gestión Plan Parcial Gran Manzana SIMESA, que comenzó a gestarse a comienzos de la década de 2000 como parte de las estrategias municipales para la reconversión del suelo industrial y fue adoptado oficialmente en 2006 mediante el Acuerdo 46 del Concejo de Medellín, lo que marcó el inicio de la redefinición normativa y urbanística del enclave fabril. El caso se examina como expresión de las tensiones entre revitalización urbana, valorización del suelo y memoria del trabajo.
El enclave industrial SIMESA fue fundado en la década de 1940, en el contexto del proceso de industrialización que acompañó la política de sustitución de importaciones en Colombia. Localizada en el sur de Medellín, la planta se consolidó como uno de los complejos siderúrgicos más importantes del país, articulando la producción de acero con la formación de barrios obreros y la organización sindical.
Durante la segunda mitad del siglo XX, SIMESA constituyó un motor económico y un espacio de sociabilidad para miles de trabajadores y sus familias, quienes construyeron identidades vinculadas al mundo fabril. Sin embargo, la apertura económica de los años noventa y la reestructuración del sector metalúrgico condujeron a su crisis y posterior cierre, dejando amplias áreas industriales en desuso. Esta trayectoria histórica convierte a SIMESA en un referente de la memoria obrera de Medellín y en un escenario para comprender las tensiones contemporáneas entre patrimonio industrial, valorización inmobiliaria y políticas de renovación urbana.
La puesta en marcha del Plan Parcial Gran Manzana SIMESA se materializó en 2007, bajo un modelo de gestión que combinó recursos públicos y privados. La estrategia de financiación se apoyó en los mecanismos previstos por la Ley 388 de 1997, en particular el reparto equitativo de cargas y beneficios y la participación en plusvalías. A través de convenios urbanísticos, la alcaldía de Medellín facilitó la intervención del suelo, mientras los desarrolladores inmobiliarios asumieron inversiones en urbanización, infraestructura y edificaciones de alta densidad residencial. Este modelo permitió financiar obras de espacio público y equipamientos colectivos como parte de las obligaciones urbanísticas, al tiempo que canalizó capital privado hacia proyectos residenciales y comerciales que incrementaron el valor del suelo. De esta forma, la reconversión del antiguo enclave siderúrgico se consolidó como un ejemplo de alianza público-privada para la renovación urbana en Medellín, aunque no exento de críticas por priorizar la rentabilidad inmobiliaria sobre el reconocimiento del patrimonio fabril y las memorias obreras.
La ciudad de Medellín constituye un laboratorio emblemático de las transformaciones urbanas asociadas al tránsito de una economía industrial hacia una economía de servicios. Allí se han impulsado diversas políticas de renovación urbana orientadas a la resignificación de antiguos espacios fabriles estratégicos, donde el enclave industrial representa un caso paradigmático de las tensiones entre planeación normativa, valorización inmobiliaria y reconocimiento del legado obrero. Su transformación mediante el Plan Parcial Gran Manzana SIMESA buscó consolidar una nueva centralidad urbana con usos mixtos y espacios públicos. Sin embargo, en la práctica, generó debates en torno a la participación ciudadana, la gentrificación simbólica y la memoria histórica.
Este artículo aborda el enclave SIMESA como un estudio de caso simbólico-discursivo en el que confluyen las dimensiones materiales y simbólicas de la ciudad. La investigación se sustenta en un enfoque territorial crítico que reconoce al paisaje industrial urbano como un paisaje cultural, donde la historia, las prácticas sociales y los imaginarios colectivos se entrelazan con las transformaciones urbanas contemporáneas. Analizar el enclave desde la perspectiva de las narrativas locales permite comprender que los procesos de renovación urbana no solo configuran nuevas morfologías, sino también nuevas disputas por el sentido del lugar.
El objetivo de este estudio es analizar la transformación del enclave industrial SIMESA, en Medellín, como un proceso complejo en el que la valorización urbana se superpone a las memorias obreras y a los valores patrimoniales, generando tensiones en torno al sentido del lugar. Desde una metodología mixta que combina el análisis cartográfico y normativo con la codificación cualitativa de entrevistas, el estudio busca comprender cómo este territorio, históricamente reconocido como paisaje industrial urbano, adquiere rasgos de un paisaje cultural en disputa, donde confluyen intereses públicos, privados y comunitarios. Este análisis permite reflexionar sobre la necesidad de políticas urbanas más sensibles a la memoria histórica y a la participación comunitaria.
El alcance y origen de este artículo se derivan de la investigación doctoral Revitalización de los paisajes industriales urbanos en tres ciudades colombianas: Bogotá, Medellín y Barranquilla, cuyo objetivo general fue analizar los procesos de transformación de antiguos enclaves fabriles desde una perspectiva comparativa. En este trabajo se aborda de manera focalizada el caso de Medellín, seleccionado por su relevancia en el debate sobre valorización del suelo, memoria obrera y producción de espacio público en contextos de renovación urbana.
La geografía cultural surgió a finales del siglo XIX y comienzos del XX como una reacción frente a los enfoques deterministas y estrictamente físicos de la geografía clásica. Friedrich Ratzel (1882) introdujo una visión organicista que vinculaba al ser humano con el medio natural, mientras Paul Vidal de la Blache (1922) destacó la importancia del género de vida en la configuración de los paisajes. Posteriormente, Carl Sauer (1925) consolidó la tradición cultural en la Escuela de Berkeley al definir el paisaje como resultado de la acción humana sobre la naturaleza, y no como un simple producto físico. Estas aproximaciones, complementadas por la antropología y la historia, sentaron las bases para comprender los paisajes como construcciones culturales donde se expresan valores, símbolos y prácticas sociales. Desde esta perspectiva epistemológica, los paisajes industriales urbanos pueden entenderse no solo como huellas materiales de procesos productivos, sino también como escenarios donde se condensan memorias colectivas, identidades territoriales y tensiones entre conservación y transformación urbana.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, la geografía cultural experimentó un giro hacia enfoques críticos y posmodernos que ampliaron su campo interpretativo. Denis Cosgrove (1984) propuso comprender el paisaje como una forma de ver, es decir, como una representación cultural cargada de significados y mediada por relaciones de poder. James Duncan (1990) planteó que el paisaje puede leerse como un texto, un sistema de signos y discursos que expresan las estructuras sociales y los imaginarios colectivos de cada época. Paul Claval (1999) destacó la dimensión identitaria del espacio y la cultura como sistema de prácticas que producen sentido y resignifican los territorios. Augustin Berque (1994) introdujo la noción de mediancia para describir la relación recíproca entre sociedad y medio, entendida como una forma de coproducción simbólica y material. Por su parte, Chouquer (2000) definió el paisaje como un palimpsesto, donde las huellas del pasado se superponen con nuevas capas de intervención, conflicto y memoria. En conjunto, estas contribuciones consolidaron una visión contemporánea del paisaje como un campo de disputas materiales, políticas y simbólicas, en el que se expresa la relación dialéctica entre el territorio y las representaciones culturales.
En este marco, el paisaje industrial urbano se concibe como una manifestación específica del paisaje cultural, cuya lectura integra dimensiones materiales (infraestructura fabril, morfología urbana y huellas tecnológicas), simbólicas (memoria obrera, identidad de clase, sentido de lugar) e históricas (procesos de industrialización, desindustrialización y reconversión productiva). Turri (1998) advierte que todo paisaje constituye una forma de mediación entre naturaleza y cultura, mientras que Berque (2009) enfatiza que el paisaje industrial constituye un testimonio de la modernidad y un dispositivo de memoria colectiva. La mirada geográfica contemporánea permite, por tanto, interpretar estos espacios no solo como vestigios del pasado, sino como territorios vivos donde persisten significados sociales y afectivos.
La noción de paisaje cultural adquiere un papel central para analizar la transformación de los entornos fabriles. Claval (1999) lo define como un sistema de significados donde se materializan prácticas, valores y representaciones sociales; Berque (1994) lo concibe como mediación entre las formas materiales y las dimensiones simbólicas del habitar; y Chouquer (2000) lo interpreta como un archivo territorial en constante reescritura. Esta perspectiva ha sido retomada en América Latina por autores como Contreras y Núñez (2022), quienes señalan que el patrimonio industrial debe entenderse como un campo de tensiones entre valorización inmobiliaria, conservación del legado fabril y luchas por la memoria obrera. En este sentido, los paisajes industriales latinoamericanos no solo constituyen testimonios de la modernidad industrial, sino también escenarios donde se actualizan las disputas por el sentido del territorio, entre las lógicas del mercado y las aspiraciones de preservación identitaria.
La memoria ocupa un lugar central en la comprensión de los procesos de transformación de los paisajes industriales urbanos (Cresswell, T. 2008, Yi-Fu Tuan 1977) introdujo el concepto de topofilia para describir el vínculo afectivo con los lugares, mientras que Duncan (1990) y Lefebvre (1968) señalan que el espacio es también una construcción social, producto de la práctica y del poder. La memoria del trabajo industrial, inscrita en los paisajes fabriles, se manifiesta a través de huellas materiales, relatos orales, símbolos urbanos y rituales cotidianos. Lefebvre (1968) sostiene que el “derecho a la ciudad” implica la apropiación social del espacio frente a las lógicas tecnocráticas y mercantiles. En este sentido, los paisajes industriales urbanos se transforman en espacios de resistencia simbólica, donde las comunidades reinterpretan su herencia fabril frente a las dinámicas de valorización urbana.
En el ámbito de la renovación urbana, David Harvey (2003) desarrolla el concepto de acumulación por desposesión, mediante el cual el capital revaloriza territorios urbanos desplazando prácticas, memorias y poblaciones. James Holston (2008) propone la idea de ciudadanía insurgente para describir cómo los habitantes reconfiguran los proyectos urbanos desde sus propias experiencias. McFarlane (2011) introduce la noción de ensamblaje urbano, que permite comprender la ciudad como un conjunto de saberes, prácticas y aprendizajes translocales. Desde esta perspectiva, la renovación urbana no puede reducirse a la intervención física del espacio, sino que debe entenderse como un proceso complejo de disputa simbólica y política.
En los estudios recientes sobre renovación urbana y patrimonio industrial en América Latina, se reconoce que las políticas de reconversión suelen privilegiar los valores inmobiliarios sobre las dimensiones sociales e históricas (Contreras & Núñez, 2022). No obstante, algunos casos de recuperación fabril, como los Talleres Robledo en Medellín, evidencian posibilidades de resignificación cultural y educativa de antiguos enclaves industriales. En Robledo, la restauración de las estructuras permitió crear un espacio de formación y apropiación ciudadana. Estos ejemplos ilustran el potencial de los paisajes industriales resignificados para fortalecer identidades locales y diversificar las estrategias de desarrollo urbano.
El marco normativo colombiano ofrece el contexto institucional en el que se inscribe el caso de estudio. La Ley 388 de 1997 constituye el principal instrumento de ordenamiento territorial en el país, al establecer la función pública del urbanismo y los mecanismos de gestión del suelo, entre ellos los planes parciales. Estos instrumentos permiten desarrollar operaciones de renovación, redesarrollo o reestructuración urbana bajo los principios de utilidad pública y reparto equitativo de cargas y beneficios. En Medellín, el Acuerdo 46 de 2006 adoptó el Plan Parcial Gran Manzana SIMESA, convirtiéndose en la base jurídica y técnica para la reconversión del antiguo enclave industrial. Dicho plan consolidó un modelo de gestión mixta, público-privada, orientado a generar una nueva centralidad urbana con espacios públicos y usos residenciales, comerciales y dotacionales.
Sin embargo, la aplicación de estos instrumentos ha revelado tensiones entre el diseño institucional y las expectativas ciudadanas. Aunque la normativa reconoce la importancia del patrimonio cultural y la participación, en la práctica la implementación se ha centrado en la valorización inmobiliaria y en la densificación del suelo, dejando en segundo plano las memorias sociales y la dimensión simbólica del territorio. Esta contradicción reproduce lo que Harvey (2003) denomina la lógica de la acumulación por desposesión, en la cual la producción de ciudad se subordina a los intereses del capital.
Desde una perspectiva político-espacial, Lefebvre (1968) propuso el derecho a la ciudad como principio que reivindica la centralidad de los sujetos urbanos en la producción del espacio. Este enfoque resulta fundamental para analizar los procesos de renovación que, al priorizar la rentabilidad sobre la memoria, tienden a generar desarraigo y fragmentación social. En esta línea, Leitner et. al (2020) insisten en la necesidad de abordar las transformaciones urbanas “desde adentro hacia afuera”, reconociendo las escalas locales y las narrativas comunitarias como fuentes legítimas de conocimiento y acción.
La renovación urbana en Colombia ha sido históricamente concebida desde una visión funcionalista, centrada en la rehabilitación física de áreas deterioradas y en la atracción de inversión privada. No obstante, los enfoques contemporáneos de la geografía crítica sostienen que la ciudad no puede entenderse únicamente como soporte material, sino como un espacio de significados, memorias y aprendizajes. Integrar la perspectiva del paisaje cultural como unidad de análisis en la formulación de los instrumentos de planificación urbana constituye una oportunidad para conciliar el desarrollo con la preservación de la memoria colectiva y el sentido del lugar.
En síntesis, el marco teórico y normativo permite situar la transformación del enclave industrial SIMESA en un contexto analítico integral. Desde la geografía cultural y los estudios críticos del urbanismo, se reconoce que los paisajes industriales constituyen escenarios donde confluyen materialidades fabriles, memorias sociales y dinámicas de valorización urbana.
A su vez, la legislación urbanística colombiana en particular la Ley 388 de 1997 y el Acuerdo 46 de 2006, configura el marco institucional que posibilita, pero también condiciona, las formas de renovación y resignificación del patrimonio industrial. Este conjunto de referentes conceptuales y normativos constituye la base para comprender, en los apartados siguientes, la relación entre valorización del suelo, memoria obrera y políticas urbanas en el enclave SIMESA, así como para analizar cómo estas dimensiones configuran las actuales disputas por el sentido del lugar.
La investigación se desarrolló bajo un enfoque mixto de carácter interpretativo, que combina herramientas cuantitativas y cualitativas para comprender la transformación territorial del enclave industrial SIMESA en Medellín Figura 1 desde sus dimensiones materiales, normativas y simbólicas. Este enfoque permite articular la lectura técnica de los instrumentos de planeación con la interpretación de los discursos sociales y las narrativas locales, con el propósito de evidenciar cómo la renovación urbana incide tanto en la morfología del espacio como en el sentido del lugar. El análisis se sustentó en tres tipos de fuentes: (1) cartográficas y normativas, (2) documentales e institucionales, y (3) testimoniales, las cuales fueron tratadas de forma complementaria mediante procedimientos de comparación, codificación y análisis semántico.
Fase 1: cartográfica y normativa
En la primera etapa se realizó una revisión documental y normativa del Plan Parcial Gran Manzana SIMESA, adoptado mediante el Acuerdo 46 de 2006 del Concejo de Medellín, junto con los antecedentes urbanísticos y las disposiciones de la Ley 388 de 1997 sobre ordenamiento territorial. Esta revisión permitió establecer el marco institucional y los mecanismos de gestión del suelo aplicados en el proceso de reconversión. Los documentos oficiales, planos reguladores y actas de concertación fueron sistematizados para identificar las principales transformaciones en el tratamiento urbanístico, la estructura de usos y la configuración del espacio público.
Se elaboraron mapas comparativos a partir de la cartografía digital de la Alcaldía de Medellín y del sistema SIG GeoMedellín, con el fin de visualizar la transición de un suelo industrial monofuncional hacia una centralidad de usos mixtos. La información espacial fue procesada mediante herramientas de análisis geográfico, lo que permitió identificar los cambios en los tratamientos urbanísticos y en la densidad de ocupación del suelo entre los años 1999 y 2014. La Figura 2A y 2B presenta la comparación cartográfica del tratamiento urbanístico antes y después de la adopción del plan parcial, evidenciando el paso de un modelo industrial consolidado hacia un esquema urbano orientado a la integración de vivienda, servicios y espacio público.
En la Figura 3, se representa la evolución de los usos del suelo antes y después de la adopción del plan parcial, donde se observa una disminución significativa de las áreas fabriles y un incremento de los usos residenciales y dotacionales, el cambio normativo derivado del Plan Parcial consolidó un modelo urbano mixto que, si bien promovió la renovación física del sector, generó transformaciones profundas en la estructura social y económica del entorno inmediato.
Fase dos: documental e institucional
La segunda fase correspondió al componente cualitativo, orientado a la interpretación simbólico-discursiva del proceso de transformación urbana. Se realizaron entrevistas semiestructuradas a actores vinculados al enclave, seleccionados por su experiencia directa con el territorio y su conocimiento de las dinámicas de planeación. Los participantes fueron: un ex trabajador de la antigua siderúrgica, un funcionario vinculado a la gestión patrimonial y urbana del municipio, y un residente del sector con liderazgo comunitario. La selección intencional de estos perfiles buscó garantizar la diversidad de perspectivas institucionales, técnicas y ciudadanas, posibilitando una lectura contrastada de los discursos sobre memoria, patrimonio y desarrollo. Las entrevistas se llevaron a cabo de manera virtual entre 2024 y 2025, con consentimiento informado, y posteriormente fueron transcritas de forma literal y procesadas en el software ATLAS.ti. El procedimiento analítico consistió en la aplicación de una codificación abierta y axial que permitió organizar el material textual en categorías temáticas relacionadas con la memoria del trabajo industrial, la transformación del paisaje, la apropiación barrial, los conflictos de interés y el valor patrimonial.
Fase tres: testimoniales
De forma complementaria, se aplicó un análisis de frecuencia léxica y de coocurrencias semánticas para identificar los términos más representativos en las entrevistas y visualizar las asociaciones conceptuales más relevantes. El corpus analizado estuvo conformado por tres transcripciones que totalizaron aproximadamente doce mil palabras. Los resultados del conteo de frecuencia y de las nubes de palabras mostraron la alta recurrencia de conceptos como memoria, fábrica, patrimonio, renovación, trabajo y suelo, los cuales fueron interpretados a la luz de las categorías simbólicas predefinidas. Este procedimiento fortaleció la triangulación entre los hallazgos discursivos y las transformaciones normativas y espaciales identificadas en las etapas previas, consolidando una lectura integrada del proceso. La triangulación metodológica constituyó un eje central de la investigación, al permitir contrastar los resultados obtenidos mediante diversas fuentes cartográficas, normativas y testimoniales, garantizando coherencia entre las escalas de análisis y los niveles de interpretación. El cruce de información documental, gráfica y discursiva facilitó la comprensión de la relación entre la transformación física del territorio y los significados sociales que emergen en torno a la pérdida o resignificación del patrimonio industrial. Se adoptaron estrategias de verificación cruzada, saturación teórica y trazabilidad analítica. Las codificaciones fueron revisadas de forma iterativa hasta consolidar un sistema de categorías estable y coherente con los objetivos del estudio. Los resultados no buscan establecer generalizaciones estadísticas, sino profundizar en las interpretaciones locales y simbólicas del proceso de renovación urbana del enclave SIMESA. Desde el punto de vista ético, se garantizó la confidencialidad de la información, la participación voluntaria y el anonimato de los entre-vistados. Los nombres fueron reemplazados por códigos alfanuméricos y los fragmentos citados se emplearon exclusivamente con fines académicos. Todas las entrevistas se realizaron con consentimiento informado y conforme a las normas éticas institucionales.
Los resultados obtenidos permiten interpretar la transformación del enclave industrial SIMESA en Medellín como un proceso multi-dimensional donde convergen cambios morfológicos, ajustes normativos y tensiones simbólicas por el sentido del lugar. El análisis comparativo de los instrumentos urbanísticos y la información cartográfica evidencia la transición de un suelo industrial a un modelo urbano mixto, mientras que las entrevistas cualitativas revelan percepciones diversas sobre la pérdida del patrimonio fabril, la apropiación barrial y el papel de la planificación municipal. Estas dimensiones, examinadas de manera conjunta, ponen de relieve las tensiones estructurales entre valorización urbana y memoria obrera, características de los procesos de renovación postindustrial en América Latina.
Desde el punto de vista físico y normativo, el Plan Parcial Gran Manzana SIMESA implicó una redefinición sustantiva del uso del suelo. El área que durante décadas albergó la producción siderúrgica fue incorporada al sistema urbano mediante la delimitación de unidades de actuación y la introducción de usos residenciales, comerciales y dotacionales. Este cambio responde a las directrices de la Ley 388 de 1997, que faculta a los municipios para ejecutar procesos de redesarrollo urbano bajo criterios de reparto equitativo de cargas y beneficios. No obstante, su aplicación en el contexto del enclave SIMESA consolidó una lógica de valorización inmobiliaria sustentada en la generación de plusvalías y en la densificación vertical, que transformó radicalmente la morfología y la estructura social del sector.El análisis de la información socioespacial confirma la reconfiguración del entorno urbano inmediato al enclave, evidenciando una transición en el perfil económico y demográfico de los habitantes.
La Figura 4 muestra la evolución espacial de la estratificación socio-económica en el entorno de la Gran Manzana SIMESA, donde se evidencia una disminución sostenida de los estratos 2 y 3, junto con un incremento significativo de los estratos 4 y 5 en las manzanas aledañas al antiguo enclave fabril. Este patrón confirma la progresiva valorización del suelo derivada de la implementación del plan parcial y del reposicionamiento de la zona dentro del mercado inmobiliario metropolitano. En términos de Harvey (2003), este proceso se asocia con la acumulación por desposesión, en la medida en que el capital revaloriza territorios previamente depreciados, desplazando las memorias obreras y las redes sociales históricamente arraigadas en el lugar. Las entrevistas realizadas evidencian cómo esta transformación material se acompaña de una ruptura en los referentes simbólicos de los habitantes, un ex trabajador de la antigua siderúrgica expresó: “Aquí todo cambió cuando tumbaron las naves; era como si hubieran borrado nuestra historia con una retroexcavadora. Ya nadie recuerda que aquí se hacía acero. Solo ven edificios y comercio”, (Entrevista 1, Medellín).
Este testimonio condensa el sentimiento de pérdida identitaria que acompaña los procesos de renovación urbana cuando la lógica del desarrollo privilegia la rentabilidad sobre la memoria. La memoria obrera emerge, por tanto, como una categoría transversal del análisis. Siguiendo a Tuan (1977), el sentido de lugar se construye a partir de las experiencias vividas y de los vínculos afectivos con el territorio. En el caso de SIMESA, estos lazos se sostienen en las huellas del trabajo industrial, en la solidaridad entre los antiguos empleados y en la identidad colectiva forjada en torno a la fábrica. No obstante, la desaparición de las estructuras fabriles y la falta de estrategias de conservación simbólica han debilitado esta relación, generando lo que Berque (1994) denomina una ruptura de mediancia entre la sociedad y su entorno. Los fragmentos discursivos de los entrevistados evidencian la persistencia de esta tensión: “No dejaron ni una placa que contara lo que fue esto, ni siquiera un muro, como si el acero nunca hubiera existido” (Entrevista 2, Medellín).
Desde la perspectiva institucional, el discurso de la planificación enfatiza la eficiencia, la densificación y la generación de espacio público, pero relega los componentes simbólicos e históricos a un segundo plano. Los documentos del Departamento Administrativo de Planeación de Medellín (2014) señalan que el Plan Parcial se concibió como una estrategia de renovación integral con enfoque en sostenibilidad y equidad urbana. Sin embargo, las entrevistas con funcionarios revelan que las acciones de preservación patrimonial se limitaron a la elaboración de inventarios referenciales sin efectos normativos: “No había recursos ni una directriz clara para conservar nada; el suelo era demasiado valioso y la prioridad era aprovecharlo” (Entrevista 3, Medellín).
Este testimonio confirma la brecha entre la retórica de la sostenibilidad y la práctica urbana, en la cual la valorización económica prevalece sobre la preservación cultural.
La articulación entre los discursos institucionales y comunitarios evidencia lo que Duncan (1990) denomina la textualidad del paisaje: la coexistencia de narrativas contradictorias que configuran el significado del espacio. Mientras para la administración municipal el enclave se proyecta como símbolo de modernidad y revitalización, para los antiguos trabajadores y residentes representa una pérdida de identidad y un desplazamiento simbólico. Esta dualidad reproduce la tensión señalada por Lefebvre (1968) entre el espacio concebido por la planificación y el espacio vivido por sus habitantes.
En este sentido, el enclave SIMESA se convierte en un territorio de negociación permanente entre las memorias del trabajo y las lógicas del mercado.
El análisis discursivo de las entrevistas codificadas en ATLAS.ti permitió identificar cinco categorías simbólicas interrelacionadas: memoria del trabajo industrial, transformación del paisaje, apropiación barrial, conflictos de interés y valor patrimonial. La Figura 5 sintetiza gráficamente las recurrencias conceptuales y la distribución de los términos más significativos en los discursos de los tres actores entrevistados. Confirma la prevalencia de los ejes semánticos asociados a la memoria obrera, el trabajo y la valorización del suelo, y permite distinguir cómo los campos léxicos vinculados a la renovación y al patrimonio se entrecruzan con nociones de espacio público y barrio, lo que evidencia la coexistencia de narrativas institucionales y comunitarias. La categoría memoria del trabajo industrial se asocia con los relatos que remiten a la vida cotidiana en la fábrica, a la organización sindical y a los lazos de solidaridad entre los obreros. Estos discursos, en términos de Claval (1999), configuran un sistema de significados que otorga identidad al territorio y lo diferencia de otros espacios urbanos. La pérdida de estas referencias se traduce en una forma de desposesión simbólica que afecta el imaginario colectivo del barrio y su representación en la ciudad.
En contraste, la categoría transformación del paisaje alude a las percepciones sobre el cambio físico del entorno. Los entrevistados destacan la modernización de la infraestructura, la creación de vías y equipamientos, pero también la homogeneización estética de los nuevos desarrollos: “Antes uno sabía que estaba en el barrio de la fábrica; ahora todo se parece a cualquier parte, puro concreto y vidrios” (Entrevista 1, Medellín).
Esta observación refleja lo que Chouquer (2000) denomina la reescritura del palimpsesto urbano, en la cual cada intervención borra o superpone significados anteriores, generando paisajes híbridos y fragmentados. La categoría apropiación barrial evidencia los esfuerzos de los habitantes por mantener formas de identidad y cohesión en medio de la transformación. Algunos residentes han impulsado actividades culturales, encuentros comunitarios y recorridos históricos que buscan recuperar la memoria del trabajo y visibilizar la historia del enclave. Estas iniciativas, aunque incipientes, representan lo que Holston (2008) denomina ciudadanía insurgente, es decir, prácticas sociales que reivindican el derecho a la ciudad desde la experiencia cotidiana.
La categoría conflictos de interés agrupa las tensiones entre actores públicos, privados y comunitarios en torno a la gestión del suelo y la apropiación del espacio público. Mientras los desarrolladores priorizan la rentabilidad de los proyectos inmobiliarios, las comunidades demandan mayor participación y reconocimiento simbólico. Esta tensión, como señala Harvey (2003), refleja la pugna entre el valor de uso y el valor de cambio del espacio urbano. Los entrevistados coinciden en que las decisiones se tomaron de manera vertical, con escasos mecanismos de concertación: “Todo se decidió en los escritorios, sin preguntar a nadie del barrio” (Entrevista 3, Medellín).
Finalmente, la categoría valor patrimonial integra los discursos sobre la necesidad de conservar las huellas fabriles y reconocer la historia industrial de Medellín como parte de su identidad urbana. Aunque el Plan Parcial incluyó en su diagnóstico referencias al patrimonio industrial, no estableció lineamientos específicos de protección o reutilización de estructuras. La ausencia de instrumentos de conservación contrasta con experiencias internacionales como las de España, Portugal y México, donde la reconversión fabril se articuló con políticas de memoria y turismo cultural, integrando el valor patrimonial en las estrategias de desarrollo territorial (Abad, 2017; Contreras & Núñez, 2022).
El análisis integrado de las cinco categorías permite afirmar que el enclave SIMESA constituye un ejemplo paradigmático de lo que puede denominarse un paisaje cultural en tensión. No se trata de una categoría establecida a priori, sino de un resultado empírico derivado del entrecruzamiento de evidencias materiales, discursivas y normativas. En este sentido, el caso confirma la vigencia de los planteamientos de Berque (1994) y Turri (1998) sobre la necesidad de interpretar el paisaje como mediación entre lo visible y lo vivido, entre lo tangible y lo simbólico. La coexistencia de proyectos inmobiliarios, memorias del trabajo y aspiraciones de reconocimiento patrimonial revela la pluralidad de significados que cohabitan en un mismo territorio.
En términos de geografía cultural, esta tensión se expresa en la apropiación diferenciada del espacio y en la producción de nuevas narrativas urbanas. Lefebvre (1968) advierte que la ciudad es, ante todo, un campo de confrontación entre intereses institucionales, económicos y sociales. En el caso SIMESA, esta confrontación se materializa en la contraposición entre las aspiraciones de modernización impulsadas por la administración y la defensa de la memoria obrera promovida por la comunidad. La coexistencia de ambas racionalidades la del crecimiento urbano y la de la identidad territorial redefine los límites de la planificación.
La noción de paisaje cultural en tensión adquiere, así, relevancia analítica al situar la relación entre preservación y valorización dentro de un marco simbólico más amplio. No se trata únicamente de la pérdida de edificaciones fabriles, sino de la erosión de los sentidos compartidos del lugar, de los valores sociales asociados al trabajo y de las formas de convivencia que caracterizaron la vida industrial. Como advierte Chouquer (2000), cada intervención urbana reescribe la historia territorial y redefine el equilibrio entre memoria y olvido. En este contexto, la memoria se convierte en un recurso político y cultural capaz de cuestionar los discursos hegemónicos de la planificación.
Los hallazgos también sugieren que la experiencia de SIMESA puede aportar a la formulación de políticas públicas orientadas a integrar la memoria industrial en la renovación urbana. La incorporación de estrategias de participación comunitaria, señalética patrimonial y usos mixtos con valor cultural permitiría compatibilizar la transformación física con la preservación simbólica del territorio. En términos de Berque (2009), ello implicaría restablecer la mediancia entre la sociedad y su entorno, devolviendo a la ciudad su capacidad de expresar identidades y trayectorias históricas.
La sustitución del uso industrial por desarrollos residenciales y de servicios, evidenciada en los planos normativos y en la redistribución de los estratos socioeconómicos, expresa el paso de un territorio productivo a un paisaje urbano valorizado. Sin embargo, este cambio material se acompaña de una pérdida progresiva de las referencias identitarias y de los vínculos comunitarios construidos alrededor de la memoria obrera, lo que pone en cuestión la sostenibilidad cultural de los modelos de renovación aplicados.
El análisis desarrollado demuestra que el enclave SIMESA no puede interpretarse únicamente como un proyecto de desarrollo urbano, sino como un paisaje cultural en tensión, donde se enfrentan distintas racionalidades sobre el valor del territorio. Por un lado, la planificación institucional, orientada por la eficiencia y la rentabilidad del suelo; por otro, las memorias del trabajo y los significados sociales asociados a la experiencia fabril. Esta superposición de narrativas confirma que la ciudad postindustrial no se construye únicamente mediante normas y edificaciones, sino también a través de disputas simbólicas por la legitimidad de la memoria, la identidad y el sentido del lugar. Desde la geografía cultural, el caso de SIMESA permite reafirmar que los paisajes industriales constituyen espacios privilegiados para comprender la interacción entre materialidad, historia y cultura. Tal como señalan Berque (1994) y Chouquer (2000), el paisaje es un palimpsesto en el que se inscriben capas sucesivas de usos, valores y representaciones. En el enclave analizado, las huellas de la antigua siderúrgica conviven con los proyectos inmobiliarios contemporá-neos y con las memorias orales de los habitantes, configurando un escenario donde lo visible y lo vivido se entrelazan. Esta perspectiva aporta a los estudios urbanos una lectura más densa y sensible de la transformación territorial, que reconoce el papel de la memoria como componente estructural del espacio.
Los hallazgos revelan la necesidad de fortalecer los marcos norma-tivos de la planificación urbana para incorporar explícitamente la dimensión simbólica del patrimonio industrial. En el caso de Medellín, el Plan Parcial Gran Manzana SIMESA se orientó hacia la densificación y la valorización del suelo, pero careció de instrumentos específicos para la preservación del legado fabril o para la participación activa de las comunidades locales. Esta omisión evidencia una brecha persistente entre las políticas de ordenamiento y las políticas culturales, que limita la posibilidad de construir modelos de desarrollo más integrales y sostenibles.
En términos de política pública, el estudio sugiere que los procesos de renovación urbana deben trascender el paradigma del redesarrollo económico para incorporar estrategias de gestión patrimonial y participación ciudadana. Esto implica reconocer los enclaves industriales como componentes esenciales de la memoria urbana y como oportunidades para la creación de nuevos espacios públicos con valor histórico y cultural.
Asimismo, resulta necesario implementar instrumentos de conservación flexible que permitan la reutilización de estructuras fabriles en proyectos habitacionales, culturales o educativos, evitando su demolición total. En este sentido, el caso de SIMESA y la incorporación de los antiguos Talleres Robledo al nuevo Museo de Arte Moderno de Medellín constituyen referentes locales que demuestran la viabilidad de integrar el patrimonio industrial en procesos de renovación urbana, articulando la memoria fabril con nuevas funciones sociales, culturales y urbanísticas.
De igual manera, se propone diseñar mecanismos de participación temprana y vinculante que garanticen la intervención efectiva de las comunidades en la definición de los proyectos y en la construcción de la memoria del lugar. Posteriormente, se plantea la articulación de las políticas urbanas y culturales mediante programas de señalética, musealización o rutas patrimoniales que contribuyan a visibilizar los paisajes industriales como parte del imaginario colectivo de la ciudad. Estas acciones contribuirían a restablecer lo que Berque (2009) denomina la mediancia entre sociedad y territorio, esto es, la capacidad de la ciudad para expresar sus trayectorias históricas y proyectar un desarrollo con sentido identitario. En este marco, el patrimonio industrial deja de ser un vestigio del pasado para convertirse en una herramienta de construcción de ciudadanía y de fortalecimiento del vínculo entre memoria, espacio y comunidad.
Finalmente, el caso del enclave SIMESA ofrece una reflexión más amplia sobre los límites del modelo de planificación neoliberal en contextos urbanos latinoamericanos. La renovación urbana, cuando se concibe exclusivamente desde la valorización del suelo, tiende a reproducir desigualdades y a fragmentar los tejidos sociales. Por el contrario, una planificación que reconozca el valor simbólico de los paisajes industriales urbanos puede contribuir a construir ciudades más justas, inclusivas y conscientes de su historia. La integración de la memoria obrera en los proyectos urbanos no constituye una mirada nostálgica, sino una apuesta por el futuro: una manera de dotar de significado al desarrollo y de garantizar que los espacios de la ciudad sigan siendo territorios de pertenencia, encuentro y aprendizaje colectivo.
Los autores agradecen a la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, por el acompañamiento académico e institucional brindado en el marco del proceso de formación doctoral del cual se deriva esta investigación. De igual manera, se reconoce la colaboración de las comunidades locales del área de estudio en Medellín que participaron, así como el apoyo de profesionales e instituciones que aportaron insumos técnicos y documentales relevantes. En particular, se agradece a los arquitectos Juan Carlos García Bocanegra, Giovanna Spera y Jorge Pérez Jaramillo, vinculados al proceso de formulación y desarrollo del Plan Parcial Gran Manzana SIMESA, adoptado mediante el Decreto 124 de 2006, por su apertura al intercambio técnico y por facilitar información relevante para el análisis del caso de estudio.
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