1. Luisa Ríos Hernández, 2. Maria López Meza.
1. Universidad del Bio Bio, Concepción, Chile.ttps://orcid.org/0009-0001-3364-3649
2. Departamento de Planificación y Diseño Urbano, Núcleo Milenio Patrimonios (NUPATS) y el Centro de Estudios Territoriales e Interdisciplinarios (CETI), Universidad del Bío-Bío. https://orcid.org/0000-0002-0942-9722
RESUMEN: Esta investigación examina la carpintería de ribera en Caracolitos, Calbuco, (región de Los Lagos), Chile, como un caso ejemplar de la interrelación entre el patrimonio cultural inmaterial y sus condiciones espaciales. La hipótesis sostiene que la precariedad de los espacios arquitectónicos y urbanos amenazan la continuidad del oficio, mientras que la persistencia de los carpinteros representa un acto de resistencia cultural. Se propone analizar la forma en que estas condiciones espaciales afectan la sostenibilidad, transmisión y reproducción del conocimiento ancestral, desde una perspectiva integral. El enfoque metodológico, de carácter cualitativo-fenomenológico, incluyó entrevistas, observación participante, registro fotográfico, planimetrías y análisis territorial. Los resultados demuestran la existencia de una brecha normativa y material entre el reconocimiento patrimonial del oficio y las condiciones reales de desarrollo, situando al astillero de Caracolitos en una posición de vulnerabilidad que requiere un abordaje transdisciplinar.
Palabras clave: carpintería; patrimonio intangible; paisaje; elementos arquitectónicosABSTRACT: This research examines riverside carpentry in Caracolitos, Calbuco, as an exemplary case of the interrelation between intangible cultural heritage and its spatial conditions. The central hypothesis argues that the precariousness of architectural and urban spaces threatens the continuity of the craft, while the persistence of the carpenters represents an act of cultural resistance. The study analyzes how these spatial conditions affect the sustainability, transmission, and reproduction of ancestral knowledge, adopting a comprehensive perspective. The qualitative-phenomenological methodological approach included interviews, participant observation, photographic documentation, planimetric surveys, and territorial analysis. The findings demonstrate the existence of a normative and material gap between the heritage recognition of the craft and the actual development conditions, positioning the Caracolitos shipyard in a vulnerable scenario that requires a transdisciplinary approach.
Keywords: carpentry; intangible heritage; landscape; architectural elements
La carpintería de ribera constituye una de las expresiones más significativas del patrimonio cultural inmaterial del sur de Chile. Desarrollada históricamente en el borde costero, esta práctica refleja un profundo arraigo territorial. En Calbuco, la persistencia del oficio en el sector de Caracolitos evidencia tanto la continuidad de saberes ancestrales como su actual fragilidad frente a diversas amenazas. Estas se manifiestan en la precariedad de los espacios de trabajo, la ausencia de marcos normativos adecuados y la creciente presión urbana sobre los lugares tradicionales de producción.
Aunque ha sido reconocida como patrimonio cultural inmaterial, esta condición no se ha traducido en transformaciones materiales que garanticen su continuidad. El Plan Regulador Comunal (PRC) de Calbuco, en su Anteproyecto de Ordenanza Local actualizado en 2023 (Ministerio del Medio Ambiente [MMA], 2023),refleja un desfase entre reconocimiento simbólico y viabilidad operativa. La incorporación de la Zona de Equipamientos Carpinteros de Ribera (ZEcr) representa un primer avance institucional, pero sus restricciones de edificabilidad, usos de suelo y densidad no responden a las necesidades de un oficio que requiere infraestructuras específicas para una dinámica productiva compleja.
De esta manera los carpinteros continúan desarrollando su labor bajo condiciones adversas, utilizando estructuras provisionales construidas con materiales reciclados y sin resguardo frente al clima. Esta precariedad afecta la eficiencia, seguridad y transmisión del conocimiento, así como la competitividad frente a nuevas tecnologías constructivas (MMA, 2023). Además, la transformación urbana del entorno ha reducido el espacio disponible para la actividad productiva, generando conflictos de uso que evidencian la falta de integración del patrimonio en la planificación urbana contemporánea.
Este estudio aborda dicha problemática desde una perspectiva cualitativa que integra dimensiones arquitectónica, urbana y territorial del oficio, analizando cómo las condiciones espaciales inciden en la continuidad del saber patrimonial. Se plantea la hipótesis de que la sostenibilidad de la carpintería de ribera requiere una articulación inseparable entre sus dimensiones materiales e inmateriales, enten-didas como un sistema interdependiente.
Los objetivos son: analizar los elementos arquitectónicos, urbanos y paisajísticos que configuran el espacio de la carpintería de ribera en Caracolitos; identificar los principales desafíos que enfrenta el oficio en su contexto actual; y reflexionar sobre posibles intervenciones para fortalecer su sostenibilidad. Esta mirada busca complementar enfoques centrados exclusivamente en lo cultural o económico, resaltando la centralidad del espacio como soporte material de las prácticas culturales.
El patrimonio cultural inmaterial, según la Convención para la Salva-guarda del Patrimonio Cultural Inmaterial (Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia, la Cultura, UNESCO, 2003), que constituyen los cimientos identitarios de las comunidades. En el sur de Chile, la carpintería de ribera es una manifestación viva de este patrimonio, al integrar conocimientos técnicos, prácticas comunitarias y una estrecha relación con el territorio costero.
Sin embargo, su continuidad no se garantiza solo con la transmisión de saberes. Avrami (2019) sostienen que el patrimonio inmaterial requiere condiciones materiales para subsistir, donde los espacios físicos funcionan como soporte indispensable para la práctica y transmisión. En esta línea, diversos autores han cuestionado la tradicional dicotomía entre patrimonio tangible e intangible. Baillie y Chippindale (2006), y Wain (2014), plantean que ambos dominios son interdependientes y deben ser abordados como parte de un sistema cultural integrado.
En el caso de la carpintería de ribera, los astilleros, playas de varado y talleres no solo cumplen funciones técnicas, sino que constituyen paisajes culturales donde se entrelazan relaciones identitarias, vínculos sociales y aprendizajes. La falta de estos espacios adecuados compromete tanto la seguridad laboral como la transmisión intergeneracional del conocimiento (Rohn Bazurto, 2020; Ayalp y Bozdayi, 2013).
Desde una perspectiva espacial, el territorio no es un mero contenedor físico, sino el resultado de interacciones sociales, políticas y económicas. La producción del espacio —según esta visión— está estrechamente vinculada a las prácticas culturales que lo configuran. Así, las condiciones materiales del astillero de Caracolitos reflejan procesos históricos de marginación, inequidad normativa y desplazamiento urbano.
Diversos antecedentes nacionales permiten contextualizar el caso dentro de un escenario más amplio. Tamayo (2018) ha documentado la fragilidad infraestructural de los astilleros en Los Lagos; Schmidt Kamp (2018), los saberes constructivos tradicionales en Aysén; Vivanco (2021), los procesos de patrimonialización en Lebu; y Paredes (2019), las tensiones entre expansión urbana y continuidad del oficio en la Región de Los Ríos.
Todos estos estudios coinciden en que la sostenibilidad del patrimonio asociado a la carpintería de ribera requiere políticas de ordenamiento territorial adecuadas, marcos normativos pertinentes y acceso a infraestructura específica. El análisis del caso de Caracolitos permite profundizar en cómo estas tensiones se manifiestan en un contexto urbano densificado, donde el patrimonio productivo coexiste con presiones inmobiliarias y escasa planificación integrada.
La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo de corte fenomenológico, orientado a comprender la experiencia de los cultores de la carpintería de ribera en su interacción con el espacio físico y normativo que condiciona su práctica (ver Figura 1). Esta perspectiva permitió acceder no solo a descripciones técnicas, sino también a percepciones, significados y desafíos que los carpinteros asocian a su entorno de trabajo, constituyéndose el espacio productivo como un componente inseparable del saber tradicional.
Para la recolección de información se emplearon entrevistas semi-estructuradas, observación participante, registros fotográficos y elaboración de planimetrías específicas del astillero. La triangulación de estas fuentes fortaleció el análisis y permitió construir una visión integral de las condiciones espaciales del oficio.
Se realizaron entrevistas a carpinteros y ayudantes activos, miembros de la Agrupación de Carpinteros de Ribera de las Aguas Azules de Calbuco. Esta muestra representó aproximadamente el 60% del universo estimado de cultores en actividad permanente. Los participantes fueron seleccionados por su disponibilidad, trayectoria y funciones dentro del proceso productivo. En su mayoría eran hombres mayores de 30 años, con experiencia prolongada, baja escolaridad formal y un fuerte sentido de pertenencia territorial.
Entre los entrevistados destacan Hugo Almonacid, carpintero de ribera e ingeniero naval, y Javiera Almonacid, su hermana, aprendiz del oficio y estudiante de ingeniería ambiental. Ambos residen en Calbuco y han participado activamente en los procesos de defensa y continuidad del oficio. Las citas presentadas a lo largo del artículo corresponden principalmente a sus testimonios, por la claridad con que expresan las tensiones y desafíos que enfrenta actualmente la carpintería de ribera en el sector de Caracolitos.
Las entrevistas, presenciales o telefónicas según preferencia del parti-cipante, se organizaron en torno a cuatro ejes:
(i) condiciones materiales e infraestructura;
(ii) normativa y relaciones institucionales;
(iii) transmisión del conocimiento; y
(iv) vínculo con el entorno urbano.
También se implementó observación participante prolongada, integrando a la investigadora en el astillero. Esta etapa permitió documentar prácticas productivas, uso del espacio, adaptaciones climáticas y relaciones sociales internas. La observación aportó insumos sobre aspectos no siempre verbalizados en entrevistas, enriqueciendo la comprensión del entorno (Angrosino, 2012; Groat y Wang, 2013).
El registro fotográfico incluyó imágenes a escala humana y tomas aéreas mediante dron, realizadas en diversas jornadas, captando tanto la dinámica de producción como el contexto territorial del astillero y su cercanía con el tejido urbano.
Como aporte metodológico original, se elaboraron planimetrías del astillero y su entorno (ver Figura 2), desarrolladas por un arquitecto mediante observación directa, levantamiento en terreno y datos satelitales procesados. Estas representaciones sirvieron como insumo descriptivo y herramienta analítica para la interpretación de los hallazgos.
Finalmente, el análisis de la información recabada se realizó mediante un procedimiento inductivo de codificación abierta, identificando categorías emergentes a partir de la sistematización de los discursos, registros visuales y observaciones de campo. Este proceso de triangulación permitió construir una lectura integral de las dimensiones arquitectónicas, urbanas, normativas y socioculturales que configuran el escenario actual de la carpintería de ribera en Caracolitos, Calbuco.
Los hallazgos presentados surgen de la triangulación de métodos cualitativos y espaciales: entrevistas semiestructuradas a cultores, observación participante en el astillero, registros fotográficos y planimetrías. Se organizan en siete ejes temáticos vinculados a los objetivos de investigación, integrando testimonios directos como evidencia empírica.
Relación Espacial Del Astillero y Su Entorno
El astillero de Caracolitos (ver Figura 3) se emplaza estratégicamente en la franja costera norponiente de Calbuco, funcionando históricamente como un nodo articulador entre actividad marítima artesanal, paisaje cultural y tejido urbano. Su localización obedece a necesidades relacionadas al oficio, que exige cercanía inmediata al mar para el ensamblaje, varado y pruebas de embarcaciones.
La calle Caracolitos constituye el eje vial estructurante que conecta el barrio con el borde costero, integrando viviendas, pequeños comercios, transporte lacustre, equipamiento comunitario y espacios productivos. Según Javiera Almonacid, este acceso tiene una función tanto práctica como simbólica: “La calle Caracolitos cuando uno entra al pasaje te lleva al astillero que era de Don Sixto Proschle, al balseo y a otros astilleros. Es súper importante para la conectividad, es muy transitada”, (entrevista personal, 2024).
Esta relación espacial refuerza el carácter patrimonial del oficio, vin-culando prácticas productivas y vida comunitaria. Como señala Hugo Almonacid: “La carpintería de ribera siempre ha hecho asentamientos en el borde costero, es una relación directa, ya que todas las embarcaciones tienen su fin en la navegación”, (entrevista personal, 2024).
Desde una perspectiva territorial más amplia, la localización refleja la coexistencia de múltiples usos urbanos y litorales en una zona de alta fragilidad normativa y ambiental (ver Figura 4). La expansión residencial ha reducido los espacios disponibles para la actividad productiva, modificando las fronteras históricas del borde costero.
Como consecuencia de esta expansión, se han generado tensiones por: incompatibilidades de uso, contaminación acústica, riesgos de seguridad y limitación del espacio de maniobra. La presión urbana, sin mecanismos de resguardo patrimonial, afecta la proyección del oficio, comprometiendo su continuidad en el tiempo, su capacidad formativa para nuevas genera-ciones y su integración como actividad productiva dentro del desarrollo urbano local.
Infraestructura Del Astillero
Las condiciones materiales en las que se desarrolla actualmente la carpintería de ribera en Caracolitos reflejan un alto nivel de precariedad. Las faenas se realizan en espacios abiertos, sin resguardo permanente frente a las inclemencias climáticas, lo que afecta tanto la seguridad como la eficiencia del trabajo.
En este sentido, las pocas estructuras existentes han sido construidas artesanalmente por los propios carpinteros con materiales reciclados como maderas, lonas plásticas y planchas metálicas, generando recintos de baja estabilidad y escasa protección ambiental. La ausencia de infraestructura fija para herramientas, insumos o sistemas anti-incendio incrementa los riesgos operativos.
Esta situación no se debe a informalidad productiva, sino a las rectricciones normativas que impiden consolidar espacios permanentes. Como señala Javiera Almonacid: “Lo que pasa mucho es que el astillero no es de los carpinteros, es municipal, entonces no pueden construir ni siquiera un galpón fijo por el hecho de que en cualquier momento los pueden sacar”, (entrevista personal, 2024). En ese contexto, Hugo Almonacid agrega que “no tenemos infraestructura, ese es el problema. Sería súper interesante poder hacerlo: un espacio para madera, seguridad, incendios, almacenamiento”, (entrevista personal, 2024).
La observación participante confirma que las maniobras productivas se ven constantemente interrumpidas por el clima o el ciclo de mareas, lo que ralentiza el trabajo y limita la diversificación productiva. En consecuencia, la de resguardo también afecta los procesos formativos, que requieren condiciones más estables para la enseñanza de técnicas tradicionales. Por su parte, la planimetría evidencia cómo el astillero se organiza fun-cionalmente en distintas subzonas (ver Figura 5) dentro de la franja litoral, adaptándose a los espacios disponibles y la topografía del terreno. Áreas de lijado, doblado, almacenaje y playa activa coexisten sin separaciones físicas claras.
Complementariamente, el registro fotográfico (ver Figura 6) documenta el estado de las instalaciones interiores del Módulo 2, representativo de las estructuras actualmente en uso.
Las imágenes revelan limitaciones constructivas, cubiertas deterioradas, falta de aislación, instalaciones eléctricas precarias y una organización espacial improvisada. Esta precariedad no solo debilita la productividad y el resguardo de materiales, sino que compromete directamente la transmisión del conocimiento técnico entre generaciones.
Dimensión Urbana: El Astillero Dentro Del Tejido Urbano
El emplazamiento del astillero dentro del tejido urbano de Caracolitos demuestra una coexistencia forzada entre los usos productivos tradicionales y los procesos recientes de densificación residencial y equipamiento recreativo. A diferencia de otros asentamientos de carpintería de ribera ubicados en zonas rurales o periféricas, Caracolitos se encuentra inmerso en un sector urbano consolidado, donde las presiones inmobiliarias y comunitarias generan crecientes tensiones sobre el uso del espacio.
Un punto de fricción identificado es la reciente instalación de una multicancha deportiva colindante al área de construcción naval. Aunque este equipamiento cumple una función comunitaria, su proximidad inmediata al astillero introduce riesgos físicos y operativos. Como lo relatan los propios cultores: “Siento que igual es peligroso que de repente haya un trabajador en un andamio y que le llegue un pelotazo. Mis primos son conscientes, pero gente de otras partes se ponen a jugar y tiran pelotas contra las lanchas”, (Javiera Almonacid, entrevista personal, 2024).
Además, los trabajos que requieren fuego controlado, como el doblado de maderas, se ven afectados por la presencia de personas ajenas al oficio. “Nos afecta claramente, hay gente jugando fútbol y nosotros estamos haciendo fuego para doblar maderas. Hay mucho aserrín y riesgo de que se propague el fuego”, (Hugo Almonacid, entrevista personal, 2024).
La expansión urbana no ha considerado la necesidad de establecer perímetros de resguardo que permitan el desarrollo seguro y eficiente de las labores propias del oficio. Esta falta de planificación integrada refuerza la exclusión de los oficios patrimoniales productivos dentro del esquema urbano actual.
El análisis territorial constata que el astillero está atrapado en un margen espacial reducido, donde áreas de maniobra, tránsito de materiales, secado de maderas y varado de naves compiten constantemente por escasos metros. Esta superposición de usos no regulados limita las posibilidades de expansión o mejora de las instalaciones, comprometiendo su sustentabilidad a futuro. Más allá de un problema técnico-productivo, lo que se manifiesta es un conflicto urbano-territorial, donde el reconocimiento patrimonial no se ha traducido en mecanismos efectivos de resguardo espacial. Como consecuencia, la carpintería de ribera queda expuesta a una condición progresiva de marginalidad operativa dentro de su propio territorio de origen.
Dimensión Arquitectónica: Organización Espacial del Astillero
Desde un enfoque arquitectónico, la organización espacial del astillero de Caracolitos responde a un esquema empírico y funcional, producto de la adaptación progresiva de los cultores a las condiciones materiales, normativas y topográficas del sitio. No existe un diseño arquitectónico formal que ordene el conjunto, sino una superposición de espacios ge-nerados según las exigencias inmediatas del proceso constructivo.
El área de trabajo se divide en módulos operativos asociados a etapas del oficio: corte de madera, curvado, ensamblaje de cascos, lijado y acabados. Cada subespacio ha sido delimitado con materiales reciclados, sin estándares definidos de tamaño, ventilación, iluminación ni resguardo climático. El resultado es un conjunto fragmentado, con estructuras de baja permanencia, alto riesgo estructural y limitada capacidad de ampliación. Los propios carpinteros reconocen estas dificultades.
Como señala Hugo Almonacid: “Las instalaciones son al aire libre, salvo un espacio techado para botes pequeños. Las grandes embarcaciones se hacen al aire libre, lo que influye bastante en los tiempos de construcción” (entrevista personal, 2024).
Al respecto, Javiera Almonacid complementa que “a veces colocan nylon, pero si tienen que hacer otra maniobra no puedes. En cambio, donde hay techo se puede avanzar mucho más rápido”, (entrevista personal, 2024).
El levantamiento planimétrico desarrollado representó esta organización funcional, evidenciando cómo las distintas áreas se emplazan estratégicamente dentro de una franja costera reducida, según los requerimientos técnicos del oficio y las limitaciones espaciales del entorno.
Desde la perspectiva del patrimonio arquitectónico, el astillero cons-tituye un espacio productivo tradicional en riesgo de desaparición, no por falta de saberes técnicos, sino por la imposibilidad de consolidar un soporte físico digno, seguro y pedagógicamente apto para la transmisión del oficio.
La ausencia de infraestructura adecuada también debilita la dimensión formativa. El aprendizaje in situ exige zonas protegidas, almacenamiento seguro y circuitos internos para desplazar piezas voluminosas. Hoy, esas condiciones no están garantizadas, limitando su potencial como centro de formación en carpintería de ribera.
Relación Con El Entorno Inmediato
El análisis de la relación entre el astillero y su entorno inmediato permite visualizar la compleja interacción que se establece entre la práctica productiva de la carpintería de ribera y el paisaje urbano-costero de Caracolitos. A diferencia de lo que ocurre en astilleros aislados o periféricos, el caso de Caracolitos presenta una inserción directa y continua dentro del tejido habitacional, lo que genera una convivencia forzada de usos productivos, recreativos, habitacionales y comerciales en un espacio de alta fragilidad espacial.
El registro fotográfico aéreo obtenido mediante dron logra representar gráficamente la proximidad inmediata entre el área activa del astillero, las viviendas particulares, pequeños negocios locales, calles angostas y la multicancha comunal, consolidando un paisaje híbrido donde los límites entre lo residencial, lo comunitario y lo productivo resultan difusos.
Asimismo, el propio borde costero sobre el cual se desarrollan las faenas de construcción está expuesto a los efectos de las mareas, determinando de forma cotidiana los horarios y las posibilidades operativas de los carpinteros. Como lo describe Javiera Almonacid: “Las mareas afectan mucho, si sube la marea ya no pueden construir, porque trabajan ahí mismo en la playa. Entonces juegan con la marea”, (Javiera Almonacid, entrevista personal, 2024). Esta condición de vulnerabilidad natural obliga a los cultores a operar bajo una lógica adaptativa constante, donde la variabilidad del paisaje marítimo define no solo los tiempos de trabajo, sino también los riesgos de deterioro de materiales y embarcaciones en proceso de construcción.
Por otro lado, los propios carpinteros reconocen la falta de integración estética y funcional del astillero dentro del paisaje urbano de Calbuco, situación que afecta la percepción social del oficio y su potencial como recurso patrimonial abierto a la comunidad “es necesario mejorar cómo nosotros podemos visiblemente ser más atractivos para el entorno. En Caracolitos hay mucho desorden, y eso hace que no se vincule bien a la costa”, (Hugo Almonacid, entrevista personal, 2024).
En términos urbanísticos, el astillero funciona como un enclave productivo semioculto dentro del paisaje urbano, donde la super-posición de usos no planificados termina por invisibilizar su valor patrimonial y debilita su potencial integración dentro de una estrategia de desarrollo territorial sostenible.
A nivel paisajístico, Caracolitos representa un paisaje cultural activo, donde las prácticas productivas tradicionales han configurado históricamente la imagen del lugar, articulando el trabajo artesanal con la identidad marítima de la comuna. No obstante, este paisaje hoy se encuentra en riesgo de disolución progresiva frente a la expansión desregulada de usos urbanos no compatibles, situación que refuerza la necesidad de intervenciones planificadas desde el enfoque del patrimonio cultural urbano.
Deficiencias En Infraestructura y Operatividad Del Astillero
Las condiciones actuales de operatividad del astillero de Caracolitos evidencian limitaciones estructurales significativas que comprometen tanto la eficiencia productiva del oficio como su sostenibilidad a largo plazo.
Si bien las habilidades técnicas de los cultores permanecen sólidas, los testimonios reconocen una serie de restricciones materiales del espacio que afectan negativamente los tiempos de construcción, la calidad de los procesos y la capacidad de transmisión pedagógica del saber.
| Tipo o clase | Permitido | Prohibido | |
|---|---|---|---|
| Residencial | Vivienda | Permitido | |
| Hospedaje | Prohibido | ||
| Hogares de Acogida | Prohibido | ||
| Equipamento | Cientifico | Permitido | |
| Comercio | Prohibido | ||
| Culto y Cultura | Prohibido | ||
| Deporte | Prohibido | ||
| Educción | Permitido | Prohibido centros de capacitación, de orientación o de rehabilitación | |
| Esparcimiento | Prohibido | ||
| Salud | Prohibido | ||
| Seguridad | Prohibido | ||
| Servicios | Prohibido | ||
| Social | Permitido | ||
| Actividades Productivas | Talleres artesanales inofensivos | Permitido | |
| Industria | Prohibido | ||
| Grandes depósitos | Prohibido | ||
| Bodegas industriales | Prohibido | ||
| Planta de revisión técnica | Prohibido | ||
| Infraestructura | De transporte | Prohibido | |
| Sanitaria | Prohibido | ||
| Energética | Prohibido | ||
| Espacios Públicos | Permitido | ||
| Áreas Verdes | Permitido | Fuente: Adaptado de Ordenanza local actualización Plan Regulador Comunal de Calbuco (p. 28), por el Ministerio del Medio Ambiente (2023). | |
Las principales carencias son:
- Ausencia de galpones techados de altura suficiente para el resguardo de grandes embarcaciones durante el proceso de ensamblaje, con el fin de proteger tanto a los trabajadores como a las estructuras en construcción frente a lluvias, vientos y humedad ambiental.
- Falta de bodegas acondicionadas para almacenamiento de maderas secas, herramientas de precisión, moldes y equipamientos especializados, cuyo deterioro por exposición climática implica pérdidas económicas constantes.
- Carencia de espacios formales destinados a la enseñanza-aprendizaje, dificultando la incorporación de nuevas generaciones al oficio bajo estándares pedagógicos que resguarden la seguridad de los aprendices.
- Inexistencia de sistemas de prevención de riesgos, incluyendo sistemas de control de incendios, extintores, señaléticas de seguridad, redes eléctricas reguladas y zonas de evacuación delimitadas.
Estas deficiencias operativas no solo afectan el desarrollo cotidiano del trabajo, sino que comprometen la viabilidad del oficio como alternativa competitiva frente a otros materiales y tecnologías navales contemporáneas. Así lo expresa Javiera Almonacid: “La falta de techos, bodegas, un lugar para enseñar, todas esas cosas hacen que el trabajo sea mucho más lento, más riesgoso y menos eficiente”, (Javiera Almonacid, entrevista personal, 2024).
De igual forma, Hugo Almonacid asegura que “así como está, no veo sostenible a largo plazo el oficio sin hacer nada. Hay que tomar acciones. La carpintería tiene que competir con fibra y acero, pero en estas condiciones no se puede”, (Hugo Almonacid, entrevista personal, 2024).
Desde la observación participante se constató que, en muchas ocasiones, el proceso de construcción debe ser interrumpido abruptamente ante condiciones climáticas adversas, generando pérdidas de continuidad, encarecimiento de costos y exposición de materiales sensibles a la humedad prolongada.
Además de las limitaciones técnicas inmediatas, esta precariedad material impacta directamente en la capacidad formativa del oficio. La transmisión intergeneracional de la carpintería de ribera —basada históricamente en el aprendizaje in situ— requiere entornos controlados que permitan a los aprendices desenvolverse bajo estándares seguros, donde puedan observar, manipular y experimentar las distintas técnicas sin riesgos innecesarios; ver Tabla 1.
En su conjunto, estas deficiencias evidencian que la ausencia de infra-estructura consolidada no constituye un problema meramente técnico o logístico, sino un obstáculo estructural para la reproducción social del oficio, su sostenibilidad cultural y su proyección económica en el contexto contemporáneo.
| Normas de edificción, Subdivisión y Urbanización | |
|---|---|
| Superficie de subdivisión mínima (m2) | 2500 |
| Coeficiente de ocupación de suelo | 0,8 |
| Coeficiente de constructibilidad | 0,8 |
| Altura máxima de edificación (m) | 7,00 m - 2 pisos |
| Faja de profundidad máxima de la edificación continua (%) | 80 |
| Altura máxima de la edificación en L.O (m) | 3,5 |
| Sistema agrupamiento de las edificaciones | Aislado, continuo |
| Adosamiento | Prohibido |
| Retranqueo sobre altura de fachada (m) | 2 |
| Distanciamiento mínimo de adosamiento a L.O | No aplica |
| Distanciamiento mínimo a medianeros (m) | |
| Ordenanza General | |
| Urbanismo y Construcción | |
| Antejardín (m) | 0 |
| Densidad máxima | 16 | Fuente: ElA, 2024. |
Condiciones Normativas Y Planificación Territorial
El marco normativo vigente constituye uno de los factores más críticos que condicionan la viabilidad de la carpintería de ribera en Caracolitos. Aunque el oficio ha sido reconocido como patrimonio cultural inmaterial, dicho reconocimiento no ha logrado traducirse en un régimen regulatorio que habilite su pleno desarrollo productivo, técnico y pedagógico. El análisis de los instrumentos de planificación territorial, particularmente la actualización del Plan Regulador Comunal de Calbuco (2023), evidencia tanto avances simbólicos como limitaciones estructurales. La incorporación de la Zona de Equipamientos Carpinteros de Ribera (ZEcr) constituye la primera inclusión formal del oficio dentro de la normativa urbana comunal, rompiendo una histórica invisibilización normativa.
Sin embargo, las disposiciones específicas que rigen esta nueva zonificación limitan severamente las posibilidades reales de consolidación espacial de los astilleros. Tal como lo ilustra la Tabla 2 de usos de suelo de la ZEcr: Como se observa, si bien se permite la presencia de talleres artesanales inofensivos, la mayoría de los usos complementarios imprescindibles para el desarrollo integral de la actividad —tales como comercio asociado, espacios culturales, servicios logísticos o equipamientos técnicos— quedan prohibidos, lo que restringe la posibilidad de transformar el astillero en un verdadero complejo multifuncional productivo y formativo.
A su vez, las normas de edificación establecidas para la ZEcr imponen restricciones dimensionales que limitan severamente el diseño de galpones adaptados a las necesidades reales de la carpintería de ribera, tal como queda representado en la Tabla 2.
Entre las limitaciones específicas destacan:
- Altura máxima permitida de edificación insuficiente para embarcaciones de mayor tonelaje
- Bajos coeficientes de ocupación de suelo que limitan el despliegue funcional del astillero
- Restricciones de subdivisión que imposibilitan el desarrollo de módulos escalables
- Inexistencia de normativa diferenciada para instalaciones pedagógicas o áreas de formación
Estas restricciones normativas reflejan una contradicción estructural entre el reconocimiento nominal del oficio como patrimonio cultural y las condiciones materiales que se habilitan para su ejercicio real. El resultado es una planificación territorial disociada, que legitima simbólicamente la existencia de la carpintería de ribera, pero mantiene al oficio en una posición de vulnerabilidad operativa, jurídica y espacial. Como advierten los propios cultores, el riesgo de expulsión o desmantelamiento del astillero permanece latente ante la falta de instrumentos jurídicos que garanticen su permanencia territorial de largo plazo.
Desde una perspectiva de justicia espacial (Álvarez Rojas, 2013), esta situación expone una forma de exclusión normativa, donde el derecho de las comunidades a reproducir sus prácticas culturales en condiciones dignas continúa siendo subordinado a lógicas de desarrollo urbano estandarizadas que no consideran la especificidad de los oficios productivos patrimoniales.
El análisis del caso de la carpintería de ribera en Caracolitos permite visualizar de forma clara la interdependencia estructural entre los aspectos materiales, normativos y socioculturales que condicionan la sostenibilidad del patrimonio cultural inmaterial. Tal como lo plantea Avrami et al., (2019), el patrimonio inmaterial no existe en el vacío; requiere del soporte material —infraestructural, territorial y normativo— que posibilite su reproducción social, económica y pedagógica.
La situación actual de Caracolitos confirma esta tesis: la persistencia del oficio no depende exclusivamente de la pervivencia de los saberes técnicos —que continúan vigentes gracias a la experiencia acumulada de los carpinteros—, sino de la capacidad de estos cultores para sostener su práctica bajo condiciones espaciales crecientemente adversas. El espacio no actúa aquí como un simple contenedor físico, sino como un producto de relaciones desiguales de poder, tal como lo desarrolla Lefebvre (Brenner y Elden, 2009), donde las tensiones entre las lógicas urbanas contemporáneas y las dinámicas productivas tradicionales configuran escenarios de exclusión territorial progresiva.
El concepto de resistencia cultural, que estructura este trabajo desde su título mismo, adquiere aquí un sentido concreto: la continuidad de la carpintería de ribera en Caracolitos no es resultado de políticas públicas eficaces, sino de la capacidad de los propios cultores de adaptarse, improvisar y sostener su actividad en condiciones de precariedad normativa, infraestructural y urbana. Esta resistencia cotidiana no es solo técnica o económica, sino profundamente territorial, en la medida que los carpinteros defienden su derecho a habitar y producir en el borde costero que históricamente ha configurado su identidad comunitaria.
En este sentido, Caracolitos presenta especificidades que lo distin-guen dentro del panorama nacional de la carpintería de ribera. Mientras estudios en Aysén (Schmidt Kamp, 2018), Los Lagos (Tamayo, 2018), Biobío (Vivanco, 2021) y Los Ríos (Paredes et al., 2019) han documentado procesos similares de desplazamiento territorial y precarización infraestructural, el caso de Caracolitos revela un conflicto urbano particularmente agudo: el astillero subsiste inmerso dentro de un tejido residencial en expansión, enfrentando conflictos directos por el uso simultáneo del espacio, la inseguridad operativa y la saturación funcional de su entorno inmediato. No se trata de un conflicto abstracto entre lo tradicional y lo moderno, sino de un problema concreto de compatibilidad espacial no resuelto por la planificación urbana actual.
Desde el punto de vista normativo, el análisis de la Zona de Equipamientos Carpinteros de Ribera (ZEcr) ilustra con claridad lo que Baillie et al., (2006) denominan reconocimiento nominal sin soporte operativo. Aunque el oficio ha sido por fin visibilizado en el instrumento regulador comunal, las restricciones dimensionales, de uso de suelo y edificación reproducen un modelo normativo genérico que no responde a las necesidades técnicas, pedagógicas ni de seguridad propias de la carpintería de ribera. Este desfase técnico-normativo confirma lo que Álvarez Rojas (2013) ha descrito como injusticia espacial, donde el derecho a la reproducción cultural de los oficios patrimoniales queda subordinado a lógicas urbanas homogenizantes que no reconocen la especificidad funcional del espacio productivo tradicional.
En este escenario, la falta de infraestructura no solo compromete la productividad y seguridad laboral, sino que afecta directamente la dimensión formativa del oficio. La transmisión intergeneracional —fundamento central del patrimonio cultural inmaterial según UNESCO (2003)— requiere de entornos físicos adecuados, protegidos, seguros y pedagógicamente óptimos para la enseñanza de técnicas altamente especializadas, lo cual actualmente resulta inviable en Caracolitos.
Finalmente, la precariedad espacial detectada no debe ser interpretada únicamente como una expresión de atraso o informalidad, sino como el resultado acumulado de una estructura normativa excluyente, la ausencia histórica de políticas públicas específicas y la falta de una planificación urbana integrada que articule el patrimonio productivo con el desarrollo territorial sostenible. Como lo propone Del Espino Hidalgo (2018), cualquier estrategia de preservación del patrimonio cultural inmaterial debe superar el mero reconocimiento simbólico e integrar enfoques multidimensionales que incorporen las variables urbanas, arquitectónicas, normativas y comunitarias en un único marco de acción.
La investigación desarrollada en torno a la carpintería de ribera de Caracolitos, Calbuco, permite confirmar que la sostenibilidad de este patrimonio cultural inmaterial depende, de manera indivisible, de las condiciones espaciales, normativas y arquitectónicas que habilitan o restringen su reproducción social y productiva. A diferencia de otras manifestaciones patrimoniales centradas exclusivamente en la dimensión simbólica de los saberes, la carpintería de ribera exige un soporte físico altamente especializado, cuya ausencia compromete no solo la eficiencia técnica, sino la viabilidad intergeneracional del oficio.
El estudio ha evidenciado que, pese a su reciente incorporación en el Plan Regulador Comunal de Calbuco a través de la Zona de Equipamientos Carpinteros de Ribera (ZEcr), el marco normativo vigente continúa re-produciendo limitaciones sustantivas para la consolidación espacial de los astilleros. Las restricciones dimensionales, de usos complementarios y de ocupación de suelo dificultan la habilitación de infraestructuras adecuadas para la enseñanza, almacenamiento, seguridad laboral y procesos pro-ductivos propios de la actividad.
Simultáneamente, la expansión urbana residencial y recreativa sobre el borde costero ha generado un escenario de presión espacial constante, donde los usos productivos tradicionales quedan subordinados a intereses urbanos que no integran la especificidad funcional de los oficios patrimoniales. La falta de planificación integrada ha derivado en una convivencia forzada de usos incompatibles, incrementando los riesgos operativos y debilitando la visibilidad territorial del oficio como parte activa del paisaje cultural de Calbuco.
En este contexto, la continuidad de la carpintería de ribera en Caracolitos ha dependido fundamentalmente de la capacidad adaptativa y la resistencia cultural de sus propios cultores, quienes han sostenido el oficio en condiciones de precariedad material y normativa. Sin embargo, la persistencia de esta resistencia tiene límites estructurales que, de no ser abordados de manera integral, podrían comprometer su viabilidad a mediano plazo.
A partir de los hallazgos emergentes, se reconoce la necesidad de avanzar hacia modelos de intervención participativos que permitan diseñar un astillero adaptado a las necesidades productivas, pedagógicas y culturales del oficio, articulando funciones de manufactura, formación técnica, resguardo patrimonial y vinculación comunitaria. Su implementación exige la convergencia de actores públicos, privados, académicos y comunitarios en la construcción de un marco de gobernanza patrimonial sostenible, que supere el mero reconocimiento simbólico y garantice condiciones materiales dignas para el ejercicio pleno de la carpintería de ribera como patrimonio cultural inmaterial activo.
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