Dossier · Cuadernos de Filosofía · Nº 43 (108-117), 2025
DOI: https://doi.org/10.29393/CF43-7RMFM10007 · eISSN 3087-2464

La recepción de María Zambrano en la obra de Felicitas Valenzuela*

The reception of María Zambrano in the work of Felicitas Valenzuela

Francisco José Martín**

Resumen

Esta ponencia explora la recepción de la filósofa española María Zambrano en la obra de la académica chilena Felicitas Valenzuela. Se destaca cómo la elección de Valenzuela de estudiar a Zambrano y a Hannah Arendt no es casual ni meramente académica, sino vital, surgiendo de una identificación personal basada en experiencias compartidas como mujeres en contextos de discriminación y autoritarismo. El análisis se centra en el libro de Valenzuela sobre Zambrano, subrayando su tono humilde y su enfoque “desde dentro”, que refleja la propia postura filosófica y política de la autora. Se argumenta que Valenzuela, a través de Zambrano, aboga por una filosofía entendida como actividad transformadora, vinculada a la rehumanización de la política y la democracia, especialmente relevante en el contexto chileno de la post-dictadura. La ponencia también resalta el olvido editorial y académico que ha sufrido la obra de Valenzuela, reivindicando su lugar como sujeto emergente en la filosofía chilena.

Palabras clave: Filosofía chilena, razón poética, exilio, filosofía política, identificación femenina.

Abstract

This presentation examines the reception of Spanish philosopher María Zambrano in the work of Chilean scholar Felicitas Valenzuela. It highlights how Valenzuela’s choice to study Zambrano and Hannah Arendt is neither accidental nor purely academic, but rather deeply personal, stemming from an identifica- tion based on shared experiences as women in contexts of discrimination and authoritarianism. The analysis focuses on Valenzuela’s book about Zambrano, emphasizing its humble tone and its “from within” approach, which mirrors the author’s own philosophical and political stance. It argues that Valenzuela, through Zambrano, advocates for philosophy understood as a transformative activity, linked to the rehumanization of politics and democracy, particularly relevant in the Chilean post-dictatorship context. The presentation also underscores the editorial and academic neglect that Valenzuela’s work has suffered, reclaiming her place as an emerging subject in Chilean philosophy.

Keywords: Chilean philosophy, poetic reason, exile, political philosophy, female identification.

identification. Agradezco a los organizadores y organizadoras de estas I Jornadas de Investigación dedicadas a la figura y a la obra de Felicitas Valenzuela su amable invitación. Les agradezco, sobre todo, que hayan puesto en pie este merecido reconocimiento a su labor académica, algo que es también una puesta en valor del patrimonio docente de la Universidad de Concepción. En Chile hay filosofía fuera de Santiago, siempre la hubo, es cierto, y ahí está Enrique Molina para recordarlo desde el principio, pero eso es algo que suele olvidarse, o mejor: desatenderse. Así que permítanme que diga que en Chile no sólo hay filosofía fuera de Santiago, sino que es buena y a veces es hasta mejor. Concepción es, en cierto modo, un lugar zambraniano; no como Madrid o Segovia o La Habana o Roma, lugares decisivos del desenvolvimiento de su vida, en España antes de la guerra civil y en el exilio después de la derrota republicana, o como Santiago, donde también vivió durante un corto período de tiempo en los primeros meses de aquella guerra, sino de otro modo: no como lugar de vida sino de publicación. Imagino que ustedes lo saben pero yo quiero igualmente recordarlo aquí: tal vez el escrito más importante, sin duda uno de los más importantes, de Zambrano del período de la guerra civil española se publicó en Concepción en la revista Atenea, concretamente en el núm. 140 correspondiente al mes de febrero de 1937. Llevaba al frente un título inequívoco, «La reforma del entendimiento», con el que sentaba las bases del giro copernicano que iba a dar a su pensamiento tras el descubrimiento o revelación de la «razón poética». Cuiden, pues, por favor, ustedes que están ahí, ese detalle, ese recuerdo, esa memoria.

Agradezco también poder hablar después de Cecilia Sánchez, a quien admiro y en cuyos libros he aprendido tanto, y a quien conozco de otros tiempos, tal vez ya un poco lejanos para ambos. Lamento hablar a distancia: bien sabe Ana Aravena, a quien también agradezco junto a Rodrigo Pulgar, lo mucho que me hubiera gustado estar ahí con ustedes, pero acá acabamos de empezar los cursos del nuevo año académico y no era elegante ni justo romper la continuidad didáctica, la cual es, como saben, fundamental en las primeras semanas. En este gesto mío veo coherencia con el espíritu de Felicitas Valenzuela, porque ella fue, ante todo, una profesora entregada a la didáctica, y sólo después, en un después que es temporal y vital, incluso moral, ha sido también autora de libros y estudios de diversa índole. Es de veras un honor para mí poder hablar aquí de ella, Felicitas Valenzuela Bousquet, persona que admiro y quiero y cuya amistad cultivo. Y debo decir que para mí fue antes que nada un libro, la autora de un libro sobre María Zambrano que a medida que iba pasando páginas me admiraba y ganaba. Después conocí a la persona, pero como digo antes fue sólo lectura. Debo añadir también, aún, que debo a mi amigo Alex Ibarra Peña el haber tenido conocimiento del libro de Felicitas Valenzuela sobre Zambrano. De ese libro voy a hablarles hoy a ustedes, sabiendo que hay otros, al menos dos sobre Hannah Arendt, además de un número considerable de artículos y estudios dispersos en revistas y publicaciones varias. Y para hablarles de ese libro me ha parecido interesante empezar por un detalle en apariencia poco significativo, pero, como verán, la tiene y mucho más allá del caso que voy a referirles. Yo llevaba ya una vida casi entera de investigación dedicada a María Zambrano, no sólo a ella pero también a ella, y, sin embargo, cuando mi amigo Alex Ibarra me habló de ese libro, del libro de Felicitas Valenzuela sobre Zambrano, yo he de confesar que me quedé de piedra. Porque no lo conocía. Esto fue no hace tanto, dos o tres años no más. ¿Cómo era posible? Es decir: ¿cómo era posible que yo, que me considero un investigador serio y que creía estar al tanto de la bibliografía y de los estudios sobre la obra de Zambrano, no conociera en efecto un libro sobre ella? Y no valía decir que era porque había sido publicado en Chile, porque lo cierto es que yo ya llevaba un tiempito viniendo a Chile. Entiéndanme: era un libro, no un artículo; un artículo puede pasar desapercibido, pero un libro no. O sea, que algo fallaba. Pero mi desazón fue en aumento cuando empecé a darme cuenta que el problema no era sólo que yo no lo conocía, sino que tampoco lo había encontrado citado

nunca. No ya entre quienes estudian a Zambrano en Europa, lo cual, si quieren, hasta puede ser comprensible y tener perdón, por la distancia y por la objetiva dificultad arancelaria que Chile impone a la circulación de los libros, pero es que tampoco quienes en Chile se ocupaban de Zambrano lo citaban, y esto ya ni era comprensible ni podía tener ningún tipo de perdón. Mi siguiente paso fue hacerme con el libro, cosa que no resultó para nada fácil, desde luego, porque ni lo encontré en las librerías ni pude ponerme en contacto con la editorial, a quien escribí varias veces sin recibir nunca respuesta. Lo encontré, en fin, en una librería de viejo en Santiago gracias a la ayuda de mi amiga Cecilia Luna de la Universidad de Playa Ancha. Y claro, luego lo leí y les confieso que quedé sorprendido, admirado, como he dicho antes. Porque estamos ante un muy buen libro, sin duda. Tiene defectos, claro, ¿y qué libro no los tiene?, pero en este caso hay que decir que la gran mayoría son imputables al plano editorial. Así que de la Editorial voy a hacer como Cervantes y ni tan siquiera voy a decir su nombre. Algo que me llamó la atención, incluso antes de empezar la lectura, pues la noticia o el detalle estaba en una nota de la solapilla del libro, es que la autora, es decir, Felicitas Valenzuela, antes del libro sobre Zambrano había publicado otro sobre Hannah Arendt. Después también pude conseguir ese libro, y leerlo, obvio, pero yo no les hablaré de él porque de Arendt soy sólo lector y no tengo mayores competencias. Me preguntaba qué era lo que había llevado a una profesora del Departamento de Filosofía de la Universidad de Concepción a interesarse por estas dos grandes figuras femeninas de la filosofía del siglo XX (tal vez, si me permiten, las más grandes junto a Simone Weil). Yo podría decir de ellas que son dos o tres grandes figuras de la filosofía del siglo XX, pero enseguida me di cuenta que para Felicitas Valenzuela lo importante era que eran mujeres: mujeres y filósofas, que el punto importante para ella estaba en la ‘y’ de la conjunción que unía ambas cosas: el ser mujer y la filosofía. Y el secreto, si así puede llamarse, me lo desveló una nota a pie de página, concretamente en la pág. 126 de su libro sobre Zambrano. Allí dice la profesora Valenzuela lo siguiente: «Actitud seguramente propia de una mujer que vive en un período de mucha discriminación hacia lo femenino y que está recién apareciendo como sujeto en el mundo intelectual español». La nota se refiere a Zambrano, claro está, y la llamada en nota está colocada sobre una expresión de Valenzuela donde dice que Zambrano «escribe con humildad». Esa humildad sería, según dice Valenzuela, una «actitud seguramente propia de una mujer que

vive en un período de mucha discriminación hacia lo femenino». Y es cierto, en nada le falta razón respecto de lo que dice de Zambrano: es así, en efecto, tanto que uno de los rasgos distintivos de la «razón poética» zambraniana es la humildad, esa búsqueda suya de una razón humilde contrapuesta a la soberbia y a la arrogancia que han caracterizado el ejercicio de la razón dominante durante la modernidad occidental. Les confieso que también Felicitas Valenzuela escribe con humildad, con esa misma humildad que ella veía en la escritura de Zambrano. Y lo digo porque es virtud y no defecto, tanto en Zambrano como en Valenzuela, y ello aunque esa humildad provenga, como dice Valenzuela en esa nota a pie de página, de una «actitud seguramente propia de una mujer que vive en un período de mucha discriminación hacia lo femenino». ¿De quién habla Valenzuela en esa nota? Es obvio que habla de Zambrano, pero también habla de sí misma. O mejor: habla de Zambrano y de sí misma, o habla de sí misma a través de Zambrano. Es aquí adonde yo quería llegar, para compartir con ustedes esta idea que tengo según la cual la elección de Zambrano y de Arendt por parte de Valenzuela no es casual, ni tan siquiera académica, sino vital. Hay en su escritura una suerte de identificación personal a través de la superposición de experiencias que ella comparte con las autoras que estudia. ¿Cómo no ver, en esa nota sobre Zambrano, que Valenzuela también habla de sí cuando se refiere a «una mujer que vive en un período de mucha discriminación hacia lo femenino»? ¿Cómo piensan que fue su vida académica en un Departamento universitario a mayoría ‒pero muy y mucha mayoría‒ masculina? No nos olvidemos tampoco cómo era Chile no hace tanto, cómo eran las estructuras sociales y familiares, las relaciones entre los sexos en lo público y en lo privado, etc. etc. Dice otra cosa aún sobre Zambrano en esa misma nota: «que está recién apareciendo como sujeto en el mundo intelectual español». Así fue, en efecto: Zambrano sale del fondo del olvido del exilio para el público español en época tardía, en sus últimos años de vida y en los que siguieron a su muerte. Y lo dice claro: Zambrano es ‒dice Valenzuela‒ una mujer «que está recién apareciendo como sujeto». Noten que dice sujeto, y que es un modo claro y contundente de decir las cosas. Pero ¿y ella? Es decir: ¿está también Felicitas Valenzuela emergiendo como sujeto de la filosofía chilena? Personalmente creo que sí, aunque aún falta para ese reconocimiento pleno, pero lo que ustedes han organizado ahí con esta Jornada es, a mi modo de ver, un hermoso primer peldaño. O, si prefieren, los cimientos de algo que, en justicia, no dudo que ha de llegar.

No, en efecto, la elección de Arendt y Zambrano no fue ni casual ni académica, sino algo bien deliberado. De ello da fe uno de los últimos apartados del libro sobre Zambrano, ese que se titula precisamente Relación con Hannah Arendt. Allí traza Valenzuela en tres densas páginas las convergencias que ella nota entre estas dos grandes filósofas, convergencias no sólo temáticas, sino también vitales: el antifascismo y el exilio, la crítica radical de la modernidad sin caer en ningún extremismo político, la puesta en valor de la democracia como una suerte de construcción cotidiana. Y no sólo, sino que Valenzuela notaba además una cierta convergencia en el lenguaje, en el uso filosófico que ambas, cada una a su modo y cada una en su lengua, hacían del lenguaje ordinario, y también de ese comprender ambas la filosofía como una actividad transformadora. Sobre la relación de Zambrano con Arendt se ha escrito ya mucho, incluso de reciente ha salido en España un libro bien interesante (Olga Amarís Duarte, Una poética del exilio. Hannah Arendt y María Zambrano, Barcelona, Herder, 2021), pero Valenzuela anticipaba ya todo eso en 2014. Y cabe notar, en esos indicios de convergencia que traza Valenzuela de ambas filósofas, que son también señas identitarias propias, de ella, de Felicitas Valenzuela, pues también ella, como las otras, sufrió en propia carne y espíritu la violencia del autoritarismo y de la dictadura: «mi exoneración como profesora del Departamento de Filosofía por el Rector militar de la época fue en enero de 1984. Me llegó una carta en que me decía que yo alteraba el orden académico, por lo que debía retirarme inmediatamente de la Universidad». Así dice ella, pero les invito a que noten cómo lo dice: de manera clara y muy simple, yo diría que casi con humildad. Ella minimiza porque dice que a pesar de ello pudo enseñar en otros sitios, pero eso no quita nada a la brutalidad y violencia de una exoneración académica. A la Universidad de Concepción pudo volver después, en 1994, cuando la dictadura había terminado o estaba terminando y se abría para Chile un proceso de recuperación de la democracia. Arendt, Zambrano y Valenzuela comparten una misma comprensión de la filosofía como actividad transformadora. Y a su modo, es decir, con esa humildad que decíamos antes, ella se implicó en ese proceso transformador chileno llevando a las aulas universitarias ahí en el sur de Chile la voz filosófica de las mujeres. Tal vez a los jóvenes de hoy les parezca cosa de poco, pero yo les invito a que contextualicen las situaciones y se den cuenta del carácter heroico que se cela tras de esa humildad. El libro sobre Zambrano es un libro humilde, sí, un libro de expresión humilde que cultiva la noble virtud de la humildad. Ya he dicho

que esto es todo lo contrario de un defecto. Es un posicionamiento filosófico claro que conlleva un no menos claro posicionamiento político. Así, humilde, quiso Zambrano que fuera esa razón alternativa que ella iba a oponer a la razón hegemónica de la modernidad, y así creo entender que quiso Felicitas Valenzuela que fuera también su libro. Un libro que denota una previa lectura de Zambrano llevada a cabo de manera muy intensa, una lectura y un estudio de su obra que no se limitan a ser mero objeto de estudio académico, sino que, como he dicho antes, tiene algo de vital para ella. Aquí no se trataba de hacer currículum, desde luego, ni de aumentar con una publicación más los méritos para la carrera universitaria. No, aquí se trataba de la vida: de una vida, la vida de Felicitas Valenzuela, que buscaba el encaje de la filosofía dentro de ella, que buscaba en la filosofía su capacidad transformadora, para sí y para el mundo, es decir, para la propia vida personal de la autora y para la vida pública chilena. Es esto, si me permiten, algo muy orteguiano, de koiné orteguiana: y es que la filosofía así entendida es de suyo siempre filosofía política. No debe extrañar a nadie que salga aquí a relucir la figura y el magisterio de Ortega y Gasset, y no sólo porque fue el maestro de Zambrano, sino porque la tesis de Valenzuela para obtener el correspondiente grado universitario versó sobre el filósofo madrileño y su título fue En torno a la concepción histórica de José Ortega y Gasset. A Ana Aravena señalo también este texto, porque sin duda debe ser también rescatado. Dicha tesis estuvo dirigida por Francisco Álvarez González, un orteguiano de la diáspora y del exilio de la guerra civil española, también él, como Zambrano, discípulo de Ortega, a quien el exilio llevó primero a Ecuador, luego a Chile y finalmente a Costa Rica. La tesis se presentó en 1971 y fue aprobada con sobresaliente. De ella dice la autora: «Me demoré casi tres años en escribirla. El profesor guía me orientó poco, me dejó trabajar sola. Yo tampoco pedí ayuda. Leí mucho de Ortega para complementarme de sus ideas, especialmente sobre la vida y las circunstancias que conforman las generaciones». No hay por qué dudar de sus palabras, pero adviertan que es lo que todo tesista dice de su profesor-guía, que le orientó poco, acaso porque las tesis se hacen para eso, para aprender a volar solos, para aprender a pensar por sí solos. Yo creo que, aunque ella lo recuerde como escasez de orientación, aquel profesor de la diáspora orteguiana en el exilio también dejó en ella su huella. Esa huella que es orteguiana y que de algún modo une a ambas, a Zambrano y a Valenzuela, en esa consideración radical que entiende la filosofía como filosofía política siempre y de necesidad.

En el libro sobre Zambrano se nota, se siente y se percibe, una suerte de inseparabilidad entre la autora que es Valenzuela y Zambrano como objeto de estudio. Es como si en la escritura de Valenzuela se solaparan el pensamiento de Zambrano y su propio pensamiento. A veces es casi imposible discernir qué es de una y qué de otra, y esto también es, si me permiten, bien orteguiano, algo que sigue un modelo que fue trazado por Ortega para Goethe y al que dio como título Pidiendo un Goethe desde dentro. Pues bien, «desde dentro» trabaja Valenzuela sobre Zambrano, pero es un dentro que tiene muchos puntos en común entre la una y la otra: porque el ‘dentro’ de la una es también, salvando las distancias, que sé que son muchas y muy abundantes, el ‘dentro’ de la otra. Valenzuela procede con Zambrano desde dentro, pues, y esto quiere decir que primero se empapa de ella, de su obra y de su pensamiento, y luego ella, es decir, Valenzuela, lo interioriza en su pensar y en su sentir, se apropia de ella, de Zambrano, es decir, hace de ella algo proprio para sí. Desde esa magnífica apropiación escribe Felicitas Valenzuala su libro sobre Zambrano (creo que también los de Arendt responden al mismo criterio, pero, como digo, yo aquí hablo sólo del de Zambrano). Y debo decir que es un libro pensado, sin duda, pero también sentido, haciendo también ella, Valenzuela, como hizo antes Zambrano, una enmienda radical a la tradicional separación de la filosofía occidental entre pensar y sentir, entre pathos y logos. Está escrito con ganas, con voluntad, con sentimiento, también con inteligencia, claro está, pero no está escrito con intención académica, o no sólo, para aumentar la bibliografía secundaria sobre un autor o autora cualquiera, Zambrano en nuestro caso, sino que el libro encierra un mensaje claro para el aquí y ahora chilenos en que se escribe y se publica. Desconozco cuando empezó a escribir el libro, pero hubo de ser ‒pienso‒ después de acabar su primer libro sobre Arendt (Amor mundi, 2008). Pienso que a ese libro siguieron años de estudio de la obra de Zambrano, y que después, en algún momento que no sé precisar, empezaron los primeros intentos de escritura que a la postre acabarían conformando el libro que vio la luz en 2014. El contexto chileno de esos años lo conocen ustedes mucho mejor que yo: el terremoto de 2010, el impacto de la crisis financiera internacional, los gobiernos de entonces, el auge de las redes sociales, las revueltas estudiantiles, etc. En ese contexto escribe Felicitas Valenzuela sobre Zambrano y a ese contexto responde su libro. Y el mensaje es claro y se va preparando poco a poco, articulando capítulos que son asedios sucesivos al pensamiento de Zambrano, modos de introducir al lector en el árbol magnífico de su filosofía,

el tronco, las raíces, las ramas, las hojas. Es decir: la crítica radical de la modernidad, la razón poética como razón alternativa a la razón hegemónica, el lenguaje de la filosofía y las formas propias del ejercicio filosófico, la política y la filosofía política, en fin. Todo ello bien medido para llegar al capítulo final del libro, precisamente titulado «Humanización de la política». Noten el parecido o aire de familia con el título del libro, María Zambrano: re-humanización de la filosofía. Y es que hay algo, para Zambrano en su tiempo y para Valenzuela en el suyo, que se juega en torno al problema del humanismo. O de los humanismos, pues justo es declinar esta experiencia que recorre de cabo a fin el pensamiento occidental de manera plural. Es claro que para Valenzuela, humanizar la política está estrechamente relacionado con rehumanizar la filosofía. Ya he dicho que en el libro hay un implícito que comprende la filosofía como filosofía política, el ejercicio filosófico como ejercicio que debe revertir en la dimensión comunitaria de lo humano, es decir, en la política y en lo político. Lo cual no quiere decir, claro está, que el filósofo o la filósofa deban hacer política profesional. No hay tiempo para desarrollar esto aquí ahora, pero me parece que es el punto fundamental del legado de Felicitas Valenzuela en este libro. Y lo voy a decir con una cita de Zambrano que ella repite varias veces: «Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, ser persona». Es una cita que Valenzuela hace suya, claro, pues que la repite e insiste en ella y con ella, y que lanza como una flor al momento chileno de aquellos años, no piedras, sino una flor cargada con la semilla de la responsabilidad y de la esperanza. Una flor, pues, de circunstancias, sí, pero hay que entender que la universalidad se gana sólo desde lo concreto de la propia circunstancia. Se trataba de eso, claro, de la democracia, de poner en valor su auténtico significado. Rehumanizar la filosofía significaba a la postre eso: volver del sujeto abstracto a la centralidad de las personas concretas. Humanizar la política, que aquí funciona como correlato de una filosofía que se quiere transformadora, también era eso: volver del sistema de partidos y de sus dinámicas a la centralidad de las personas. Pero sabiendo y teniendo muy claro que la persona no es algo que se nos da con el nacimiento, sino que es conquista, tesón y tensión cotidiana. O como decía Zambrano hablando de «la verdad de la condición humana»: «que el hombre es criatura en trance de continuo nacimiento». La persona es, pues, eso que nos exige ser la auténtica vida democrática, y, a la vez, lo que posibilita la conciencia de ese «trance de continuo nacimiento» que irreme-

diablemente somos. Y creo que en última instancia el libro de Felicitas Valenzuela sobre Zambrano es una invitación a ponernos ese doble problema de transformación individual y colectiva sin cuya conciencia no acabaremos nunca de comprender y poder desarrollar la democracia. Es prioritario educar para la democracia, porque a la vida democrática no se nace enseñados, de la misma manera que hay educar al individuo para que pueda llegar a ser persona. Ese es, creo, el legado de este libro sobre Zambrano, un libro, como como digo, humilde, honesto, sincero, casi escrito en voz baja, para que su verdad resuene más allá del griterío que acompaña este tiempo nuestro. Muchas gracias.

Notas

  1. Texto base de la ponencia sostenida en la I Jornada de investigación en Filosofía, epistemología y género. Felicitas Valenzuela Bousquet, el 24 de septiembre de 2025 organizado por el Departamento de Filosofía de la Universidad de Concepción.
  2. Universidad de Turín. E-mail: francisco.martin@unito.it. https://orcid.org/0000-0001-5367-4891

Referencias bibliográficas

Valenzuela, F. (2014). María Zambrano: re-humanización de la filosofía.

Valenzuela, F. (2008). Amor mundi.

Valenzuela, F. (1971). En torno a la concepción histórica de José Ortega y Gasset [Tesis de grado, Universidad de Concepción]. Dirección de F. Álvarez González.

Amarís Duarte, O. (2021). Una poética del exilio: Hannah Arendt y María

Zambrano. Herder.

Zambrano, M. (1937, febrero). La reforma del entendimiento. Atenea, (140). Universidad de Concepción.