Por una educación pública gratuita y de calidad
DOI:
https://doi.org/10.29393/AT533-17PEPG10017Resumen
No son solo los medios de comunicación, no los tradicionales y ni siquiera los no tradicionales los únicos que llevan a cabo una campaña cuyo fin es fabricarle a los ciudadanos el consentimiento y, en particular, a aquellos/as que se dejan seducir por el confortable “sentido común”. Codo a codo con el amasijo mediático, el que experimentamos todos y todos los días, estará haciendo su trabajo los dispositivos de un aparato otro, que solo en apariencia es menos eficaz que el de las comunicaciones, y al que contemporáneamente se le han reformulado las metas. Me refiero a la educación de los jóvenes. En la historia de la humanidad, las comunidades de mayor renombre le han otorgado una alta estima, porque no se les escapaba la importancia que el quehacer educacional tenía para su subsistencia y su reproducción. Y la comunidad actual, la chilena, la latinoamericana y la mundial, no es una excepción.
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