Artículos

Cuadernos de Filosofía Nº 40 (21–46), 2022

https://doi.org/10.29393/CF40-2WDJF10002

ISSN 0716-9884 · e-ISSN 3087-2464

Recibido: 11-5-2022 · Aceptado: 14-9-2022

Wittgenstein y los desacuerdos morales: sobre la justificación moral y sus implicaciones para el relativismo moral

Wittgenstein and moral disagreements: on moral justification and its implications for moral relativism

Jordi Fairhurst Chilton

KU Leuven. Correo electrónico: jordi.fairhurst@gmail.com

Resumen

Este artículo estudia las observaciones tardías de Wittgenstein sobre los desacuerdos morales. Primero, examina las prácticas de justificación y dar razones en los desacuerdos morales. Argumenta que, para Wittgenstein, las razones morales son descripciones que se utilizan para justificar una evaluación moral. Segundo, explica que la idoneidad y el carácter concluyente de las razones y justificaciones morales dependen de su atractivo para quienquiera que se presenten, no de cómo es el mundo. Tercero, muestra que las observaciones de Wittgenstein sobre el carácter inconcluyente de las razones y justificaciones morales no implican un compromiso con el relativismo moral. Finalmente, muestra como las observaciones de Wittgenstein pueden usarse en futuras investigaciones para desarrollar una nueva imagen de los desacuerdos morales profundos.

Palabras clave: Wittgenstein, Desacuerdos morales, Justificación, Relativismo moral.

Abstract

This paper studies Wittgenstein’s later observations on moral disagreements. First, it examines the practice of reason-giving and justification in moral disagreement. It argues that, for Wittgenstein, moral reasons are descriptions which are used to justify a moral evaluation. Second, it explains that the adequacy and conclusiveness of moral reasons and justifications are dependent on their appeal to whomever they are given, not on how the world is. Third, it shows that Wittgenstein’s remarks on the inconclusiveness of moral reasons and justification do not entail a commitment to moral relativism. Lastly, it shows how Wittgenstein’s observations can be used in future investigations to develop a new picture of deep moral disagreements.

Keywords: Wittgenstein, Moral disagreements, Justification, Moral relativism.


Introducción1

Durante las últimas décadas, los filósofos se han interesado cada vez más en estudiar el significado, la viabilidad y la aplicabilidad del trabajo posterior de Ludwig Wittgenstein a los debates filosóficos actuales. Un ejemplo claro lo encontramos en el estudio de los desacuerdos profundos, que ha sido dominado por la influencia de On Certainty (en adelante, OC) de Wittgenstein. Los epistemólogos han ilustrado cómo las discusiones filosóficas sobre desacuerdos profundos podrían ponerse ventajosamente en contacto con la filosofía de Wittgenstein en OC y la metáfora de las “bisagras”2.

Recientemente, algunos estudiosos de Wittgenstein (véase, por ejemplo, Godden & Brenner 2010; Dare 2014; Lavorerio 2021) han sugerido que cuando centramos nuestra atención en otras partes de la obra de Wittgenstein, surge una imagen diferente de los desacuerdos profundos. Por ejemplo, Lavorerio (2021, p. 217) ha estudiado los Lectures on Religious Belief de Wittgenstein para ejemplificar cómo los desacuerdos religiosos profundos “son profundos, pero no porque estén basados en bisagras diferentes, sino porque son desacuerdos sobre imágenes”.

Mi objetivo en este artículo no es proporcionar una nueva imagen de los desacuerdos profundos. En este artículo me propongo ofrecer un estudio detallado de las ideas tardías de Wittgenstein sobre los desacuerdos morales. El propósito de esta investigación es centrar nuestra atención en una parte diferente del trabajo de Wittgenstein que puede usarse en futuras investigaciones para desarrollar una nueva imagen de los desacuerdos morales profundos.

La estructura de este artículo es la siguiente. La sección 1 presenta un desacuerdo moral hallado en las conversaciones de Wittgenstein con Rush Rhees y que se discutirá a lo largo del artículo. La sección 2 proporciona algunas consideraciones preliminares sobre la metaética de Wittgenstein que son cruciales para comprender sus observaciones sobre los desacuerdos morales. La sección 3 estudia las ideas de Wittgenstein acerca de las prácticas de dar razones y justificación en los desacuerdos morales. La sección 4 explica por qué Wittgenstein sostiene que las razones y justificaciones morales no son concluyentes. La sección 5 investiga si el carácter inconcluyente de las razones y justificaciones morales implica un compromiso con el relativismo moral. Finalmente, la sección 6 muestra como las observaciones de Wittgenstein pueden usarse en futuras investigaciones para desarrollar una nueva imagen de los desacuerdos morales profundos.

1. Desacuerdos Morales

En sus conversaciones sobre ética con Rush Rhees y Lectures on Cambridge, Wittgenstein estudia la gramática de las locuciones y prácticas lingüísticas relacionadas con los desacuerdos morales. Los desacuerdos morales pueden definirse en términos generales como disputas sobre la moralidad de, por ejemplo, una acción, una persona, un tema, una perspectiva ética, etcétera. A lo largo de estas disputas, las partes involucradas en el desacuerdo ofrecen juicios morales opuestos sobre el tema en cuestión y, posteriormente, presentan razones y justificaciones a favor de sus respectivos juicios.

Los desacuerdos morales profundos, además de presentar estas características, exhiben los rasgos propios y distintivos de los desacuerdos profundos. Aunque no hay ningún consenso acerca de cómo debemos definir estos últimos, sí que podemos proporcionar una lista no exhaustiva de rasgos que se han asociado a los desacuerdos profundos en la literatura existente3. Primero, no son meramente una disputa de opiniones, creencias o preferencias acerca de un tema específico: también involucran un enfrentamiento de cosmovisiones -de formas de vida.

Segundo, tienden a ser persistentes porque no hay un método de resolución compartido por las partes involucradas en la disputa. Por último, son desacuerdos sistemáticos. “La idea aquí es que los desacuerdos profundos no son aislados, sino que se extienden hacia afuera, teniendo una especie de efecto dominó sobre lo que uno está comprometido a estar en desacuerdo en otros casos” (Ranalli 2021, p. 984).

A lo largo de este artículo hablaré principalmente acerca de desacuerdos morales y no desacuerdos morales profundos. Esta decisión se debe principalmente a las peculiaridades del trabajo de Wittgenstein. A lo largo de sus reflexiones acerca de la ética, Wittgenstein no ofreció ninguna distinción clara entre desacuerdos morales y desacuerdos morales profundos. Por el contrario, sus observaciones tienden a tratar ambos desacuerdos de forma indistinta, dificultando así la posibilidad de discernir sus observaciones concernientes únicamente a los desacuerdos morales profundos. No obstante, sus reflexiones acerca de los desacuerdos morales tienen implicaciones interesantes para el estudio de los desacuerdos morales profundos (véase la sección 6). Por tanto, mediante el estudio de sus observaciones pueden extraerse ideas interesantes para desarrollar una nueva imagen de los desacuerdos morales profundos en investigaciones futuras.

Para investigar observaciones de Wittgenstein acerca de los desacuerdos morales, me centraré en el siguiente desacuerdo moral. Considere un escenario donde dos personas (p. ej., Taylor y Alex) son testigos de un asesinato por emboscada donde un hombre es apuñalado por la espalda. Taylor es un militarista que piensa que “el caso a favor del asesinato parece incontestable” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, pp. 29-30). Por otro lado, Alex es un pacifista que “tiene fuertes sentimientos de repugnancia contra matar a un hombre” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 29)4.

En consecuencia, a lo largo de esta disputa, las partes involucradas en el desacuerdo ofrecerán juicios morales opuestos sobre el tema en cuestión. Alex juzgará el asesinato por emboscada como moralmente malo, mientras que Taylor lo juzgará como moralmente bueno. Posteriormente, ambos expondrán las razones y justificaciones de sus respectivas posiciones. Por ejemplo, Taylor puede sostener que esta forma de asesinato es buena porque “el hombre tiene que morir de todos modos; esta forma de muerte era indolora, inesperada y, por lo tanto, sin terrores ni preocupaciones preliminares, y así sucesivamente” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 29).

2. Consideraciones Preliminares

Las observaciones de Wittgenstein sobre los desacuerdos morales, la justificación moral y la práctica de dar razones surgen a menudo en el contexto de investigaciones más amplias. Tomemos, por ejemplo, las Lectures in Cambridge (AWL) de Wittgenstein. Uno de los objetivos principales a lo largo de §§31-36 es investigar las atribuciones de valor moral, aclarando así la ontología de los valores morales y la gramática de las locuciones morales5. Entonces, antes de examinar las observaciones de Wittgenstein sobre los desacuerdos morales, abordemos brevemente sus investigaciones sobre estos temas vecinos.

En sus Lectures in Cambridge a principios y mediados de la década de 1930, Wittgenstein discutió cuestiones relacionadas a las atribuciones de valor moral y su relación con el mundo: ¿Cómo se puede saber si una acción o evento tiene la cualidad de la bondad? ¿Y se puede conocer la acción en todos sus detalles y no saber si es buena? Es decir, ¿ser bueno es algo que se experiencia de forma independiente? ¿O el hecho de ser bueno se sigue de las propiedades de la cosa? (AWL §32).

Para responder a estas preguntas, Wittgenstein investiga inicialmente qué se requiere para que algo sea una cualidad. Wittgenstein (AWL §32) explica que para saber si un objeto tiene la cualidad Q es necesario examinar las características del objeto y determinar si son síntomas de Q. El éxito de esta investigación depende de si hay alguna comprensión independiente de lo que es Q, “de lo contrario, la palabra ‘síntoma’ no tiene sentido” (AWL §31). Sin una comprensión independiente de los aspectos comunes compartidos por todas las instancias de Q, es imposible reconocer si un objeto exhibe esta propiedad o no.

De lo anterior se concluye, en primer lugar, que una propiedad/cualidad debe tener una identidad fija independiente que permanezca invariable cuando se aplique a diferentes objetos. En segundo lugar, la relación sintomática que se da entre un objeto y una propiedad es una relación contingente que se descubre mediante investigaciones empíricas y la experiencia.

Habiendo aclarado los requisitos para que algo sea una propiedad, Wittgenstein vuelve a sus preocupaciones anteriores sobre las atribuciones de valor. Las características de una cosa (por ejemplo, una acción o una persona) son solo síntomas de bondad (o cualquier otro valor ético), si la bondad tiene una identidad fija que puede investigarse independientemente de las cosas a las que se atribuye. Wittgenstein inmediatamente rechaza este tipo de investigación por ser “demasiado simple” (MWL, p. 332; véase Kuusela En Prensa; Fairhurst 2021 para una defensa detallada de esta afirmación).

Los valores morales y estéticos no tienen un significado fijo compartido por todas sus instancias. Por el contrario, su significado sólo puede determinarse viendo su uso dentro de un juego de lenguaje y, por otro lado, las cosas con las que están ligados (p. ej., acciones, objetos, individuos, etc.). Por ejemplo, ‘bello’ y ‘feo’ “están ligados a las palabras que modifican, y cuando se aplican a una cara no son lo mismo que cuando se aplican a flores y árboles. […] Y de manera similar en ética: el significado de la palabra “bueno” está ligado al acto que modifica” (AWL §32; corchetes añadidos). En consecuencia, el significado de los valores morales y estéticos no permanece invariable cuando se atribuyen a diferentes objetos (véase LA, Parte II §4 para un ejemplo).

Wittgenstein concluye que si lo bueno (o cualquier otro valor moral) puede ser algo diferente en cada caso, entonces existe una gran confusión al llamarlo una propiedad (MWL, p. 333; véase Richter 2018; Kuusela En Prensa; Fairhurst 2021 para pronunciamientos similares). Tras rechazar la existencia de propiedades morales, Wittgenstein esboza una concepción alternativa de la relación entre los valores morales y el mundo. Específicamente, favorece la idea de que las características de una acción son constitutivas de la bondad o la belleza (AWL §§31-32). Según esta concepción, la relación entre los valores morales y las características de una acción es constitutiva e interna, en oposición a una relación sintomática, contingente y externa (cf. Kuusela En Prensa, p. 5, 13). Los valores morales/estéticos no pueden entenderse independientemente de los actos/objetos con los que están constitutiva e internamente relacionados, y viceversa.

Habiendo aclarado la relación interna y constitutiva entre los valores morales y el mundo, ahora podemos aclarar las observaciones de Wittgenstein sobre las atribuciones de valor moral y los juicios morales. En este artículo voy a defender una interpretación expresivista de la filosofía moral posterior de Wittgenstein (véase Glock 2015; Fairhurst 2019; 2021 para otras lecturas expresivistas existentes)6.

Según esta interpretación, las atribuciones de valor moral expresan reacciones éticas (es decir, sentimientos y actitudes) de, digamos, des/contento, dis/gusto, o des/aprobación sobre algún aspecto del mundo (LA, Part I §§5-7, §10). Más específicamente, primero, vemos una acción, un sujeto o cualquier otra cosa que pueda ser sujeta a una evaluación moral. En segundo lugar, llevamos a cabo una actividad moral irreductible que selecciona las características de dicha acción que son moralmente relevantes para nuestra evaluación moral y descarta aquellas que son irrelevantes (véase Kuusela En Prensa, p. 15 para una explicación detallada)7. Por último, reaccionamos éticamente de tal o cual manera y, en consecuencia, juzgamos la acción como moralmente buena, mala, etcétera.

Considere, nuevamente, un escenario en el que Alex es testigo de un asesinato por emboscada. Posteriormente, Alex lleva a cabo en una actividad irreductiblemente moral que selecciona las características de esta acción que son relevantes para su evaluación moral. Por ejemplo, Alex puede señalar el hecho de que el asesinato implica causar daño a un individuo inocente o violar la santidad de la vida. En consecuencia, Alex tiene una reacción ética (por ejemplo, sentimientos o actitudes) de repugnancia y disgusto y, por lo tanto, juzga el asesinato por emboscada como moralmente incorrecto.

Bajo esta interpretación, entonces, los juicios morales se usan aproximadamente como interjecciones que sustituyen los gestos naturales de aprobación y desaprobación para expresar reacciones éticas de, por ejemplo, des/contento, dis/gusto, des/aprobación, etc. (véase Fairhurst 2021 para una defensa). Los juicios morales, sin embargo, no son casos límite de oraciones puramente normativas y no descriptivas, ya que involucran descripciones relevantes sobre las características de las acciones que nos hacen juzgarlas como buenas, malas, etcétera (Christensen 2011, pp. 807-808; Fairhurst 2021, pp. 11045-11048; véase la nota al pie de página 6). Wittgenstein proporciona un ejemplo cuando analiza el uso de “deterioro” en estética. “Usas ‘deterioro’ por un lado para describir un tipo particular de desarrollo, por otro lado para expresar desaprobación” (LA, Parte I §34). Asimismo, por ‘bondad de una acción’ también nos referimos a una acción con ciertas características (AWL §32; cf. MWL, p. 337-338).

Por último, para aclarar las atribuciones de valor moral y estético y las “palabras estéticas [y morales] hay que describir formas de vivir” (LA, Parte I §35; corchetes añadidos), es decir, formas de vida. Las actividades lingüísticas solo pueden entenderse viendo cómo encajan en las prácticas regulares generales de una comunidad que sirve de contexto.

Las formas de vida pueden ofrecer dos contribuciones principales a las prácticas lingüísticas y no lingüísticas involucradas en las atribuciones de valor moral. Por un lado, anteriormente he explicado que las evaluaciones morales requieren involucrarse en una actividad moral irreductible que selecciona las características de una acción que son moralmente relevantes para nuestras evaluaciones y descarta aquellas que son irrelevantes. Esta actividad moral irreductible y, por extensión, las características que se eligen como relevantes dependen de nuestra forma de vida y su sistema ético. Cada forma de vida y sistema ético hará que nos fijemos en aspectos diferentes de una misma acción (MT 15.3.[37]; 4.2.[37]).

Por otro lado, las formas de vida también pueden contribuir a nuestras propias reacciones éticas. Aunque las reacciones éticas siguen siendo algo esencialmente personal, no son aisladas. En última instancia, se basan en patrones sociales de acción (AWL §31–36; Glock 2015, p. 108). Vivir de acuerdo con una perspectiva ética puede implicar la adopción de ciertos valores morales, preceptos, reglas, patrones de comportamiento (tanto lingüísticos como no lingüísticos), etc., que influyen en las reacciones éticas que uno pueda tener.

3. Razones Morales

Resueltas estas consideraciones preliminares, podemos pasar a las observaciones de Wittgenstein sobre los desacuerdos morales, la justificación moral y la práctica de dar razones. Como se explicó anteriormente, los desacuerdos morales pueden definirse en términos generales como disputas sobre la moralidad de, por ejemplo, una acción, una persona, un tema, una perspectiva ética, etc. A lo largo de estas disputas, las partes involucradas en el desacuerdo ofrecen juicios morales opuestos sobre el tema en cuestión. Es decir, ofrecen reacciones éticas contrapuestas sobre una misma cosa. Posteriormente, a lo largo de la discusión, las partes involucradas generalmente darán razones con la intención de justificar y convencer a los demás de la corrección de su juicio moral.

Al investigar este tema, Wittgenstein dice que debemos hacernos dos preguntas importantes: (1) ¿cómo es una “controversia o indagación ética? (2) ¿Son estas indagaciones, indagaciones psicológicas? ¿Por qué tienen apariencias tan diferentes?” (MWL, p. 340). Es decir, a Wittgenstein le interesa principalmente cómo son los desacuerdos morales y la práctica de dar razones y, por otro lado, por qué son tan diferentes a las controversias o indagaciones psicológicas (y científicas). Entonces, para abordar las respuestas de Wittgenstein a estas preguntas, primero estudiaré brevemente cómo son las controversias psicológicas y científicas. En segundo lugar, resaltaré por qué es inadecuado extender estas consideraciones a la ética (y la estética). Finalmente, examinaré las observaciones de Wittgenstein sobre las peculiaridades de los desacuerdos morales, la práctica de dar razones y la justificación moral.

3.1. Desacuerdos científicos

Los desacuerdos científicos pueden definirse como disputas sobre la verdad de teorías científicas o afirmaciones de hecho. En estas disputas, las partes involucradas en el desacuerdo ofrecen afirmaciones opuestas acerca de cómo es el mundo. Posteriormente, a lo largo de la discusión, las partes involucradas generalmente aportarán pruebas o evidencias con la intención de justificar y demostrar la veracidad de sus afirmaciones. La resolución del conflicto se halla en la posibilidad de contrastar estas teorías o afirmaciones de hecho con la realidad y así determinar cuál de ellas es verdadera en virtud de cómo es el mundo (Rhees 1965, p. 24; ALW §32, §34-35). En otras palabras: la investigación experimental sirve como un medio para resolver la disputa al proporcionar evidencia que verifica si las afirmaciones y teorías son verdaderas o falsas.

Por ejemplo, supongamos que Alex y Taylor ven un objeto X roto y no están de acuerdo sobre la causa de la rotura de X. Alex sostiene que se debe a que X es frágil, mientras que Taylor sostiene que X es bastante robusto y, por lo tanto, se rompió debido a otra causa (por ejemplo, una fuerza extrema). Para resolver el conflicto, Alex y Taylor acuerdan llevar a cabo una investigación experimental para examinar las características de X mirando a través de un microscopio para ver la configuración de sus partículas y determinar si la naturaleza de su disposición es un síntoma de la propiedad de fragilidad o no.

3.2 Puntos de divergencia

Estas consideraciones no deben extenderse a los desacuerdos morales (o estéticos). Esto se debe principalmente, primero, a que “existen características especiales con respecto a la ética, porque en la ética generalmente no hay evidencia” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 28). “La forma en que alguna realidad se corresponde –o entra en conflicto– con una teoría física no tiene aquí contrapartida [en la ética]” (Rhees 1965, p. 24; corchetes añadidos).

La falta de evidencia en la ética se debe principalmente a la concepción wittgensteineana de la ontología de los valores morales. Para afirmar que las características de una acción constituyen evidencia para su evaluación debemos presuponer que podemos tener un conocimiento de los valores morales que es independiente a dichas características (Kuusela En Prensa, p. 16-17). Wittgenstein rechaza la idea de que tenemos un conocimiento independiente de los valores morales (ver sección 2), por lo que las características de una acción no pueden constituir evidencia para una evaluación. Además, como explica la sección 2, Wittgenstein rechaza la existencia de propiedades morales y, por extensión, hechos morales, lo que socava la posibilidad de afirmar la existencia de evidencia en ética (véase Fairhurst 2021 para una defensa de estas ideas).

En segundo lugar, las consideraciones introducidas en 3.1 no deben extenderse a los desacuerdos morales (o estéticos) debido a que Wittgenstein rechaza la afirmación de que la ética pueda reducirse a la psicología o cualquier otra ciencia. Wittgenstein discutió la tentación generalizada de reducir la ética y la estética a la psicología mediante la reducción de los valores morales y estéticos a estados mentales, por ejemplo, placer o dolor (AWL §§34-36). Esto se logra especificando las conexiones causales que justifican la afirmación de identidad reductiva entre ciertos valores y estas entidades no morales. Estas conexiones causales se expresan mediante proposiciones psicológicas, como “x es bueno o hermoso si x nos da placer”, que son hipótesis que pueden confirmarse o refutarse a través de la investigación empírica. Según esta postura reduccionista, la pregunta sobre la bondad de una acción o la belleza de un objeto debe ser respondida por proposiciones psicológicas que citan causas.

A menudo se “pensaba que cada vez que estábamos [ética o estéticamente] desconcertados, lo que queríamos era una causa: pensábamos que “por qué” siempre significaba: ¿Cuál es la causa de esto?” (MWL, p. 342; corchetes añadidos).

Por ejemplo, supongamos que Alex y Taylor están discutiendo la moralidad del asesinato por emboscada y Taylor, quien está desconcertado por el juicio moral de Alex, pregunta ‘¿Por qué es moralmente incorrecto asesinar a alguien por emboscada?’. Alex puede pensar que una forma de responder a esta pregunta y, así justificar su juicio moral, es citar causas. En consecuencia, Alex utilizará proposiciones psicológicas, como “El asesinato por emboscada es malo porque me da una sensación de descontento, disgusto, incomodidad y/o desaprobación”, para citar estas conexiones causales. A su vez, la verdad de estas proposiciones será confirmada o refutada a través de la investigación empírica.

Wittgenstein (AWL §34; LA, Parte III §11-13) sostiene que esta explicación reduccionista causal no elimina el desconcierto ético o estético que uno siente cuando se le pregunta qué hace que una acción sea buena o un objeto hermoso8. “El tipo de experimento que llevamos a cabo para descubrir los gustos y disgustos de las personas no es estético” (AWL §34). Aunque estas explicaciones causales y reductivas pueden “ser interesantes para algunas personas; y podría satisfacer a una persona que pretendía hacer esa pregunta” (es decir, la persona que hizo una pregunta causal sobre si tenía ciertas actitudes o sentimientos al ver una acción u objeto), “esto no es Estética” o Ética (MWL, p. 342). “El tipo de explicación que uno busca cuando está desconcertado por una impresión estética no es una explicación causal, no corroborada por la experiencia o por las estadísticas sobre cómo reacciona la gente” (LA, Parte II §11).

Por ejemplo, “la respuesta a ‘¿Qué tiene de malo esta melodía?’” o ‘¿Qué tiene de malo ese asesinato en emboscada?’ “es como la afirmación ‘Esto está demasiado alto’” o ‘Viola la autonomía individual, “no como la afirmación de que produce azufre en la sangre” (AWL §34). El uso de proposiciones causales para reducir los valores morales y estéticos a estados mentales no proporciona una explicación adecuada de las atribuciones de valor moral y estético. “No elimina nuestra perplejidad [ética] o estética” (MWL, 342; corchetes añadidos).

“La pregunta en Estética no es: ¿Te gusta? Más bien es, si te gusta, ¿por qué te gusta?” (MWL, p. 346). Asimismo, la pregunta en Ética no es: ¿Crees que es bueno? Más bien es, si crees que es bueno, ¿por qué crees que es bueno? Estas últimas preguntas no exigen una proposición psicológica que especifique los efectos físicos y mentales causados por una acción/objeto en el cuerpo humano y cómo están causalmente conectados con tal o cual evaluación moral/estética. Los puzles éticos y estéticos no exigen conexiones causales o proposiciones psicológicas, sino razones (AWL §36; MWL, p. 352; LA, Parte II §38-39, Parte III §11-13). La ética, en la medida en que exige razones, no es ciencia ni debe reducirse a ciencia9. El anhelo ético y “estético de una explicación no se satisface con una hipótesis. Esto es lo que quiero decir cuando digo que [la Ética y] la Estética no es Psicología” (MWL, p. 357; corchetes añadidos).

3.3 Razones morales como descripciones

Pero “¿qué es una razón” en Ética y “Estética? […] Motivo = justificación. ¿Cómo es una justificación? (MWL, p. 350; corchetes añadidos). Las razones que damos en ética y estética son “descripciones” y lo que hacen es “llamar la atención sobre ciertas características, colocar las cosas una al lado de la otra para exhibir estas características” (AWL §35; cf. MWL, p. 351)10.

Estas descripciones ofrecen tres contribuciones principales a la práctica de dar razones y justificar en los desacuerdos morales. En primer lugar, las descripciones se utilizan para eliminar cualquier inquietud o perplejidad acerca de un juicio moral al hacer explícitos los rasgos moralmente relevantes que son constitutivos de esa evaluación específica.

En segundo lugar, tal y como se explica en la sección 2, las evaluaciones morales requieren participar en una actividad moral irreductible que selecciona las características más destacadas de una acción que son moralmente relevantes y constitutivas de nuestras evaluaciones. “Una forma típica de no juzgar correctamente un caso es la falta de conocimiento o ignorar algunos de sus detalles, lo que también puede ser una cuestión de centrarse en características que no son moralmente relevantes o que no son las más relevantes para juzgar moralmente el caso” (Kuusela En Prensa, p. 14). Las descripciones nos permiten justificar un juicio moral del siguiente modo: nos permite destacar aquellas características que son constitutivas de nuestra evaluación y que han pasado desapercibidas por las otras partes involucradas en el desacuerdo. Al hacerles ver estos rasgos desde ese momento en adelante, las descripciones morales nos permiten hacer que otros vean lo que nosotros vemos y así adoptar una nueva forma de mirar a la misma cosa.

Finalmente, las descripciones no solo pretenden quitar el desconcierto o cambiar la forma en la que vemos una acción: también pretenden causarte “una impresión” (PPO, p. 85) y así hacerte reaccionar de cierta manera. Como se explicó en la sección 2, las atribuciones de valor moral son el resultado de reacciones éticas (es decir, sentimientos y actitudes) de, digamos, des/contento, dis/gusto o des/aprobación. Al poner en primer plano aquellas características que son constitutivas de nuestra evaluación, nuestra esperanza es causar una impresión en los demás haciéndolos reaccionar éticamente de una manera específica y, en consecuencia, cambiar la forma en la que juzgan moralmente la acción (PPO, p. 85; AWL §32; Rhees 1965, p. 26).

Las discusiones morales y estéticas, entonces, son muy parecidas a las discusiones en un tribunal de justicia. “No dices ‘Esto es malo o bueno’, pero tratas de aclarar las circunstancias; y al final, lo que digas apelará al juez” (MWL, p. 351).

Considere, de nuevo, el escenario en el que Taylor y Alex son testigos de un asesinato por emboscada en el que un hombre es apuñalado por la espalda. Alex juzga que el asesinato es moralmente malo, mientras que Taylor lo juzga como moralmente bueno. Debido al conflicto entre sus juicios morales, Alex y Taylor entablan una discusión moral para resolver el conflicto.

A lo largo de esta discusión, Taylor intenta ofrecer razones a favor de su atribución de valor para convencer a Alex de la bondad del asesinato por emboscada. Por ejemplo, Taylor puede decir: “El hombre tiene que morir de todos modos; esta forma de muerte fue indolora, fue inesperada y, por lo tanto, sin terrores ni preocupaciones preliminares, y así sucesivamente” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, pp. 29-30).

El propósito de estas descripciones es justificar el juicio moral de Taylor mediante, primero, la eliminación de cualquier inquietud o perplejidad que pueda haber causado el juicio de Taylor. Inicialmente, Alex podría preguntarse por qué Taylor piensa que es correcto cometer asesinatos por emboscada, ya que puede involucrar razones siniestras, como el hecho de que implica infligir dolor no consentido a seres humanos inocentes. Así, al ofrecer estas razones y hacer explícitas las características de la acción que son constitutivas de su evaluación moral, Taylor puede disipar cualquier perplejidad o confusión que pueda surgir.

En segundo lugar, Alex puede haber ignorado algunos de los detalles de la acción al determinar cuáles de sus características son las más relevantes para juzgar moralmente el caso. De ese modo, las descripciones de Taylor le permiten justificar su juicio moral del siguiente modo: le permite destacar aquellas características que son constitutivas de su evaluación y que pueden haber pasado desapercibidas por Alex. Por ejemplo, es posible que Alex no haya considerado el hecho de que un asesinato por emboscada es indoloro y sin terrores ni preocupaciones preliminares, a diferencia de muchas otras formas de muerte. Al hacer explícitas estas características, las descripciones morales de Taylor le permiten ayudar a que Alex adopte una nueva forma de ver la misma acción, lo que, a su vez, puede conducirlo a cambiar la forma en la que juzga la acción a la luz de esta nueva información. Esto nos lleva al último punto.

Finalmente, al eliminar el desconcierto y hacer explícitas ciertas características que antes habían pasado desapercibidas, Taylor también se propone usar estas descripciones para causar una impresión en Alex, haciéndolo reaccionar éticamente de una manera específica y, en consecuencia, cambiando la forma en la que juzga moralmente la acción. Más específicamente, destacando el hecho de que el hombre tiene que morir de todos modos; esta forma de muerte fue indolora, fue inesperada y, por lo tanto, sin terrores ni preocupaciones preliminares, Taylor pretende causar una impresión particular en Alex: eliminar el sentimiento de repulsión y ayudarle a reaccionar con un sentimiento de aprobación que le lleve a juzgar la acción como moralmente buena, en lugar de moralmente mala.

4. El carácter inconcluyente de las razones morales

Debido a las peculiaridades y diferencias entre las razones morales y las causas científicas, Wittgenstein sugiere que existen distintos métodos para determinar la idoneidad de las razones y las causas en los desacuerdos.

Supongamos que Alex y Taylor ven un objeto X roto y no están de acuerdo sobre la causa de la rotura de X. Alex sostiene que se debe a que X es frágil, mientras que Taylor sostiene que X es bastante robusto y, por lo tanto, se rompió debido a otra causa (p. ej., una fuerza extrema). Las causas invocadas tanto por Alex como por Taylor se “encuentran experimentalmente” (AWL §36) y dan como resultado hipótesis (contradictorias) sobre cómo es el mundo. Entonces, para determinar la idoneidad de las causas presentadas tanto por Alex como por Taylor, solo debemos realizar una investigación experimental, donde examinemos las características de X para establecer si tiene la propiedad de fragilidad o no.

No ocurre lo mismo con las razones que se aducen en los desacuerdos éticos (y estéticos). Considere, nuevamente, el desacuerdo entre Taylor y Alex sobre el asesinato por emboscada del que han sido testigos. Las razones ofrecidas por Taylor (es decir, el hombre tiene que morir de todos modos; esta forma de muerte fue indolora, fue inesperada y, por lo tanto, sin terrores ni preocupaciones preliminares, etc.) para justificar el juicio moral “el asesinato por emboscada es casi santo”, no se encuentran experimentalmente ni dan lugar a una hipótesis acerca de cómo es el mundo. Por el contrario, son descripciones que se utilizan para justificar una evaluación moral al (i) eliminar cualquier perplejidad que Alex pueda tener sobre el juicio moral de Taylor, (ii) hacer explícitas las características de la acción que son constitutivas de la evaluación moral de Taylor y pueden haber pasado desapercibidas por Alex, y (iii) causar una impresión en Alex para que reaccione éticamente de una manera particular y, en consecuencia, juzgue la acción como buena.

El éxito de las razones morales aducidas por Taylor (es decir, las descripciones que ha ofrecido) como medio para justificar su juicio moral no se determinará mediante investigación experimental. “Es una confusión decir que una razón es una causa vista desde dentro” (AWL §36). No podemos investigar las características de la acción para determinar si son síntomas de bondad o no (véase la sección 2). De nuevo, “en ética generalmente no hay evidencia” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 29). El éxito de las razones aducidas por Taylor a favor de su juicio moral será determinado por el acuerdo de Alex con ellas (AWL §36; MWL, p. 360, 363). Volviendo a la analogía entre los desacuerdos morales y las discusiones en un tribunal de justicia: tratamos de aclarar las circunstancias y esperamos que las razones que hemos ofrecido atraigan al juez.

Entonces, resumiendo, “la diferencia entre una razón y una causa se pone de manifiesto de la siguiente manera: la investigación de una razón implica como parte esencial el acuerdo con ella, mientras que la investigación de una causa se lleva a cabo experimentalmente” (AWL §36). Estas diferencias, a su vez, tienen importantes consecuencias para el carácter concluyente (‘conclusiveness’) de las razones y causas.

El carácter concluyente de una causa depende de una investigación experimental que pone fin al desacuerdo. Al investigar cómo es el mundo, se puede demostrar (o refutar) una causa de tal manera que sería imposible rechazarla (o aceptarla). Así, una vez realizada correctamente la investigación experimental pertinente, el desacuerdo se resuelve independientemente de que a las partes les gusten o no los hallazgos empíricos.

Por el contrario, el carácter concluyente de una razón moral depende de su atractivo para quienquiera que se presente. Son estos quienes pondrán fin al desacuerdo aceptando o rechazando las razones presentadas. Así, “la corrección de un juicio moral no puede demostrarse de tal manera que no sea posible rechazar el juicio” (Kuusela 2018, p. 57). Es nuestro acuerdo con las razones morales, más que las razones morales mismas, lo que determinará si es concluyente o no. “Si al final no tienes repugnancia por esto y admiración por aquello, entonces no hay justificación digna de ese nombre” (PPO, p. 85). Esto no quiere decir que “las convicciones éticas de una persona no puedan ser influenciadas por los demás o por lo que sucede en su vida (cf. CV, 95)” (Christensen 2011, p. 810), pero no existen razones concluyentes o “argumentos que puedan cambiar el punto de vista de la persona si se resiste” (Kuusela En Prensa, p. 14).

Volviendo al desacuerdo moral de Taylor y Alex con respecto al asesinato por emboscada, el carácter concluyente de las razones de Taylor depende del acuerdo de Alex con ellas. Por ejemplo, si Alex fuera un militarista como Taylor, “el caso a favor del asesinato parece incontestable” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, pp. 29-30). Las razones ofrecidas por Taylor serían reconocidas como concluyentes, en parte debido a que ambos respaldarían el mismo sistema ético. Sin embargo, dado que Alex es un pacifista que tiene fuertes sentimientos de repugnancia contra el asesinato, Taylor “probablemente no pueda ofrecer razones [concluyentes] para” Alex (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 30; corchetes añadidos).

Taylor puede intentar justificar su juicio moral al ofrecer razones que intentan (i) eliminar cualquier perplejidad que Alex pueda tener sobre la evaluación de Taylor, (ii) hacer explícitas ciertas características de la acción que Alex puede no haber notado y (iii) causar una impresión en Alex para que reaccione éticamente de una manera particular (por ejemplo, con un sentimiento de aprobación en lugar de repugnancia) y, en consecuencia, juzgue la acción como buena. Pero si Alex tiene fuertes sentimientos de repulsión contra el asesinato por emboscada, “entonces no hay justificación digna de ese nombre” (PPO, p. 85). Las razones de Taylor no serán concluyentes en la estimación de Alex, y “aquí, o muy pronto, hay un fin del desacuerdo” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 30). Una vez más, es el acuerdo de Alex con las razones morales de Taylor, en lugar de las razones morales en sí mismas, lo que determinará su carácter concluyente o inconcluyente en este desacuerdo. “Si cuando te he hecho ver lo que yo veo, no te atrae, se acaba” (MWL, p. 351). Taylor no tendrá razones concluyentes que cambien el punto de vista de Alex si Alex se resiste.

5. Wittgenstein y el Relativismo Moral

Llegados a este punto, uno puede verse tentado a sugerir que las observaciones de Wittgenstein sobre el carácter inconcluyente de las razones morales sugieren un compromiso con el relativismo moral. El relativismo moral es un programa filosófico que generalmente se compone de dos afirmaciones centrales: (1) los juicios morales son verdaderos o falsos en relación con algún punto de vista particular (por ejemplo, cultura, sistema ético, convicciones personales, etc.) y (2) cada punto de vista es igualmente correcto que cualquier otra cosa, es decir, que ningún punto de vista es privilegiado únicamente sobre todos los demás11.

De este modo, las observaciones de Wittgenstein pueden interpretarse como sugerencia de que, en primer lugar, el éxito de las razones morales ofrecidas para respaldar un juicio depende en última instancia de su atractivo para quienquiera que se presenten. Entonces, su verdad o adecuación es relativa a algún punto de vista particular. Por ejemplo, el juicio moral de Taylor y las razones para apoyarlo son correctos de acuerdo con el punto de vista militarista de Taylor, mientras que son incorrectos de acuerdo con el punto de vista pacifista de Alex. En segundo lugar, el carácter inconcluyente de las razones morales se debe al hecho de que cualquier punto de vista es tan correcto como cualquier otro. En otras palabras: la corrección de un juicio moral no puede demostrarse de tal manera que no sea posible rechazarlo porque ningún punto de vista es privilegiado sobre todos los demás.

En este artículo no pretendo proporcionar evidencia textual para establecer si Wittgenstein simpatizaba o rechazaba el relativismo moral (véase Christensen 2011; Brandhorst 2015; Kuusela 2018; En Prensa para una discusión sobre este tema). Mi objetivo tiene un alcance más limitado: pretendo mostrar que las observaciones de Wittgenstein sobre el carácter inconcluyente de las razones y justificaciones morales no implican un compromiso con ninguna de las afirmaciones centrales del relativismo moral.

Por lo que concierne la primera afirmación relativista, las observaciones de Wittgenstein se centran principalmente en aclarar las prácticas de justificación y dar razones en los desacuerdos morales. En otras palabras: en lugar de proporcionar conclusiones metaéticas y epistemológicas sobre la naturaleza de la verdad en la ética, los comentarios de Wittgenstein buscan aclarar qué son las razones morales y las justificaciones. Por tanto, parece inadecuado inferir una conclusión relativista sobre la verdad a partir de las observaciones generales de Wittgenstein acerca de los desacuerdos morales y la justificación en ética. La inadecuación de esta inferencia puede atestiguarse demostrando que las observaciones de Wittgenstein son compatibles con la idea de que existen verdades morales objetivas.

Supongamos que Alex y Taylor discuten si es moralmente correcto o incorrecto matar indiscriminadamente a seres humanos inocentes simplemente por placer. Taylor defiende que es moralmente incorrecto, mientras que Alex defiende que es moralmente correcto. A lo largo del desacuerdo, Taylor proporciona razones (p. ej., este acto implica causar daño a un individuo inocente, infringir la autonomía individual y violar la santidad de la vida) para justificar su juicio moral. Sin embargo, como se explica en la sección 4, Wittgenstein sostiene que el éxito de las razones morales ofrecidas por Taylor para justificar su juicio se basa, en última instancia, en su apelación a quienquiera que se den (es decir, Alex). “Si al final” Alex no “tiene disgusto por este” acto, “entonces no hay justificación digna de ese nombre” (PPO, p. 85).

¿La falta de voluntad de Alex para aceptar el juicio moral de Taylor (y las razones que lo respaldan) implica que la verdad o falsedad de este juicio es relativa a algún punto de vista? No, el carácter inconcluyente de las razones morales de Taylor es compatible con la idea de que su juicio moral es objetivamente cierto y que Alex está (sin saberlo) cometiendo un grave error al no estar de acuerdo con él. La inexistencia de un medio o método con el que Taylor pudiera demostrar de manera concluyente la verdad de su juicio, como los presentados en el caso de la ciencia, no implica que el juicio moral de Taylor no sea objetivamente verdadero12. “El relativismo seguiría solo si la posibilidad de corrección en la ética presupusiera necesariamente la posibilidad de justificaciones o demostraciones concluyentes” (Kuusela 2018, p. 57). Entonces, las observaciones de Wittgenstein sobre la justificación moral no significan que no haya una verdad objetiva en la ética, sino que no hay razones concluyentes o “argumentos que puedan cambiar el punto de vista de una persona si se resiste” (Kuusela En Prensa, p. 14). La existencia de desacuerdos irresolubles es una consecuencia de los medios disponibles para justificar un juicio moral, no el estatus epistémico de las verdades morales13.

Wittgenstein analiza la segunda afirmación relativista, a saber, que todos los puntos de vista éticos son igualmente correctos, en sus conversaciones con Rhees. A raíz de sus observaciones sobre el carácter inconcluyente de las razones morales en el desacuerdo sobre el asesinato por emboscada, Wittgenstein parece ser consciente de la amenaza relativista y se apresura a disipar la idea de que cada punto de vista es tan correcto como cualquier otro. “Si uno dice que hay varios sistemas de ética, no está diciendo que todos tengan la misma razón. Eso no tendría sentido” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 30). Como señala acertadamente Kuusela (2018, p. 58) en relación con este pasaje: “algo crucial para la ética se pierde si diferentes puntos de vista, independientemente de su contenido, se aceptan como igualmente correctos. En esta concepción, la ética ya no implica tomar posición sobre lo que se cree éticamente correcto”.

Wittgenstein ofrece una conclusión análoga con respecto a los juicios morales. “Alguien puede decir: ‘Todavía existe la diferencia entre la verdad y la falsedad. Cualquier juicio ético en cualquier sistema puede ser verdadero o falso’” (Rhees 1965, p. 24). Por ejemplo, Taylor puede afirmar que ‘El asesinato por emboscada es moralmente bueno’ es un juicio objetivamente verdadero dentro de su sistema de ética militarista. Wittgenstein sostiene, sin embargo, que, así como no tendría sentido decir que todo sistema ético tiene la misma razón, tampoco “tendría sentido decir que cada uno tiene razón desde su propio punto de vista. Eso solo podría significar que cada uno juzga tal y como lo hace” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 30).

Wittgenstein, entonces, parece rechazar la segunda afirmación relativista, a saber, que todos los puntos de vista éticos son igualmente correctos. No obstante, cabe destacar que dicha conclusión no implica que Wittgenstein necesariamente repudie cualquier postura relativista (véanse las notas al pie de página 15 y 16). Tal y como explican Kusch (2019) y Pérez-Navarro (2022) existen varios ejemplos de relativistas que no están comprometidos con la idea de que todo vale. Por tanto, con la evidencia textual que tenemos a nuestra disposición únicamente podemos extraer dos conclusiones. Primero, Wittgenstein rechaza aquellas posturas relativistas que se comprometen con la afirmación ‘todos los puntos de vista éticos son igualmente correctos’. Segundo, las observaciones de Wittgenstein acerca de los desacuerdos morales, el carácter inconcluyente de las razones y justificaciones morales no implican necesariamente un compromiso con el relativismo moral.

6. Algunas consideraciones acerca de los desacuerdos morales profundos

El propósito de la investigación de este artículo ha sido centrar nuestra atención en una parte diferente del trabajo de Wittgenstein que puede usarse en futuras investigaciones para desarrollar una nueva imagen de los desacuerdos morales profundos. A lo largo de esta última sección, usaré las observaciones de Wittgenstein acerca de los desacuerdos morales para esbozar algunas de las contribuciones que pueden ofrecerse al estudio de los desacuerdos profundos morales.

El trabajo de Wittgenstein provee una contribución importante a la descripción de las características propias de los desacuerdos profundos morales. Específicamente, nos permite esbozar una caracterización general de algunos desacuerdos morales profundos, como el que existe entre Alex y Taylor. Estos tipos de desacuerdos son el resultado de un conflicto de reacciones éticas (p. ej., sentimientos o actitudes de aprobación/desaprobación) que surgen debido a que las partes involucradas viven conforme a sistemas éticos diferentes. Es decir, no son el mero resultado de reacciones contrarias, sino que más bien responden a cosmovisiones éticas diferentes.

Aunque esta caracterización general no nos proporciona una imagen completa de los desacuerdos profundos morales, sí que nos permiten entender de forma más clara en qué consisten algunas de sus peculiaridades. Por ejemplo, dicha caracterización, junto a las observaciones de Wittgenstein acerca del carácter concluyente de las razones morales, nos permite discernir características diferenciales de los desacuerdos morales profundos.

Anteriormente, hemos visto cómo las razones que ofrecemos a favor de un juicio moral tienen la función de poner en primer plano aquellas características que son constitutivas de nuestra evaluación, con la esperanza de causar una impresión en los demás haciéndolos reaccionar de una manera específica y, en consecuencia, cambiar la forma en la que juzgan moralmente una acción o persona. A su vez, el carácter concluyente de estas razones morales depende, en última instancia, de su atractivo para quienquiera que se presente.

Cuando dos personas tienen un desacuerdo moral, pero comparten el mismo sistema ético, las razones morales que se ofrecerán no tienen la finalidad de hacer a la otra parte adoptar una nueva forma de mirar a la misma cosa. Esto se debe a que ambas partes ya comparten la misma visión ética del mundo. El uso de razones morales simplemente tiene la función de ayudar a ambas partes a reconocer ciertas características moralmente relevantes que habían ignorado por error. Resueltas estas cuestiones preliminares, ambas personas verán la acción del mismo modo y, seguramente, ofrecerán un juicio moral semejante, dado que comparten el mismo sistema ético que les influye a reaccionar éticamente de un modo específico14. La justificación moral, si ha de tener éxito, requiere un terreno común entre los partícipes de la discusión, las razones ofrecidas han de ser reconocidas como razones morales (Kuusela 2018, p. 57). Nuestras razones morales serán “concluyentes para aquellos que reconocieran un cierto sistema ético” (Wittgenstein, Rhees & Citron 2015, p. 29).

En cambio, cuando dos personas tienen un desacuerdo moral profundo, no comparten el mismo sistema ético. Las razones morales que se ofrecerán a lo largo del desacuerdo tienen la finalidad de hacer a la otra parte adoptar una nueva forma de ver el mundo. No obstante, al no haber un terreno común entre los participantes de la discusión, cabe la posibilidad de que las razones ofrecidas no sean reconocidas como razones morales, impidiendo de este modo cualquier tipo de justificación moral exitosa.

Por ejemplo, imaginemos una situación donde un cristiano conservador y un científico liberal discuten acerca de la moralidad del aborto. El primero afirma que es una práctica inmoral porque involucra asesinar a un ser humano inocente, mientras que el segundo afirma que no es una práctica inmoral porque el feto no es un ser humano merecedor de plena consideración ética. Independientemente de las razones que pueda proporcionar el cristiano, si el científico no reconoce al feto como ser humano es improbable que cambie su juicio moral acerca del aborto. El científico no podrá ver qué hay de malo en el aborto a no ser que reconozca la importancia del estatus moral del feto. Por tanto, no reconocerá las razones del cristiano como razones morales y no podrá haber ningún tipo de acuerdo acerca de las características moralmente relevantes para emitir un juicio acerca de este caso.

Incluso si las razones ofrecidas son reconocidas como razones morales, no garantizan un acuerdo entre los partícipes del debate acerca de las características moralmente relevantes del caso. Esto se debe a que el éxito de las razones morales ofrecidas depende de que el individuo al que se le ofrezcan lleve a cabo la ardua tarea de cambiar su forma de ver el mundo. Las razones morales que ofrecemos simplemente consisten en descripciones de aquellas características que son constitutivas de nuestra evaluación moral. Nuestro objetivo al ofrecer estas descripciones es clarificar los fundamentos que subyacen a nuestro juicio moral y de este modo persuadir a las otras partes de adoptar nuestra forma de ver las cosas y con ella nuestra evaluación moral. El problema, sin embargo, es que las razones ofrecidas únicamente aclaran el fundamento y las circunstancias específicas de nuestro juicio moral, no proveen ningún tipo de evidencia a favor de la corrección de nuestro juicio ni obligan a una persona a ver las cosas de un modo diferente. Como se ha explicado anteriormente, no hay argumentos que puedan cambiar el punto de vista de la persona si se resiste. Si no se aceptan los fundamentos de una evaluación, no podemos enseñar la corrección de nuestro punto de vista.

Por último, un acuerdo acerca de las características moralmente relevantes para juzgar un caso tampoco garantiza un acuerdo entre los partícipes del debate acerca del juicio moral que han de emitir. Esto se debe a que las partes involucradas pueden suscribir sistemas éticos distintos que, a su vez, les influye a reaccionar y evaluar el caso de formas diferentes. De nuevo, podemos intentar persuadir a los demás partícipes en la disputa de la corrección de nuestro sistema ético y juicio moral. Por ejemplo, podemos aclarar ciertos malentendidos que conllevaban el repudio de un cierto sistema ético o podemos enseñarle a la otra persona que la visión ética que estamos intentando transmitirle se sigue de diversas ideas que ya ha aceptado (véase Kuusela 2018, p. 59 para una explicación más detallada). No obstante, no habrá argumentos que puedan cambiar el sistema ético de la persona si se resiste.

Por tanto, esta imagen wittgensteineana de los desacuerdos morales profundos, pese a ser superficial e incompleta, afirma que son resolubles. Contra Fogelin (1985), Wittgenstein sugiere que es posible poner fin a un desacuerdo moral profundo mediante el uso de razones morales. No obstante, por un lado, la resolución de los desacuerdos morales profundos es compleja. Requiere la capacidad de persuadir a otra persona a adoptar una nueva forma de ver el mundo y cambiar su sistema ético. Por otro lado, la posibilidad de resolución tiene límite. El éxito de una razón moral depende, en última instancia, de su atractivo para quienquiera que se presente. Son estos quienes pondrán fin al desacuerdo aceptando o rechazando las razones presentadas. Nuestras razones morales deben hablar por sí mismas. “Si cuando te he hecho ver lo que yo veo, no te atrae, se acaba” la discusión (MWL, p. 351). No habrá justificación que puedan cambiar la cosmovisión ética de la persona si se resiste.

7. Conclusión

En conclusión, en este artículo he estudiado las observaciones tardías de Wittgenstein sobre los desacuerdos morales. Primero, he examinado las prácticas de dar razones y justificación en los desacuerdos morales. He argumentado que, para Wittgenstein, las razones morales son descripciones que se utilizan para justificar una evaluación moral (i) eliminando cualquier perplejidad o inquietud causada por la evaluación moral, (ii) haciendo explícitas las características de la acción que son constitutivas de dicha evaluación y pueden haber pasado desapercibidas, y (iii) causando una impresión en los otros partícipes en el desacuerdo para que reaccionen éticamente de una manera específica y, en consecuencia, juzguen moralmente la acción como, p. ej., buena, mala, etcétera. Segundo, he explicado que la idoneidad y el carácter concluyente de las razones y justificaciones morales dependen de su atractivo para quienquiera que se presenten. Por lo tanto, la corrección de un juicio moral no puede demostrarse de tal manera que no sea posible rechazar el juicio. Tercero, he explorado las consecuencias epistemológicas de la postura de Wittgenstein. Específicamente, he mostrado que las observaciones de Wittgenstein sobre el carácter inconcluyente de las razones y justificaciones morales no implican un compromiso con el relativismo moral. Finalmente, he mostrado como las observaciones de Wittgenstein pueden usarse en futuras investigaciones para desarrollar una nueva imagen de los desacuerdos morales profundos.


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Notas

1 Las obras de Wittgenstein se citarán mediante las abreviaturas proporcionadas en la sección ‘Referencias bibliográficas’. Las traducciones, tanto de los textos de Wittgenstein como los demás manuscritos citados, son realizadas por mí.

2 Véase Ranalli (2020) y Lavorerio (2021) para una descripción general de aquellas teorías de los desacuerdos profundos basadas en el concepto de ‘compromiso bisagra’ o ‘hinge commitments’.

3 Véase Lavorerio (2021, pp. 3-4) y Ranalli (2021, pp. 984-986) para una revisión detallada de la literatura existente.

4 Cabe notar que este ejemplo parece exhibir algunos de los propios de los desacuerdos morales profundos. Esto se debe a que no es únicamente un conflicto de opiniones, sino que también de cosmovisiones, de formas de vida.

5 Las observaciones posteriores de Wittgenstein sobre ética y estética generalmente van de la mano. Por tanto, aunque algunas de sus explicaciones se refieren a la belleza, también se pueden aplicar a la bondad y viceversa. Esto se debe a que “prácticamente todo lo que digo de ‘hermoso’ se aplica de una manera ligeramente diferente a ‘bueno’” (MWL, p. 339).

6 Hay dos aclaraciones importantes con respecto a la interpretación que voy a exponer aquí. Primero, esta interpretación no agota todo lo que Wittgenstein tiene que decir sobre el discurso moral y las atribuciones de valor moral. En otras palabras: no estoy defendiendo que Wittgenstein sea un expresivista moral global. La razón por la que voy a hablar principalmente sobre el expresivismo moral es porque la poca evidencia textual disponible sugiere que Wittgenstein simpatizaba con algunas de las afirmaciones de este programa filosófico. En segundo lugar, respaldaré una interpretación ‘vagamente’ expresivista porque, para Wittgenstein, los juicios morales no son semánticamente uniformes. No son casos límite de oraciones puramente expresivas y no descriptivas (ver Christensen 2011, pp. 807-808; De Mesel 2019; Fairhurst 2021).

7 Esta actividad moral irreductible precede a todas nuestras evaluaciones morales, no únicamente a los juicios morales expresivos.

8 Es importante remarcar que Wittgenstein no rechaza esta explicación científica porque sea totalmente falsa y presenta una imagen inadecuada de cómo es el mundo. Por el contrario, Wittgenstein concede que estas explicaciones científicas son correctas y pueden tener alguna utilidad. Sus observaciones únicamente tienen la intención de hacernos ver que una explicación científica acerca de la conexión causal entre valores morales y estados mentales no nos proporciona ninguna explicación ética acerca de por qué juzgamos algo como bueno o malo.

9 Además, el reduccionismo está basado en la idea problemática y demasiado simplista de que los valores morales tienen una identidad fija (véase Fairhurst 2021 para una explicación detallada).

10 Las descripciones que usamos como razones morales a favor de nuestros juicios siempre intervienen, de forma explícita o implícita, en nuestras evaluaciones morales. Tal y como se ha explicado en la sección 2, nuestras evaluaciones morales presuponen una actividad moral irreductible que selecciona las características de dicha acción que son moralmente relevantes para nuestra evaluación moral y descarta aquellas que son irrelevantes. Nuestras razones morales consisten principalmente en descripciones de estas características moralmente relevantes que son constitutivas de nuestra evaluación moral.

11 Provisionalmente haré uso de esta definición general del relativismo moral ya que nos permite introducir de forma más clara las ideas de Wittgenstein, dado que analiza ambas afirmaciones en su trabajo tardío. No obstante, como explicaré más adelante, existen otras formas de relativismo moral que no se comprometen con la segunda afirmación, dejando así abierta la posibilidad de que el pensamiento de Wittgenstein sea compatible con otras formas de relativismo moral.

12 En este artículo únicamente afirmo que la inexistencia de razones concluyentes es compatible con la idea de verdades objetivas. No obstante, me abstendré de ofrecer una interpretación positiva acerca del posicionamiento meta-ético de Wittgenstein debido a que considero que no hay suficiente evidencia textual para ofrecer afirmaciones concluyentes al respecto.

13 En ocasiones se ha argumentado que la existencia de desacuerdos irresolubles implica un rechazo del realismo y el objetivismo moral, y conlleva un compromiso con posturas como el relativismo. Es cierto que algunas posturas realistas y objetivistas, especialmente aquellas que son absolutistas, tienen dificultades para explicar la existencia de desacuerdos irresolubles. No obstante, existen versiones más relajadas de estas posturas que si parecen poder dar cuenta de estos peculiares desacuerdos (véase Hills 2013; Hu 2020; Harth 2020 para algunos ejemplos). Por tanto, que Wittgenstein admita la existencia de desacuerdos irresolubles no implica que se comprometa necesariamente con el relativismo moral. La irresolubilidad de los desacuerdos morales puede deberse a diversos factores epistémicos (p. ej., las particulades de los métodos para la justificación moral, la imparcialidad de los partícipes en el debate, etcétera) que no implican necesariamente un compromiso con el relativismo moral.

14 No obstante, esto no convertiría su desacuerdo en un desacuerdo profundo moral. En este caso la explicación podría ser la siguiente: la persona en cuestión es testaruda y estamos ante “un asunto que podría establecerse más allá de toda duda para, digamos, un espectador imparcial” (Fogelin 1985, p. 7). El problema de los desacuerdos profundos es que “las partes pueden ser imparciales, libres de prejuicios, consistentes, coherentes, precisas y rigurosas, y aun así estar en desacuerdo” (Fogelin 1985, p. 7). Por tanto, el carácter inconcluyente de las razones morales no es necesariamente un indicador de desacuerdo moral profundo.


Cómo citar:
Fairhurst Chilton, J. (2022). Wittgenstein y los desacuerdos morales: sobre la justificación moral y sus implicaciones para el relativismo moral. Cuadernos de Filosofía, 40, 21–46. https://doi.org/10.29393/CF40-2WDJF10002